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William (Tim Robbins) viaja a Shangai para investigar la emisión de
seguros falsos en la compañía Esfinge. Allí conocerá a María (Samantha
Morton), una atractiva trabajadora con la que entablará una extraña
relación en la que ambos intentarán escapar de las ataduras del futurista
y controlador mundo en el que viven.
Todos sabemos que Winterbottom suele ser bastante cultureta pero en este
caso deja un poco de lado ese estilo que le caracteriza para adentrarse en
una trama futurista. Ésta a su vez puede resultar bastante creíble, es
decir, que el mundo que plantea podría ser bastante parecido a nuestro
mundo futuro, dominado por grandes empresas privadas y en el que el
ciudadano de a pie cada vez tiene menos libertad para tomar sus
decisiones.
La primera parte de la película me pareció tremenda, adornada con una
fotografía espectacular y una banda sonora impresionante, un conjunto que
hace que el público experimente agradables sensaciones. A todo esto hay
que añadir el papelón de Samantha Morton que al principio se nos presenta
como un personaje enigmático pero muy atractivo, además la intensidad en
su interpretación no disminuirá en toda la película. Borda el papel, que
como en Minority Report vuelve a estar inmerso en una trama futurista,
aunque en esta ocasión su peso es mucho mayor.
La película a pesar de no ser tan gafapasta como las anteriores de
Winterbottom, tiene ciertos rasgos culturetillas porque plantea muy buenas
e interesantes ideas pero un tanto difusas ya que no acaba de
concretarlas. Por ejemplo el tema los virus o la trama relacionada con la
genética, que es la que da nombre a la película. Este estilo me gusta
mucho porque no trata al espectador como si fuera tonto dándole las cosas
masticadas, sino que le permite hacer sus propias cábalas y desarrollar
mediante su imaginación las ideas planteadas buscando soluciones lógicas.
El problema es que hay aspectos en los que la explicación que da es tan
mínima que las cosas quedan un poco sueltas o cogidas con pinzas. Esto
ocurre sobre todo en la segunda mitad de la película donde la historia se
enrevesa más y surgen algunas dudas.
Por su parte Tim Robbins ofrece la interpretación más seria e inquietante
que jamás le haya visto, estamos acostumbrados a verle en papeles de
hombre frágil, más tierno que el día de la madre (menos en Alta Fidelidad
donde interpretaba al genial Ian). Esta vez, además de ser el
protagonista, su papel tiene mucha más fuerza y él sabe estar a la altura.
Además esta película es de ésas que dependen mucho de la interpretación de
los actores y la verdad es que los dos están francamente geniales.
No se cómo traducirán la película, yo la vi en versión original y me
resulto curioso porque hay una mezcla de distintos idiomas. Hablan
principalmente en inglés pero introducen palabras en francés, español e
italiano, supongo que la idea de Winterbottom es una especie de idioma del
futuro mezcla de todos los actuales (ahí le salió la vena cultureta).
Toda esta mezcla de ideas futuristas me parece muy
refrescante ya que no es la típica visión del futuro que nos han mostrado
en las películas hasta ahora. A mucha gente le parecerá una película
extraña pero yo salí muy contento y con la sensación de haber visto una
película cercana y plausible, no creo que deje indiferente a nadie. Estoy
deseando verla por segunda vez.
Nota:
  
7,5
Daniel Rayado.
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