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LA MÁSCARA 2

Direción: Lawrence Guterman

Guión: Lance Khazei

Reparto: JamieKennedy, Alan Cumming, Liam Falconer, Ryan Falconer, Traylor Howard, Steven Wright, Kal Penn, Bob Hoskins

Productores: Erica Huggins, Scott Kroopf

Productores ejecutivos: Kent Alterman, Toby Emmerich, Beay Marks, Mike Richardson, Michele Weiss

Productora: New Line Cinema, Radar Pictures, Dark Horse Entertainment, Kumar Mobiliengesellschaft

Distribución: TriPictures

En Arkham Asylum el Joker cuenta el siguiente chiste: “Un hombre está esperando en el hospital el nacimiento de su hijo. De repente aparece una enfermera que le dice que pase a ver a su esposa y a su retoño. El feliz padre llega corriendo a la habitación sólo para encontrarse una cama vacía. Se da la vuelta y ve a todo el equipo médico con los brazos en alto gritando: ¡Inocente! ¡La madre ha muerto y su bebé es epiléptico!”

La Zanahoria invertida y Curtney Love, juntos contra el mal.

Bueno, pues esa es la clase de humor que destila esta secuela. Para empezar, cualquiera con dos dedos de frente admitirá que, a pesar de que el humor de Jim Carrey no sea su preferido, es el actor que más se acerca a la definición de “dibujo animado” que hay en la actualidad. Hacer una secuela sin su presencia era una idea destinada al fracaso desde el primer momento, pero los productores del film han decidido rascar el fondo del barril a conciencia. La Mascara 2 no sólo es aburrida, irritante y estúpida, sino que los niños que tengan la desgracia de verla contemplarán imágenes que les acompañaran durante mucho en sus pesadillas, en compañía de iconos del terror infantil como El Hombre del Saco, Los Lunnis y Michael Jackson.

En esta ocasión, hablando de trama (uf), subimos un nivel: Loki (Alan Cumming), el dios nórdico creador de La Máscara original (un artilugio que permite a su portador hacer todo lo que se le pase por la cabeza) recibe el encargo de recuperar su obra, que ha caído en manos de Tim Avery (Jamie Kennedy), un dibujante de cómics que ha cometido el error de engendrar a su primer hijo bajo los efectos de la dichosa careta. El resultado es el mismo que el de Obélix al caerse en la marmita cuando era pequeño: el bebé nace con los poderes incorporados de serie.

A partir de ahí, Lawrence Guterman (Como Perros y Gatos) se encarga de dirigir una sucesión de efectos especiales en un universo que recuerda, por hortera, al de Batman & Robin. A lo largo de la hora y media que dura el film asistimos a persecuciones, cacharrazos, risas diabólicas, bailes enfermizos (versión rap de Can’t Take My Eyes Off You de Frankie Valli incluida) y un predominante sentido del caos y la destrucción alimentado por, como ya he dicho, un sentido del humor que raya en lo depravado, y tanto más peligroso por esconderlo bajo la moraleja familiar que nos intentan colar al final.

"¡¡¿¿QUIERES VER LO QUE HAY EN MI SÓTANO??!!"

¿Os estoy dando miedo? Esperad a ver a los actores. De Alan Cumming uno no se puede esperar mucho salvo dos registros: irritante y ESPECIALMENTE irritante. Bob Hoskins, de lejos el mejor actor del lote, aparece convenientemente irreconocible bajo el maquillaje de Odín, el padre de Loki. Traylor Howard (que colaboró con Carrey en Yo, Yo Mismo e Irene) vale que asuma el papel de chica florero durante el film pero, por favor, que deje de hacer esas muecas. El desastre, sin embargo, es Jamie Kennedy: el joven intérprete de Scream, además de no llegar ni por asomo al talento físico de Carrey para la comedia, exhibe una imagen de padre mentalmente peligroso (de esos que meten a sus hijos en el microondas) dentro de un cuadro memorable, el de sus compañeros de trabajo, en el que destaca su jefe (Daniel Moss), un dibujante de cómics que encajaría como un guante en el perfil de “era un vecino tranquilo hasta que descubrimos que guardaba los cachitos de su perro en el segundo cajón de la nevera”.

Por lo menos, hay cierto nivel de competencia técnica en el film, a pesar de que sus efectos especiales no son más que una amplificación de lo visto en la primera entrega. Hoy en día nadie parece entender que los mecanismos de la comedia grotesca deben ser manejados por manos expertas. Pesadilla Antes de Navidad o Eduardo Manostijeras no son platos para todos los gustos, pero su bizarrismo se limita sólo a la parte estética, a los decorados y al diseño de los personajes. Aquí no. La Máscara 2 nos presenta un planteamiento aparentemente idílico que progresivamente va adquiriendo tonos de pesadilla retorcida, de depresión maníaca o síntomas de abuso de estupefacientes en mal estado. Padres: hay muy pocos casos en los que recomendaría encarecidamente una película de Pokemon por encima de cualquier otro producto infantil. En el caso del producto infantil que nos ocupa... bienvenidos a uno de esos casos.

Bebés vampiro. Te cagas.

LO MEJOR:

- Los efectos especiales. Las escenas de acción tienen ritmo.

LO PEOR:

- A parte de lo ya comentado, momentos cumbres del cine familiar como Jamie Kennedy medio dormido, a punto de dar a su hijo una lámpara con el filamento de la bombilla (descubierto, claro) a modo de biberón. El bebé animado, por cierto, es para felicitar a los de Light & Magic: lo más cripi desde... rayos... el de Ally McBeal.

PD: Lo de la bombilla no era coña.

Nota:  2

Rafael Martín.

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