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Akira se convirtió desde el momento de
su lanzamiento en un clásico de la animación y hoy día es indispensable para
cualquier amante de los cómics y la ciencia ficción. Desde entonces, su
director Katsuhiro Ôtomo no había hecho nada en el mundo de la animación al
margen de una de las tres historias de Memories y algún guión
puntual. Por eso su siguiente película se esperaba como agua de Mayo, más
aún teniendo en cuenta que era la más cara de la historia de la animación
japonesa y que llevó unos diez años de trabajo.
Steamboy está ambientada en la
Inglaterra de finales del XIX y tiene como protagonista a Ray Steam, hijo y
nieto de dos afamados y vanguardistas inventores, una dedicación que va en
sus venas. Tanto su padre como su abuelo han encontrado una fuente de
energía inmensa, un tipo de agua que al vaporizarse es capaz de mover lo que
sea, pero que también es altamente inestable y peligrosa. Tras un terrible
accidente el abuelo hace llegar a Ray unos planos y un extraño recipiente
metálico con órdenes de no dárselo a nadie. Nada más recibir el paquete
aparecen en su puerta dos miembros de la fundación Ohara dispuestos a
arrebatárselo. Así comienza una película esencialmente de aventuras donde
Ray deberá discernir sobre quien puede o no confiar y donde deberá proteger
a cualquier precio el preciado artilugio.
Técnicamente la película es impecable,
haciendo una mezcla de animación tradicional y digital perfectamente
hilvanada, se nota que el presupuesto ha cundido. La ambientación también es
excepcional reproduciendo al milímetro ciudades como Manchester y Londres.
Así que a la película no se le puede echar ninguna cosa en cara a ese
respecto. En lo que a imaginación se refiere también la peli es desbordante
y siempre avanza hacia un "y aún no habéis visto nada" que te mantiene
siempre atento.
El punto flaco de la peli es que se hace
larga. Dura algo más de dos horas que se hacen pesaditas. El problema puede
que sea la parte central de la película, donde disminuye drásticamente la
acción sin que esta sea sustituida por ninguna clase de trama realmente
interesante y donde casi el único escenario son las inmensas tripas y
maquinaria de la Torre Steam, una monstruosa construcción que da el colofón
final a la película.
También hay una crítica clara al uso de la
ciencia como aplicación militar a la que se le da bombo durante toda la
segunda mitad, aunque de forma bastante esquemática (la guerra es mala),
posiblemente porque la película pretende gustar también a un público más
infantil, algo que claramente no ocurría en Akira, mucho más intensa,
densa y cruda que Steamboy. Como ya he dicho es principalmente una
película de aventuras.
La impresión final es buena aunque desde
luego había demasiadas expectativas puestas en esta película técnicamente
impecable pero algo simple y aburrida a ratos. Aún así merece la pena ir a
verla para ver, como decía alguien a la salida, que la animación tradicional
no está acabada en absoluto.
Nota:
 
6
Javier Ruiz de Arcaute. |