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Closer
es un apreciado retorno del histórico Mike Nichols (El Graduado,
Conocimiento Carnal) al terreno que mejor conoce: el de las relaciones
de pareja. Tras telefilms como Wit o la monumental miniserie de la
HBO Ángeles en America, el director nacido en Berlín se atreve con
este film a primera vista fácil de clasificar como drama romántico, pero que
al final termina dando mucho más de lo que te promete.
Larry,
Anna, Dan y Alice (vi esta peli hace cuatro días y uno se sigue acordando de
los nombres de los personajes, lo que es una buena señal) son cuatro
personajes en busca de amor y felicidad. Larry (Clive Owen, motor de la
película) es un dermatólogo que entiende las relaciones entre hombre y mujer
de una forma animal y salvaje, sin espacio para el raciocinio y con un único
objetivo: masacrar a su oponente. Alice (Natalie Portman, sigue sin
convencer, pero va mejorando) es una joven bailarina de striptease que es
muy buena a la hora de interpretar su papel en la barra americana, pero un
completo desastre cuando quiere ser ella misma. Anna (Julia Roberts,
ligernamente sonámbula) es una fotógrafa norteamericana que pasa por sus
relaciones como rozándolas para intentar sufrir lo menos posible. Y Dan (Jude
Law, con el papel más desagradecido de todos, pero a la altura de las
circunstancias) es un periodista niñato, un egoísta que intenta ser muy
malo, pero es muy malo cuando intenta serlo.
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Larry y Alice, dos corazones rotos.
Las
vidas y las relaciones de estos cuatro personajes se cruzan y se separan en
múltiples escenas entre las cuales pueden pasar seis meses, tres días, o un
año. Es el primer paso al mundo en el que nos introduce Closer: un
mundo donde el paso del tiempo no significa nada en las relaciones de
pareja. La espléndida adaptación de la obra de Patrick Marber es un juego de
espejos donde una escena puede ser cortada a la mitad para que otros
personajes, en la siguiente, terminen de contárnosla. Conforme avanza la
película, se desarrolla un extraño suspense en el que la clave es dar con
“quién se ha acostado con quién y cuando lo ha hecho”. Según vamos viendo
como se perfilan los acontecimientos, Closer asciende a la categoría
(imprecisa, por otro lado) de “thriller emocional”.
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Dan y Anna, almas perdidas en busca de amor.
Closer,
sin embargo,
rompe una regla básica del cine: crear personajes con los que al menos el
espectador pueda identificarse o, como mínimo, comprenderles. Pero Closer
no funciona así: todos ellos nos producen repugnancia, un puñado de
subdesarrollados emocionales incapaces de querer a la persona que les ama y,
aún más allá, capaces de hacerla daño sin tener en cuenta lo que sienten por
ellos. Incapaz de controlar su furia, Larry machacará verbalmente a Anna
tras descubrir que se ha acostado con Dan, al que en principio no amaba,
sino aborrecía. Dan tiene el amor y el cariño de Alice, pero se librará de
ella como quien se quita un chicle del zapato cuando descubre que ser feliz
es una sensación para la que él no esta preparado. Según avanza el metraje,
el caos y la desesperación aumenta, el amor desaparece y sólo queda un
extraño juego psicológico en el que cada uno intentará salvar el barco como
puede, caigan quienes caigan en el camino.
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Natalie Portman, enamorando a la cámara.
La
elegante puesta en escena de Nichols contrasta con el guión de Marber, en el
que los tacos y las guarradas se suceden a la velocidad del sonido, con el
inevitable placer que provoca ver a actores famosos escuchar frases como “¿A
qué sabe su semen?”. Nichols pide al cuarteto cosas muy difíciles y enseñar
sentimientos complicados, pero todos ellos responden, en mayor o menor
medida, de una forma realmente notable. Closer no es que llegue a los
extremos de Happiness, pero sorprende ver un producto de estas
características que llegue de Hollywood, un film tan enfocado en la crueldad
y el sadismo en la pareja. Por desgracia, esta condición suele jugar en su
contra: difícilmente podremos ver una película tan fría como Closer
en la que sus personajes son incapaces de querer pero muy capaces de odiar y
hacer daño. El espectador se queda separado de lo que se le cuenta por esa
avalancha de mal rollo que destila cada escena. Pero Nichols y Marber nunca
pensaron en ilustrarnos acerca de la felicidad de dos personas (esa
felicidad que se supone que está ahí, pero que nunca vemos en pantalla), ni
hacer un retrato fiel de las relaciones humanas: sólo querían darnos a
entender de qué es capaz un individuo en estos días cuando se siente herido
de una forma tan íntima. Y creo que lo han conseguido.
LO
MEJOR:
- El
novedoso giro del planteamiento, la puesta en escena de Nichols, sobria y
segura; y la fuerza de la interpretación de Owen (la escena de chat entre
Owen y Law es impagable).
- Natalie
Portman crece como actriz y como persona.
LO
PEOR:
-
El espectador no se ve
reflejado en la pantalla: sólo ve a cuatro tipos empeñados en destrozarse la
vida. De esta forma, la importancia que le concedemos a lo que nos cuenta
depende, en gran medida, de las ganas de sufrir que tengamos nosotros al
entrar en la sala. Closer es más fría que el sobaco de un pingüino,
para que nos aclaremos.
Nota:
  
7,5
Rafael Martín. |