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Cada cierto tiempo surge una película independiente de ciencia ficción que
a pesar de las limitaciones de presupuesto consigue ganarse un sólido
grupo de adeptos. La mayoría de las veces se trata de películas bastante
retorcidas y donde las teorías científicas tienen un peso tremendo.
Ejemplos claros son por ejemplo Pi, de Darren Aronofsky, la
argentina Moebius, de Gustavo Mosquera o incluso Cube, de
Vincenzo Natali. Películas sobre los viajes espaciotemporales sobre el
misterio del universo, etc. Hay a quien gustan estas pelis (a mí por
ejemplo) y hay a quien no, evidentemente no todo el mundo quiere ir al
cine para escuchar teorías que le van a tener dos días dando vueltas al
cerebro.
Primer se enmarca dentro de este tipo de películas y se enmarca
también dentro de esas películas que cada año dan la campanada en Sundance,
un festival cada vez más mediático pero que sigue dando a conocer nuevos
talentos.
Cuenta la
historia de cuatro amigos que dedican su tiempo libre a crear distintos
ingenios en el garaje de uno de ellos. Discuten teorías de todo tipo y
debaten sobre si tal o cual pieza proporcionará el efecto deseado. Un día
dos de ellos descubren que han construido una máquina del tiempo, sin
saber muy bien cómo. A partir de ahí surge el dilema al que deberán
enfrentarse, la premisa de la película "Si
siempre quieres lo que no puedes tener, ¿qué es lo querrías si pudieses
tener cualquier cosa?". La película se
embarca así en una historia sobre el poder y las consecuencias de utilizar
el mismo. Nada de lo que hagan con esa máquina estará falto de
consecuencias.
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Los cuatro amigos en pleno diseño.
Shane Carruth es el cerebro detrás de esta película.
El escribe, dirige, produce e interpreta y todo con una solvencia
asombrosa teniendo en cuenta que se trata de una ópera prima con un
presupuesto de 7.000 dólares muy bien gastados. La película engancha desde
el principio y nos tendrá hora y media dando vueltas a todo lo que ocurre,
pero como he dicho al principio, esta clase de historias no gustan a todo
el mundo. De todas formas aunque el fuerte de la película es todo el
embrollo teórico-científico también se trata de un thriller con grandes
dosis de suspense y donde los protagonistas deberán cuidar mucho sus pasos
para no meter la pata.
Los actores, incluido Carruth, son totalmente
desconocidos y eso, cuando el trabajo de ellos es bueno, ayuda mucho ha
que nos metamos en la historia. El peso cae especialmente sobre Carruth y
David Sullivan, los dos amigos que dan con el ingenio y a los que
seguiremos desde el principio al final.
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Los descubridores maquinando.
Técnicamente la película es muy rudimentaria, pero
no por ello mala, de echo la ausencia de alardes visuales o efectos
especiales, la cámara en mano (que no marea, gracias a Dios) y un conjunto
de localizaciones corrientes y a la vez alejadas de grandes cúmulos de
gente ayudan a centrar la historia en los dos protagonistas y en la
soledad y la paranoia a la que se enfrentan.
La mayor pega de la película es lo complejo de la
misma, necesita un par de visionados o tres para sacarle todo el jugo. Uno no puede
perder el hilo porque entonces ya no lo coge en el resto del metraje.
Quizás un final más claro habría resultado más digestivo, por decirlo así,
pero también es probable que la película hubiese perdido la gracia.
Así que si lo que os gusta es salir del cine y
discutir con el de al lado sobre la historia, dejaros de pajas mentales con
Matrix y veros esta película, da mucho más de sí.
Nota:
  
8
Javier Ruiz de Arcaute.
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