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En Arkham Asylum el Joker
cuenta el siguiente chiste: “Un hombre está esperando en el hospital el
nacimiento de su hijo. De repente aparece una enfermera que le dice que pase
a ver a su esposa y a su retoño. El feliz padre llega corriendo a la
habitación sólo para encontrarse una cama vacía. Se da la vuelta y ve a todo
el equipo médico con los brazos en alto gritando: ¡Inocente! ¡La madre ha
muerto y su bebé es epiléptico!”
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La Zanahoria invertida y Curtney Love, juntos contra el
mal.
Bueno, pues esa es la clase
de humor que destila esta secuela. Para empezar, cualquiera con dos dedos de
frente admitirá que, a pesar de que el humor de Jim Carrey no sea su
preferido, es el actor que más se acerca a la definición de “dibujo animado”
que hay en la actualidad. Hacer una secuela sin su presencia era una idea
destinada al fracaso desde el primer momento, pero los productores del film
han decidido rascar el fondo del barril a conciencia. La Mascara 2 no
sólo es aburrida, irritante y estúpida, sino que los niños que tengan la
desgracia de verla contemplarán imágenes que les acompañaran durante mucho
en sus pesadillas, en compañía de iconos del terror infantil como El Hombre
del Saco, Los Lunnis y Michael Jackson.
En esta ocasión, hablando
de trama (uf), subimos un nivel: Loki (Alan Cumming), el dios nórdico
creador de La Máscara original (un artilugio que permite a su portador hacer
todo lo que se le pase por la cabeza) recibe el encargo de recuperar su
obra, que ha caído en manos de Tim Avery (Jamie Kennedy), un dibujante de
cómics que ha cometido el error de engendrar a su primer hijo bajo los
efectos de la dichosa careta. El resultado es el mismo que el de Obélix al
caerse en la marmita cuando era pequeño: el bebé nace con los poderes
incorporados de serie.
A partir de ahí, Lawrence
Guterman (Como Perros y Gatos) se encarga de dirigir una sucesión de
efectos especiales en un universo que recuerda, por hortera, al de Batman
& Robin. A lo largo de la hora y media que dura el film asistimos a
persecuciones, cacharrazos, risas diabólicas, bailes enfermizos (versión rap
de Can’t Take My Eyes Off You de Frankie Valli incluida) y un predominante
sentido del caos y la destrucción alimentado por, como ya he dicho, un
sentido del humor que raya en lo depravado, y tanto más peligroso por
esconderlo bajo la moraleja familiar que nos intentan colar al final.
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"¡¡¿¿QUIERES VER LO QUE HAY EN MI SÓTANO??!!"
¿Os estoy dando miedo?
Esperad a ver a los actores. De Alan Cumming uno no se puede esperar mucho
salvo dos registros: irritante y ESPECIALMENTE irritante. Bob Hoskins, de
lejos el mejor actor del lote, aparece convenientemente irreconocible bajo
el maquillaje de Odín, el padre de Loki. Traylor Howard (que colaboró con
Carrey en Yo, Yo Mismo e Irene) vale que asuma el papel de chica
florero durante el film pero, por favor, que deje de hacer esas muecas. El
desastre, sin embargo, es Jamie Kennedy: el joven intérprete de Scream,
además de no llegar ni por asomo al talento físico de Carrey para la
comedia, exhibe una imagen de padre mentalmente peligroso (de esos que meten
a sus hijos en el microondas) dentro de un cuadro memorable, el de sus
compañeros de trabajo, en el que destaca su jefe (Daniel Moss), un dibujante
de cómics que encajaría como un guante en el perfil de “era un vecino
tranquilo hasta que descubrimos que guardaba los cachitos de su perro en el
segundo cajón de la nevera”.
Por lo menos, hay cierto
nivel de competencia técnica en el film, a pesar de que sus efectos
especiales no son más que una amplificación de lo visto en la primera
entrega. Hoy en día nadie parece entender que los mecanismos de la comedia
grotesca deben ser manejados por manos expertas. Pesadilla Antes de
Navidad o Eduardo Manostijeras no son platos para todos los
gustos, pero su bizarrismo se limita sólo a la parte estética, a los
decorados y al diseño de los personajes. Aquí no. La Máscara 2 nos
presenta un planteamiento aparentemente idílico que progresivamente va
adquiriendo tonos de pesadilla retorcida, de depresión maníaca o síntomas de
abuso de estupefacientes en mal estado. Padres: hay muy pocos casos en los
que recomendaría encarecidamente una película de Pokemon por encima
de cualquier otro producto infantil. En el caso del producto infantil que
nos ocupa... bienvenidos a uno de esos casos.
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Bebés vampiro. Te cagas.
LO MEJOR:
- Los efectos especiales.
Las escenas de acción tienen ritmo.
LO PEOR:
- A parte de lo ya
comentado, momentos cumbres del cine familiar como Jamie Kennedy medio
dormido, a punto de dar a su hijo una lámpara con el filamento de la
bombilla (descubierto, claro) a modo de biberón. El bebé animado, por
cierto, es para felicitar a los de Light & Magic: lo más cripi desde...
rayos... el de Ally McBeal.
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PD: Lo de la bombilla no
era coña.
Nota:
2
Rafael Martín. |