|
Los hermanos Pang se dieron a conocer a occidente precisamente con la
primera parte de The Eye, una película de terror tailandesa que
siguiendo la ultima tendencia del cine de terror oriental tenía un tono
más similar al cine de terror que conocemos aquí. La película era bastante
decente, entretenía y sin ser tan estrictamente de terror (iba más en la
línea de El Sexto Sentido) mantenía la tensión durante los dos
primeros tercios para desembocar en un desenlace bastante espectacular.
Eso llamó la atención de Hollywood y a parte del remake que se prepara
producido por Tom Cruise y dirigido por Hideo Nakata, Sam Raimi los ha
fichado para su compañía Ghost House Pictures donde dirigirán Scarecrow.
Pero a lo que vamos, The Eye 2 a parte de ser una secuela
totalmente innecesaria no tiene nada que ver con la original y tampoco con
el título. En The Eye veíamos a una chica ciega a la que
tranplantaban unos ojos (de ahí el título) que le permitían ver no sólo el
mundo que le rodeaba sino también a los muertos. En esta ocasión tenemos a
una protagonista despechada que tras un intento de suicidio comienza a ver
a los muertos, además no tardará en enterarse de que está embarazada, lo
cual tendrá más relevancia de la que uno pueda imaginar al principio.
¿Pero a qué viene llamarse The Eye 2? Básicamente a nada, por lo
que podía haberse llamado The Chocolate with Churros y se habrían
quedado igual de tranquilos. La única coincidencia con la original es que
la protagonista ve muertos y que la dirigen los mismos tipos.
La película es extremadamente fría y la protagonista es uno de esos
personajes con los que cuesta mucho identificarse. No es que la actriz, la
impresionante Shu Qi, no lo haga bien, es que simplemente le han
encasquetado un papel que sí, llora mucho y chilla un par de veces, pero
que uno no llega a saber por qué es como es. De hecho ese intento de
suicidio con el que comienza la peli no se explica en ningún momento a no
ser que debamos creer que era un impulso repentino.
La película avanza a lo largo del embarazo de la protagonista y las
situaciones no hacen sino repetirse una y otra vez hasta que uno comienza
a aburrirse y recolocarse en el asiento. Hay una escena bastante lograda
dentro de un ascensor y otra en una marquesina de autobús que son las
únicas que resultan intensas. El resto son apariciones de fantasmas,
muchos con el pelo retorcido ese que tanto gusta en el cine de terror
oriental, pero nada destacable.
Se puede decir a su favor que al menos todo el rollo de los fantasmas
queda explicado y claro aunque para ello nos meten una ración de filosofía
budista.
El final, sin desvelarlo, es muy absurdo, no por qué las cosas no cuadren,
sino por el hecho de que alargan la peli para poder meter un par de
escenas espectaculares más, pero que no valen de nada, eran totalmente
prescindibles y llegan a producir risa.
En definitiva, una película bastante floja, sosa y donde a excepción de un
par de momentos logrados el resto es una mezcla cutre de melodrama de
mujer despechada con el más insulso malrollismo fantasmal.
Nota:

3
Javier Ruiz de Arcaute.
|