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Por fin ha llegado. Tres años de espera desde la última película y 28
desde el estreno de la primera entrega para ver el episodio más esperado
de La Guerra de las Galaxias, el del nacimiento de Darth Vader y a
su vez el de Luke y Leia. George Lucas completa así la saga
cinematográfica más famosa de todos los tiempos.
La película comienza con Anakin y Obi Wan en una misión de rescate para
salvar al Canciller Palpatine de las garras del General Grievous y el
Conde Dooku. Como todos sabemos eso no es más que una estrategia de
Palpatine para forzar el cada vez mayor acercamiento de Anakin al lado
oscuro y crear su imperio. Anakin es ya un Jedi que supera a la mayoría
pero sigue dominado por el miedo de perder a aquellos a los que quiere.
Sus ambición y sus temores serán utilizados por Palpatine, o lo que es lo
mismo, Darth Sidious, para atraerlo al lado oscuro y destruir así a los
Jedi.
Todos sabemos qué va a ocurrir en este episodio ya que la primera película
nos situaba unos 18 años después del mismo. Anakin será Darth Vader, Padme
morirá en el parto de sus dos hijos, Luke y Leia, que nacerán y serán
separados para esconderlos de su padre y todos los Jedi a excepción de Obi
Wan y Yoda serán aniquilados. Que nadie me diga que destripo la peli,
porque el misterio no está en lo que ocurre, que es sabido, sino en cómo
ocurre.
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Palpatine poniendo cara de bonachón se gana la confianza de
Skywalker.
Así, Luquitas nos presenta su película más ambiciosa, porque es en la que
debe callar a la vez a los críticos y a los fanáticos más reaccionarios
sin traicionar su idea, porque a fin de cuentas, y aunque la saga sea
parte del imaginario colectivo y de la cultura contemporánea, es su
película y su historia. ¿Lo consigue? Pues debo decir que sí.
Sin duda y tal como venían anunciando desde hace tiempo esta es la
película más oscura de todas. Lucas se deja de ligerezas y ñoñerías e
incluso recupera en buena medida el espíritu épico de la primera trilogía
que tanto se echaba en falta en los dos episodios anteriores. Uno de los
principales atractivos es que el personaje de Palpatine (o más bien Darth
Sidious) está presente de principio a fin y quizás el carisma que destila
y el terror que produce sea en parte gracias a que en los episodios I y II
era un personaje mucho más secundario cuya presencia era más intuida que
vista en todo lo que sucedía. Así, cuando aquí hace su gran aparición,
resulta mucho más contundente. Ian McDiarmid es todo un espectáculo en
esta peli.
También el personaje de Anakin, como era de esperar, es mucho más rico y
la transformación que éste sufre, guiado por Sidious, resulta bastante
creíble a pesar de que puede resultar algo forzada en su momento cumbre,
cuando finalmente sucumbe al lado Oscuro. Sin destripar nada (aunque en
alguna web ya dan detalles de ello) debo decir que precisamente esa
secuencia queda empañada por varios detalles considerablemente ridículos.
Cuando la veáis sabréis a qué me refiero, pero baste decir que más de uno,
yo incluido, no pudo evitar reírse (sin molestar, claro está).
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El General Grievous a cuatro manos.
La relación entre Anakin y Padme por su parte tiene un tratamiento
bastante más sobrio y no llega al pasteleo que vimos en el Episodio II,
que en ocasiones parecía de coña (la escena romántica de la chimenea o la
del rodeo de los bichos culones en las cataratas de Naboo sobraban en gran
medida). Aquí vemos como además la noticia del embarazo condiciona en gran
medida el destino de todos.
En lo que al espectáculo se refiere la película no defraudará a nadie. El
comienzo es estupendo en medio de una batalla espacial y seguida del
enfrentamiento con Dooku que sirve a su vez para aclarar las habilidades
de cada uno de los personajes en esta entrega (de sus diferencias más
bien). El personaje del General Grievous resulta un notable acierto y
también hará disfrutar de lo lindo. Viene a llenar el hueco de Darth Maul
en la primera película o Dooku en la segunda y por tanto veremos también
un enfrentamiento de alto nivel con él. Y claro está, el duelo cantado
entre Anakin y Obi-Wan, que no defrauda y cuyo final no se anda con
remilgos. Aunque mi secuencia favorita es en la que vamos viendo la caída
de los Jedis, y por tanto, de la República, que para mí es sin duda la más
dramática y lograda de toda la película.
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Anakin sucumbe al lado oscuro.
Técnicamente todos sabemos que Luquitas va sobrado y por tanto no merece
la pena resaltar lo obvio, pero sí que por una vez no da tanto pie a
absurdos personajes creados por ordenador. Sí que hay por ejemplo una
especie de iguana gigante en la que monta Obi-Wan un tanto ridícula. Pero
por otro lado Jar Jar Binks a penas sale en dos o tres planos y ni
siquiera abre la boca (Lucas aquí escuchó a la gente y acertó), C3-PO otro
tanto de lo mismo, sale poco y sólo habla un par de veces. Con este
personaje sucede algo curioso y es que mientras en la primera saga
resultaba a menudo gracioso (porque casi siempre lo destrozaban o lo
apagaban y tenía diálogos considerablemente ingeniosos) en esta segunda
trilogía ha sido siempre un personaje extremadamente cargante, ayudado
seguramente por un doblaje que no era el mismo que el original y que le
propiciaba ese aire de Robomoñas.
La película seguramente está a la altura de lo esperado por la mayoría de
la gente. Es la más dramática de la saga y con seguridad la segunda o
tercera mejor, pero eso no quita que tenga algún fallo imperdonable como
la citada cagada en la escena en la que Anakin pasa al lado Oscuro. Pero
ahí está Constantino Romero para hacernos recordar lo mejor de la saga.
P.D.: Debo mencionar a parte, que como siempre en esta clase de pelis muy
esperadas, hubo algo que fastidió la proyección. Unas veces es un memo
hablando o directamente gritando chorradas de fánatico como si fuese un
campo de fútbol y en esta ocasión porque la pantalla quedó partida durante
unos minutos por culpa del proyector. Menos mal que me había despertado
con buen pie y no me sentó muy mal.
Nota:
   
8,5
Javier Ruiz de Arcaute.
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