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¡Peligro excursionistas!
¡El tema de los viajes en el tiempo ataca de nuevo! Esta vez nos encontramos
con una adaptación de un relato corto del maestro de la ciencia-ficción Ray
Bradbury en el que una empresa se dedica a organizar safaris al cretácico
para que clientes ricos se dediquen a cazar dinosaurios, basándose en una
revolucionaria tecnología que permite retroceder en el tiempo, siempre y
cuando el pasado no se altere (explicación: los dinosaurios que cazan están
a punto de morir de forma natural). La empresa, capitaneada por el ricachón
George Hutton (Ben Kingsley, con un escalofriante parecido a la estrella de
la radio Luis del Olmo) y supervisada por el héroe de nombre espectacular
Travis Ryer (Edward Burns) tiene controlado el proceso hasta el último
detalle, pero los accidentes ocurren.
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Luis del Olmo y... dios,
pero que chulo es Edward Burns.
En este caso, un fallo
provocado por un par de clientes imbéciles ocasiona que el planeta se vea
sacudido por fenómenos temporales que convierten la ciudad en un zoológico
del futuro, con lo que entramos en una aventura tipo Parque Jurásico
dirigida con mano maestra por Peter Hyams, que logra esconder lo mejor que
puede el principal defecto de la película, que por otro lado es mejor de lo
que me esperaba: es impresionantemente CUTRE.
Leo en
IMDb que unas
inundaciones destruyeron en el 2002 gran parte de los decorados del film,
cuyo rodaje tenía lugar en Praga. Este terrible accidente ocasionó un
tremendo retraso en la producción y, sin ninguna duda, es el motivo de que
una producción como ésta, valorada en 80 millones de dólares, tenga este
look tan telefilm de las tardes. Si antes he mencionado que cazan
dinosaurios, no es exactamente cierto: sólo cazan uno, el mismo, y su
aspecto es... bueno, digamos que uno tarda un par de segundos en adivinar
que es un dinosaurio. Los decorados son sustituidos por fondos generados por
ordenador, de una calidad mas bien cuestionable y el diseño en general borda
el ridículo, en especial en las secuencias submarinas. Afortunadamente, la
magistral labor de fotografía de todo un veterano como Hyams subsana estas
deficiencias haciendo que la acción transcurra de noche o con iluminación
natural proveniente de lámparas o linternas. No forcéis mucho la vista u os
quedaréis ciegos, aviso.
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Linternas por todas partes.
¿Y la película? Pues
como ya dije antes la verdad es que es bastante resultona, si dejamos de un
lado que depende demasiado de unos efectos especiales dignos de El Gran
Juego de la Oca. El ritmo nunca se pierde, hay muchas y variadas escenas de
acción y cierta preocupación por mantener dignidad científica, por lo menos
hasta que sucede lo que sucede cuando se trata de films que tratan con el
viaje en el tiempo: “cháchara temporal”, p.ej: “el accidente ha causado que
la Tierra se vea amenazada por ondas temporales por que lo que tendrás que
hacer un salto temporal con tirachinas, bla, bla, bla... Bueno, que lo mejor
es que paséis del tema y os dediquéis a las escenas de acción, bastante
entretenidas porque Edward Burns, un tío que tiene una cara de chulo que
apenas se tiene en pie, da el pego bastante bien y los personajes
secundarios se te hacen simpáticos. Excepciones: Ben Kingsley,
verdaderamente histriónico y Catherine McCormack, que hace de científica
desquiciada.
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Increíble criatura del
averno.
Por lo demás, basta con
decir que esta peli tiene el encanto de las aventuras clásicas de serie B
que resucitó Stephen Sommers con La Momia y es un placer ver una
película cortita, que da lo que promete y con peligros para dar y tomar
(mandriles asesinos, insectos gigantes, murciélagos gigantes). Fenomenal
para el videoclub.
LO MEJOR:
- Hyams y, de verdad de
la buena, nunca te aburres.
LO PEOR:
- Su grado de cutrez, lo
que la convierte en una aventura de serie B con un look de serie Z.
Nota:
  5
Rafael Martín. |