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Hay algunas personas que me han reprochado en alguna ocasión haberles
recomendado alguna película lenta. Por lenta se referían a cosas como
Master & Commander o Hero. Pues bien, ninguno de ellos sabrá lo
que es la lentitud en el cine hasta que vean una peli de Theo Angelopoulos.
Yo, hasta ahora, era de los que conocían al director de oídas, porque es
de esos que cada vez que sacan peli suelen estar en al menos uno o dos
festivales importantes. No había visto nada suyo y antes de ir a ver la
peli eché un vistazo en IMDb para ver
que tal valoración tenían sus películas. En la mayoría de los casos la
nota era bastante buena y en el caso de Eleni mejor que la mayoría.
Así que me había hecho a la idea de ver una buena película de un director
de cierto renombre. Que equivocado estaba.
Nada más entrar en la sala ya oigo comentarios del tipo "a ver si no me
duermo", "a lo mejor la peli tiene más de 5 planos" o "dura casi tres
horas". Empieza la proyección y a los dos minutos ya estoy subiéndome por
las paredes, plano fijo y un grupo de personas con maletas acercándose a
la orilla de un río mientras el narrador nos introduce en la historia de
Eleni, una niña recién acogida por otra familia a través de la cual
veremos la evolución de Grecia desde 1919 hasta 1946. Pensé que era uno de
esos planos de artista simplemente para la introducción, pero no, toda la
película es así, una sucesión de larguísimos planos fijos, insufribles
zooms a velocidad de caracol y lentas panorámicas en las que a penas pasa
nada interesante.
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Un vertiginoso plano fijo.
La historia podría resultar interesante, repasar más o menos el segundo
cuarto del siglo XX viendo como transcurre en ese periodo la vida de una
mujer que huye con el hijo de su familia de acogida cuando el padre de
ésta queda viudo y decide casarse con ella. A partir de ahí su vida es una
sucesión de penurias en la que intentará recuperar a sus dos hijos gemelos
dados en adopción en su adolescencia, mientras, su pareja trata de salir
adelante como acordeonista junto a otros músicos. Todo esto empeora según
avanza la película y llegan el fascismo y la guerra a Grecia.
Sin duda es una historia triste y que al espectador debería, cuanto menos,
preocuparle mínimamente, pero la escasez de diálogos y la forma en la que
todo está rodado, hacen que uno piense más en que postura tomar en la
butaca que en lo mal que lo pasan los protagonistas. Planos lentísimos,
como ya he dicho, casi siempre lejanos, nada de detalles, gestos o
primeros planos, que son los que realmente transmiten algo y que, aunque
subjetivos, se acercan mucho más a la percepción que tenemos de las cosas
que mirar desde 50 metros como una persona se echa al suelo a llorar
(plano que se repite innumerables veces y eso que no habrá más de 50 o 60
planos en toda la peli).
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Lo mejor de la peli, un árbol con ovejas.
Angelopoulos no puede ser más insípido y, menos invertir el desarrollo
temporal, el resto parece hecho al revés. Elude las partes más importantes
de la peli (y que ningún cultureta me venga con el recurso de la elipsis o
algo así), los personajes más importantes no tienen trascendencia (a parte
de la protagonista), todo es insufriblemente lento, insulso y para colmo
la cosa se alarga hasta las tres horas (que parecen 8).
Hay puntos positivos como la ambientación y el trabajo de los actores en
general, que tampoco es que sea memorable (posiblemente porque cada vez
que hacen algo relevante la cámara está en casacachán).
No entiendo como una película de este tipo puede ser tan bien valorada
porque se salta la regla básica del cine, que pese a quien pese, no es
concienciar, enseñar o hacer reflexionar (eso se inventó después), sino
entretener. Esta película no es lenta, es una tortura china. Así que no,
no entretiene una leche, y como uno se desespera, pierde la atención y al
final, si consigues concienciarte, aprender o reflexionar sobre algo es
sobre si los demás están tan aburridos como tú, sobre si levantarte o
quedarte hasta el final, sobre si tendrás marcada la tapicería de la
butaca en el culo o sobre si eso que hay en el suelo es un chicle o un
papel.
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Los protagonistas, no muy cerca de la cámara,
no vaya a ser que nos emocionemos.
No es lo peor pero si lo más insoportable, aburrido y desesperante que he
visto en mi vida. Un ejercicio de masoquismo. Prefiero mil veces una
sesión doble de A Todo Gas y A Todo Gas 2 (que al menos si
entretienen) que volver a ver esta película. El que diga que se lo ha
pasado bien miente como un bellaco.
Y luego la gente se pregunta que por qué el cine europeo no tiene el éxito
del americano. Que vean esto y lo comprenderán.
P.D.: Y sólo es la primera parte de una trilogía. Échale huevos.
Nota:
2
Javier Ruiz de
Arcaute. |