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KINSEY

Direción: Bill Condon

Guión: Bill Condon

Reparto: Liam Neeson, Laura Linney, Peter Sarsgaard, Chris O’Donnell, John Lithgow, Timothy Hutton, William Sadler, Lynn Redgrave, Tim Curry, Oliver Platt

Productores: Gail Mutrux

Productores ejecutivos: Francis Ford Coppola, Kirk D'Amico, Michael Cuhn, Bobby Rock

Productora: Qwerty Films, American Zoetrope, N1 European Film Produktions, Pretty Pictures

Distribución: Filmax

Kinsey será recordada por unos pocos como la gran derrotada de los Oscar. No hablaremos de Descubriendo Nuca Jamás porque, qué demonios, al menos recibió un porrón de nominaciones y se llevó un muñeco a la mejor banda sonora. Pero es una pena que el film de Bill Condon no haya tenido más peso en la gala, pues es un film concebido para arrasar en los certámenes: posee estupendas interpretaciones, férreo guión, poderosa dirección y unos vibrantes sesenta minutos iniciales. El problema es que no se sostiene. Metáfora sexual aparte, porque no es mi intención.

Alfred Kinsey (Liam Neeson) es considerado unánimemente como un visionario en el terreno del estudio de las relaciones sexuales. A principios los años 40, el sexo es el tabú definitivo: algo que sucede de puertas adentro en una habitación entre un hombre y una mujer, él encima y ella debajo. Por supuesto, se vive en una sociedad en la que el sexo oral no se contempla, y en lo que se refiere a las relaciones homosexuales o lésbicas, a éstas se las trata como ardides del Diablo. El Profesor Kinsey dará a partir de 1948 un giro espectacular a esa tendencia con la publicación de “Comportamiento Sexual en el Hombre” seguido de otro tratado, titulado “El Comportamiento sexual en la Mujer”, de 1953. Ambas obras desataron un gran escándalo por lo polémico del tema abordado y su metodología poco ortodoxa. Aún así abrieron el camino a posteriores estudios sobre la sexualidad humana realizados en condiciones de laboratorio y a una visión más realista de la conducta sexual. El impacto del trabajo de Kinsey sobre su familia, su vida, sus amigos y sus costumbres es la historia que nos cuenta el film.

Alfred Kinsey (Liam Neeson) y su mujer, Mac (Laura Linney) disfrutarían mucho juntos...

A un nivel puramente divulgativo, o sea, cuando se nos relata el proceso por el que Kinsey va evolucionando en sus teorías, la película es sorprende y agrada por la fluidez de la narración y por la honestidad con la que Condon trata a sus personajes, a los que ni juzga ni cuestiona moralmente, con un punto de vista abierto y completamente natural. Es decir, ofendernos o no por su conducta es algo que nos corresponde exclusivamente a nosotros. La historia se sigue con interés y durante los primeros sesenta minutos se nos presentan las situaciones más interesantes, como podemos ver en la divertidísima secuencia de las encuestas, la hilarante escena de la visita de Kinsey y su mujer (Laura Linney) al ginecólogo (no puede hacer el amor con ella por el tamaño de su soldadito) y la complicada relación del profesor con su padre, interpretado por un fenomenal John Lithgow, el inolvidable Eric Qualen de Máximo Riesgo. Además, durante toda la película permanece la presencia de ese impecable actor que es Peter Sarsgaard (El Precio De La Verdad) que haga lo que haga, afronta el papel con naturalidad, como si la cosa, en apariencia, no fuera con él. Insisto, este señor promete grandes cosas.

...si no hubiera un "pequeño" problema de tamaño.

La segunda mitad, sin embargo, tiende hacia lo tópico y rutinario en el momento en el que nos centramos en la vida del personaje, un ser al que intentan presentar como un tipo más complejo de lo que en realidad aparenta porque, al fin y al cabo, es un científico. Lo peor, sin embargo, comienza con el momento en el que la película comienza a abordar el tema de los sentimientos: todo aquello que acompaña al sexo, en mayor o menor medida, digan lo que digan. En el momento en el que Kinsey acepta que esa “liberación” que propone en las relaciones penetre en su propio hogar, las cosas se tuercen muchísimo. Y no sólo se complican los personajes: se complica el director, que te mete cinco o seis personajes secundarios que no pintan nada, y que son perjudiciales para el ritmo de la historia (ver, por ejemplo, a Chris O’Donnell o Timothy Hutton, tremendamente desaprovechados). Además, cae en el tópico del “científico loco”: Kinsey se enfrenta a la marginación que le impone la sociedad por lo atrevido de sus teorías. Lo que sigue después ya lo hemos visto: “¡Tengo razón!” “¡Nadie me comprende!” “¡Lucharé hasta el final por mis ideas!”, y bla, bla, bla... En esta segunda mitad, sólo destaca la presencia de un desquiciante William Sadler (el Coronel Stuart, el malo de La Jungla 2) como Kenneth Braun, un individuo cuyo curriculum sexual convierte a Nacho Vidal en un triste amateur. Para muestra un botón: Braun afirma haber copulado con 22 especies diferentes. Una máquina.

El equipo de investigación de Kinsey, tres parejas de camino a Sodoma y Gomorra.

De todas formas, un film nada desdeñable, pero con muchos fallos que lo hacen cojear. El mejor gancho, y mi principal recomendación para ir a verla, son las interpretaciones de la pareja protagonista: Liam Neeson y Laura Linney, espléndidos en cada una de sus escenas. Ojalá Bill Condon, que ya nos gustó mucho con su anterior film Dioses y Monstruos, hubiera mantenido un pulso más firme a lo largo de la segunda mitad de una película que empieza de forma muy interesante pero que termina siendo rutinaria, aburrida y predecible. En eso, sí que se parece a muchas relaciones.

LO MEJOR:

- La pareja protagonista y la primera hora del film, que nos narra la infancia de Kinsey y el proceso de creación de su obra magna.

- La manera en la que Condon afronta un tema que podría haber escandalizado a algunas “mentes sensibles”.

- La banda sonora, cortesía de Carter Burwell (Fargo).

- EL REPARTAZO: Además de los mencionados, nos dejamos en el tintero a Oliver Platt, Tim Curry, Dylan Baker, Harley Cross, Verónica Cartwright y un cameo final de Lynn Redgrave, a la que vimos en la anterior obra del director.

LO PEOR:

- Los últimos sesenta minutos, carentes de fuerza, ritmo y garra.

- No pasaría gran cosa si a Chris O’Donnell y a Timothy Hutton les sustituyeran dos maniquíes.

Nota:   6,5

Rafael Martín.

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