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Los occidentales ya estamos empezando a
acostumbrarnos al cine oriental y a la cultura tradicional del continente
asiático. Lo que hace unos años sólo era plato de frikis y obsesos de las
artes marciales se ha convertido en algo normal y a menudo de alta calidad.
No es que antes no lo fuese, como en todas partes había de todo, pero es que
desde que este cine lo dirige gente como Ang Lee o Zhang Yimou hordas de
gafapastas glorifican estas superproducciones.
Tras Hero y su excelente acogida, Zhang Yimou
repite trasladando las historias épicas de la china antigua a la gran
pantalla. Por las películas que han hecho popular este género en occidente
se puede deducir que son historias románticas de final trágico donde los
distintos personajes miden sus habilidades en la lucha teniendo el honor por
bandera. Casi siempre la lucho suele ser algo más que una pelea de gallos,
es algo espiritual, todo ese rollo de conócete a ti mismo y parte troncos
con la cara (es coña).
En este caso la historia que se nos presenta
vuelve a ser una de esas tramas donde nadie es lo que parece y donde al
final todo se convierte en una cuestión de amor y celos. Hay una sociedad
secreta, La Casa de las Dagas Voladoras, que es perseguida por el gobierno
porque roba a los ricos para ayudar a los pobres. Dos capitanes del ejército
han recibido la noticia de que hay un plazo de diez días para capturar al
nuevo jefe de esa hermandad. La pista principal es una nueva bailarina ciega
que podría ser la hija del anterior líder. Así que trazan un plan para
desenmascararla y obtener información. A partir de aquí es mejor no contar
nada más.
Zhang Yimou vuelve a hacer una película
visualmente muy poderosa, incluso superior a la anterior, Hero, ya que a
parte de seguir teniendo una fotografía impresionante y resaltar los colores
de forma que sean un protagonista más, consigue que los efectos digitales
sean realmente bellos y no cantosetes como en Hero. Hay un trabajo de cámara
genial en escenas en las que los protagonistas corren por el bosque estando
ellos fijos en el objetivo mientras lo que se desplaza es el fondo.
De todas formas la película tiene la misma
pega, no diría fallo, y es que es lenta. Va con el tipo de historia y con
ese halo poético que envuelve toda la película, pero para alguien impaciente
que vaya sólo por las escenas de lucha puede resultar muy aburrida. El
primer tercio es el único que no resulta pesado, a partir de ahí se
ralentiza la película.
Esa sensación de lentitud viene aumentada por
los escasos personajes, tres principales y uno secundario (el resto sólo son
los cuatro guerreros de la pelea de turno), y por unos diálogos breves y
contados.
Los actores están muy bien. Zhang Ziyi es ya
conocida por todo aficionado a estas películas y como de costumbre cumple
muy bien con su papel mezcla de "soy frágil" y "que te curto el lomo".
Takeshi Kaneshiro es un actor japonés al que algunos puede que hayáis visto
en The Returner, una película de ciencia ficción bastante curiosa. Para mí
es el protagonista real ya que es el único que no tiene engañado al
espectador y todos los giros de la historia le pillan tan desprevenido como
a nosotros. Andy Lau es el tercero en discordia, un tipo algo más seco que
los anteriores, también por tener un personaje más rudo y malencarado.
Es una película que gustará a todo el mundo
pero no creo que todos la soporten con el mismo ánimo. También es posible
que en ocasiones de la sensación de que la trama es demasiado complicada, no
porque no se entienda, sino porque son demasiadas cosas las que cambian a lo
largo de la película. Quien disfrutase con Tigre y Dragón o Hero
tiene aquí una buena película con la que satisfacer adrenalina y
gafapastismo a partes iguales.
Nota:
  
8
Javier Ruiz de Arcaute.
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