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Con un par de años de retraso nos llega esta película del debutante Greg
Marks. Nótese que en el cartel sale el rostro de Hillary Swank, pero esto
no es más que para aprovechar el efecto Oscar de Million Dollar Baby,
que todavía no había recibido, porque su papel es uno más dentro de esta
historia de historias.
11:14, como podéis imaginar, hace referencia a una hora clave en la
película, hora en la que se entrecruzan de la forma más imprevisible los
caminos de varios personajes de un pequeño pueblo. Diremos que la película
comienza con Jack (Henry Thomas, el antaño niño de E.T.) al volante
de su coche, medio borracho y de cháchara con su novia por el móvil. Esa
actitud pide un accidente a gritos y no tarda en chocar con una persona. A
partir de ahí se suceden cinco historias que se entrecruzan y que están
relacionadas por cómo los distintos personajes se enfrentan a un crimen:
un conductor medio borracho, una panda de chavales haciendo el ganso, un
chico que tiene problemas para pagarle un aborto a su novia, un padre
preocupado por el rollete macarra de su hija y una chica liada con tres
tipos a la vez y capaz de cualquier cosa por conseguir lo que quiere.
La película más que un thriller es una especie de comedia negra sobre lo
irresponsables, cobardes y rastreras que pueden ser las personas en una
situación límite. La película avanza estupendamente y a un ritmo rápido
aunque nunca atropellado que va muy bien para el tipo de situaciones que
nos presentan.
Greg Marks ha sabido aprovechar con nota el gran y singular reparto que
tenía en sus manos teniendo en cuenta que los personajes a penas tienen
desarrollo porque toda la acción se transcurre en a penas media hora de
tiempo real. Tampoco la peli está sobrada de medios pero desde luego
destila bastante ingenio. Una demostración más de como no son necesarios
presupuestos desorbitados para fabricar un buen entretenimiento, bastante
original y con momentos hilarantes.
El reparto cumple bien con su cometido y se reparten casi a partes iguales
el protagonismo a lo largo de la película. Resulta curioso ver a Patrick
Swaize, aquel que fuera ídolo de las chicas con ese pastelaco de medio
pelo que es Dirty Dancing y que también hizo de megamacho en pelis
como De Profesión Duro, haciendo de un padre con una barriga ya
considerable y agobiado con los rollos de su hija adolescente.
La película de todas formas y a pesar de su buen hacer no es que tenga
mucha miga y es más una sucesión de cortos entrelazados que un
largometraje con un principio y un final claros. Poco se sabe del pasado
de los personajes y menos aún de cómo terminan después de la peli. Se
limitan a mostrar lo sucedido en torno a esa hora clave y al igual que eso
le aporta puntos a favor también le resta interés como historia.
Es en definitiva una buena película para pasar el rato y reírnos a
carcajadas en dos o tres escenas realmente surrealistas pero que a pesar
de su buen hacer tampoco perdurará más de unas horas en nuestra cabeza.
P.D.: Quizás fuese un fallo de la proyección, pero lo cierto es que los
presentes en la sala pudimos ver al menos una decena de micrófonos sobre
las cabezas de los actores. Dicho queda.
Nota:
 
6
Javier Ruiz de Arcaute.
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