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Tiene esta Be Cool curiosas similitudes con su antecesora Cómo
Conquistar Hollywood estrenada hace diez años y a la que ahora le ha
salido una hermanita en forma de secuela. El responsable de ambas viene a
ser la pluma del escritor Elmore Leonard que con las dos novelas que han
sido adaptadas para sendos filmes, ha conseguido hacer un repaso de los
entresijos del Hollywood que nunca conoceremos desde una visión ácida.
Desde luego que a ambas películas les falta un poco más de mordiente y
acidez en momentos determinados pero no hay que negarle que el punto de
partida es original cuando menos. A partir de ahí, la secuela se separa de
su predecesora. Y lo hace porque donde había originalidad en la primera,
ahora sólo hay repetición. En aquella, Chili Palmer (John Travolta) era un
gangster dispuesto a reformarse por la pasta, y la meca del cine sería el
único sitio de la tierra donde lo lograría. Ahora, con Cadillac incluido,
quiere pasarse a la industria musical.
Y en ese salto es donde pierde, porque Travolta sigue siendo el mismo
Chili Palmer que en la anterior. Su interpretación es correcta, ni
sorprende ni cansa. Nadie como él para lucir un traje de mafioso en el que
caben retales de su Vincent Vega en Pulp Fiction (repitiendo baile
con Uma Thurman, pero sin la fuerza de los diálogos) y de Steven Seagal en
plan tranquilo hasta en las situaciones más extremas (pero sin mamporrazos
al final).
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No, no bailan reggaeton. Tienen más clase.
Travolta reconoce el talento de una joven chica que canta en un grupo
femenino (Christina Milian) y que está esclavizada por los jefes de su
compañía discográfica, excelentes Vince Vaughn y Harvey Keitel. Al mismo
tiempo, tiene que sacarle las castañas del fuego a la viuda de su mejor
amigo al que la mafia rusa acaba de liquidar, y a la que un productor
musical (Cedric the Entertainer) rodeado de raperos matones reclama las
deudas de su marido.
La situación no puede ser más crítica y más enrevesada ya que los
intereses de todos terminaran por cruzarse, recordando el estilo de la
magnífica Snatch, Cerdos y Diamantes firmada por Guy Ritchie, pero
con mucha menos calidad. En Be Cool, su director, F. Gary Gray, (El
Negociador) apuesta por el tono cómico y sólo lo consigue cuando los
personajes enchichados (raperos con pistolas, mafiosos rusos,
guardaespaldas cuadrados) se salen de su papel habitual (no saben manejar
armas, dan más pena que miedo, o tienen una clara tendencia homosexual).
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The Rock, dispuesto a ser el nuevo Garth
Brooks.
Aspectos positivos hay muchos, por ejemplo una primera media hora en la
que la banda sonora es estupenda y que se rompe por el inicio de las
escenas musicales para lanzar a la joven artista, y que al mismo tiempo
paraliza el ritmo fluido de la narración que hace que las dos horas de
duración no se hagan demasiado largas. La realización y el guión responden
al nivel de la película, con algunos planos muy “tarantinianos”, y con
algunas perlas como “la música de Jennifer López está tan retocada que
hasta yo podría sonar como ella”.
Be Cool es, en definitiva, una comedia sin más pretensiones que la
de entretener. A los aficionados a la música norteamericana contemporánea
les agradará ver desenvolverse en la gran pantalla a Steven Tyler (Aerosmith),
Christina Milian (es-pec-ta-cu-lar), André 3000 (Outkast) o Black Eyed
Peas. Hacer reír es difícil, y aquí algunas escenas lo consiguen, que no
es poco.
Nota:
 
6
Juan Ignacio Herrero Vicente (colaborador).
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