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Ridley Scott le ha cogido el gustillo a esto del cine histórico-épico.
Hizo la estupenda Gladiator, ahora nos trae El Reino del Cielo
y aún le queda Trípoli.
El Reino del Cielo nos sitúa en el siglo XII, donde Balian (Orlando
Bloom), un jóven herrero cuya mujer he hijo han fallecido, recibe la
visita de su desconocido padre (Liam Neeson), un cruzado que vuelve a
Jerusalén, donde sirve a un rey enfermo (Edward Norton) que mantiene la
paz a pesar de que muchos intentan enfrentarse con los musulmanes. Balian
decidirá partir con él y heredará su título cuando tras una pelea el padre
es herido de muerte.
La película guarda muchos parecidos con Gladiator: Tenemos un héroe
noble y que ha perdido a su familia, que busca la redención para él y los
suyos; tenemos un rey en las últimas, que busca la paz a pesar de sus
muchos detractores; tenemos al heredero tirano que sólo busca poder; y
también tenemos a la joven, bella y desdichada mujer del tirano que poco
puede hacer. La diferencia entre las dos películas radica en que en la
primera las batallas sucedían dentro de un circo y ahora son en torno a
una ciudad.
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"A ver como está la cosa."
Scott tiene un gran talento visual, siempre lo ha demostrado y esta vez no
es una excepción. Lo mejor de la película es precisamente su estética y su
fotografía. Pero claro, eso no saca adelante una película que es un "más
de lo mismo" en una época en la que el cine épico vive un gran momento. No
es que sea una mala película, pero tampoco tiene ningún atractivo
especial. No aburre, pero tampoco entretiene demasiado. Las imágenes son
bonitas pero no sobrecogen en ningún momento, y las batallas, son
espectaculares pero son lo mismo que hemos visto en El Señor de los
Anillos, Troya o Alejandro Magno. Quizás es difícil
innovar en este tipo de películas pero lo cierto es que al igual que
sucede con el cine de terror oriental, todo se repite demasiado y lo que
al principio sorprendía ahora causa indiferencia, que a veces es incluso
peor (de cara al entretenimiento) que ver una película mala (El Rey
Arturo por ejemplo) con la que al menos te puedes reír.
Los actores tampoco destacan en la película. No están mal, pero unos
diálogos demasiado idealizados y cuadriculados, donde una de cada tres
frases pretende quedar grabada a fuego en la memoria, hacen que todos
tengan esa pose de "noble hombre espiritual" que resulta totalmente
insípida. Lo mejor que se puede decir de Orlando Bloom es que es guapo,
porque parece que es para lo que está en la peli. No es mal actor pero su
falta de carisma es bastante considerable y la forma de actuar de su
personaje a menudo es contradictoria (por no decir estúpida cuando la
salvación de Jerusalén está en su mano). El resto de "los buenos" son el
típico personaje simpático y caballeroso y sólo destaca algo Jeremy Irons
(pobre hombre, hay que darle una palmadita con la racha que lleva) que
tiene un papel con más personalidad. Así que al final los que más lucen
son siempre los malos. Brendan Gleeson es un descojone en un par de
escenas en las que hace perfectamente su papel de "me paso todo por el
forro, yo quiero curtir lomos", lo que no le libra de su frase
trascendental cuando cumple con su cometido. Eva Green, que demostró su
talento en la cultureta y extraña Soñadores, está aquí para hacer
bonito, su papel se podría haber cortado por completo porque realmente
está para ser la chica escandalosamente guapa (que lo es) que engatusa al
héroe, sólo que cuando consuma el engatusamiento coge Ridley Scott y mete
tijera, algo que resulta descarado porque hasta el tema musical que suena
en ese momento baja de volumen bruscamente porque pasamos de un comienzo
de escena de cama a otra con unos cuantos tipos a caballo.
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"Me estás poniendo bruto."
Como ya he dicho técnicamente la película está muy bien. Una fotografía
genial aunque quizás demasiado preciosista, como de cuento de hadas, para
una historia que pretende tener cierto punto de realidad. Los efectos
especiales son muy buenos porque no se notan, pero es cierto que Ridley
Scott a veces exagera un poco las proporciones en favor de la
espectacularidad (los cientos de buitres que se ven en alguna escena, las
catapultas que parecen misiles y cosas así) por lo que se le puede
perdonar, igual que en Gladiator.
Al final yo me he quedado tal y como he entrado a la sala. Es cierto que
no tenía demasiado interés en la peli después de oír a mucha gente que era
otra de batallas a lo grande y héroes impolutos. Para eso me quedo con
El Señor de los Anillos, que al ser fantástica ofrece un mayor
espectáculo, y a parte me parece una trilogía impresionante, a pesar de
los bajones de ritmo que hay en algunas partes de la misma. Está bien, sin
más. Así que se la recomendaría a quienes les entusiasme esta clase de
historias, el resto es muy probable que salga como yo.
Ahora no puedo evitar un comentario malicioso:
¿Por qué Orlando Bloom siempre huye y se salva en esta clase de pelis?
¿Tan moñas es que sólo le dan los papeles cuando sale por patas
(recordemos Troya)? Le ofrecen salvar Jerusalén y a su pueblo, algo
que entra dentro de su juramente de servir al rey y ayudar a los que lo
necesiten, a cambio de casarse con Eva Green, a la que supuestamente se ha
tirado no mucho antes (aunque lo corten), y ser rey, pero lo rechaza. ¡No,
por Dios! ¡Casarme con Eva Green y convertirme en rey, cuán aciago
destino! No comprendo.
Nota:
 
6
Javier Ruiz de Arcaute.
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