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Con el paso del
tiempo, mi teoría particular de que Robert De Niro se está convirtiendo en
la Jaime Lee Curtis del siglo XXI se refuerza más y más. Éste es el segundo
año consecutivo en el que podemos disfrutar del antaño glorioso actor en un
papel que podría definirse como “tenebroso” y “de mirada aviesa”. El
Enviado, su anterior filme de estas características, era infumable,
estúpido y aburrido como una carrera de caracoles. Para todos los
aficionados al cine de terror, lamento anunciar que El Escondite es
un película un pelín mejor, pero ni aun así aprueba.
Para empezar porque
es muy difícil sacar petróleo de semejante historia: David Callaway (Robert
De Niro), es un psicólogo viudo que se lleva a su hija Emily (Dakota Fanning)
a una apartada casa en el campo para intentar superar el suicidio de su
madre (Amy Irving). Hay un problema y es que Emily, para sobrellevar la
tragedia, se ha inventado un amigo imaginario llamado Charlie. En principio
considerado como un efecto secundario inofensivo creado por la mente de la
niña, una serie de acontecimientos (o sea, de muertes) empiezan a llevar al
buen doctor a creer que posiblemente Charlie existe, que es real, y que
quiere acabar con la familia entera. ¿Por qué no podemos sacar petróleo?
Porque con sólo cuatro personajes importantes y una casa en las afueras,
mucho Robert Wise (The Haunting) debes ser si quieres sacar partido a
una historia cuyos dos primeros tercios son predecibles hasta la
exageración: esos primeros 70 minutos con De Niro poniendo cara de “no
entiendo” y reaccionando como un pardillo a todo lo que sucede a su
alrededor.
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Emily (Dakota Fanning), una niña con un
amiguito muy peligroso. No nos referimos a Michael Jackson.
No voy a volver a
insistir en el hecho de que De Niro lleva cinematográficamente muerto casi
una década (desde Ronin), así que me centraré en el guión: Ari
Schlossberg ha parido un libreto tan infumable como su apellido, un megamix
de un millón de películas de terror antes vistas (y que no citaré aquí para
no desvelar la sorpresa). Porque, claro está, hay sorpresa. El giro final de
rigor que se encuentra en todas, pero absolutamente TODAS las películas de
terror recientes está aquí presente. Encima, ese golpe de efecto se ve venir
de lejos: si alguien mantiene el interés los primeros veinte minutos, cosa
muy difícil porque no ocurre nada especialmente interesante, lo descubrirá
sin problemas (una pista: tetera). Si hay algo bueno que se pueda decir es
que sucede a media hora del final, y es que si hay algo que odio es ese giro
inesperado en los últimos diez segundos de película. Te meten el palo, el
film se acaba y te quedas pensando "bueno, ¿y qué?". Aquí, John Polson, el
director, tiene cierto espacio para manejar un tercer acto lleno de suspense
que no muy bueno, eso sí, pero es suspense al fin y al cabo. Se agradece de
todas formas.
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David Calloway (De Niro) está a punto de
descubrir algo muy interesante en su bañera...
Pero esto no
compensa. No compensa una dirección rutinaria ni unos secundarios sin
relieve (Elisabeth Shue y Famke Janssen, inexistentes). La gran baza de la
película hubiera sido la interpretación de Dakota Fanning, esa jovencísima
actriz que cumple bajo todas las circunstancias que se le piden a un actor
de su edad en películas como ésta (principalmente causar pena en el público
y dar un ambiente perturbador a la trama haciendo de "niña rara"). Sin
embargo, como la película no aborda el tema como debería, es decir
centrándose en la pesadilla que es el trauma infantil y que tanto buen juego
ha dado en el cine, su personaje se hunde a plomo. Una nueva decepción en el
género del terror, algo que no debería reducirse a una mera sucesión de
sustos y mascotas muertas, y una nueva prueba de que De Niro debería dejarse
de Fockers y empezar a arriesgar como hace su colega, el Tito Pacino. El
Escondite no es un completo fracaso, pero es lo mismo de siempre.
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Katherine (Famke Janssen) bajo el agua, en el
"sorprendente" clímax final.
LO MEJOR:
- Los
últimos treinta minutos, cuando el film enseña sus cartas y se mueve
definitivamente en el terreno del suspense, impulsado por la banda sonora de
John Ottman (Sospechosos Habituales), por encima de lo habitual,
sobre todo en los tiempos rápidos.
LO PEOR:
- Lo
de siempre: predecible, rutinaria, sin emoción alguna, y aburrida. En dos
palabras, De Niro.
Nota:
 4
Rafael Martín.
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