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Bienvenidos a un
futuro cercano. La armada norteamericana está preparando el arma de ataque
más avanzada sobre la faz de la Tierra: E.D.I. Un superavión armado hasta
los dientes dotado de inteligencia artificial que promete ser la herramienta
definitiva para acabar con los males del mundo (léase: el terrorismo
internacional). La única cuestión por pulir es encontrar a tres pilotos
encargados de adiestrar su cerebro positrónico e incorporar la capacidad de
juicio, el trabajo en equipo y la improvisación necesarias para que E.D.I.
sea, virtualmente, perfecto. Sin embargo, un terrible accidente provocará
que el avión robot se vuelva loco y comience a actuar a su aire destruyendo
objetivos civiles. Es la hora de que los tres pilotos humanos, Ben Gannon (Josh
Lucas), Kara Wade (Jessica Biel) y Henry Purcell (Jamie Foxx) lo detengan de
una vez por todas, a cualquier precio, a pesar de la oposición de su jefe de
proyecto, que por cierto, se vuelve más y más maligno a cada escena que
pasa...
Stealth
combina todos los elementos necesarios para que el chaval de 15 años salga
de la sala deseando robar un F-14 y, a la vez, con un calentón de mil pares
de narices. La peli tiene tetas, culos, abdominales, explosiones, robots,
misilazos, armas nucleares, francotiradores y naves del futuro sacadas del
último videojuego de la X-Box. Todo lo que necesita la mente adolescente
para revivir sus sueños de a) echar a los padres de casa y b) conquistar el
mundo. Sin embargo, para aquellos que nos encontramos un poquito por encima
de esa edad tan dada al desenfreno hormonal, ver Stealth es una
experiencia completamente distinta. Y si nos lo tomamos en serio, realmente
dolorosa.
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Chin, chin.
Empezamos diciendo
que Stealth son dos películas en una. Creo que Stealth, la
película, o sea la parte que no contiene acción, es sencillamente
bochornosa. Consciente de que no tiene guión ni para hacer un corto, Rob
Cohen y su guionista W.D. Richter se sacan de la manga una relación
pseudoamorosa entre Lucas y Biel (los dos se aman, pero sus carreras podrían
correr peligro) que no viene a cuento de nada especial y que es tan compleja
como la pata de una mesa. Foxx, mientras tanto, aprovecha para rapear un
poco y ligarse a una tailandesa en una escena vacacional que sólo tiene
sentido porque vemos el fascinante trasero de Jessica Biel que por sí solo
justifica la adquisición del DVD. Huelga decir que los actores se limitan a
leer sus líneas de guión esperando que el tormento acabe lo antes posible,
especialmente doloroso se hace en el caso de Lucas y Shephard, poco
habituados a participar en productos de semejante calaña. Agrada ver sin
embargo al único e inimitable Richard Roxburgh interpretar su tercer bodrio
en cuatro veranos, tras Misión: Imposible 2 y Van Helsing:
este hombre tiene verdadero genio a la hora de elegir papeles. Ah. No
busquéis que ninguno de estos personajes os caiga bien. A la hora de la
verdad E.D.I., esa bola de metal con luces de discoteca setentera, es
bastante más humano que todos ellos, que parecen unos Supermanes de la vida
al más puro estilo Dominic Toretto, el inolvidable mito de esa película
símbolo del tuning y la amistad homosexual que es A Todo Gas.
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Aparcad en batería.
Lo que me lleva a
Stealth, el videojuego. Esta parte salva a la película de caer en el
noveno círculo del averno, un lugar muy especial reservado para gente como
el Dr. Menguele o Michael Jackson. Hay que felicitar a los chicos del
departamento de efectos especiales porque su labor es sencillamente
intachable. Escenas como la primera misión en Asia, la persecución de E.D.I,
ya completamente chiflado, en un desfiladero, o la batalla entre Gannon y
E.D.I en medio de un repostaje son verdaderos prodigios de la técnica
fotorrealista. Además, no contento con satisfacer a los puntillosos,
¡amantes de la devastación descansad tranquilos porque Stealth
presenta la megaexplosión más increíble jamás vista en una pantalla de
cine!: un hangar salta por los aires llevándose consigo veinte camiones y
otras tantas personas en un momento que merece ponerle de fondo música de
Metallica. Además, hay cierta variedad en la acción en el momento en el que
la peli deja de ser un clon amplificado de Top Gun cuando uno de los
personajes se queda atrapado, a raíz de un accidente, tras las líneas
enemigas coreanas lo que supone un cambio tras veinte minutos de ver aviones
volando a velocidades infernales, con el mareo que eso supone.
Quizás todo esto se
podía dejar pasar y concebir a Stealth como un entretenimiento de
videoclub, pero el denominador común de tanto la peli como el videojuego
son, en mi opinión, la estupidez: NO puedes desactivar una bomba nuclear
lanzándole un misil, tal y como sugiere el malvado general. NO puedes
convencer a un avión chiflado de que deje de hacer el tonto con frases como
“No me faltes al respeto, chaval”. NO puedes hacer derrapes con un avión. NO
puedes derribar un edificio en medio de Bangkok sin que mueran civiles. Si
eres piloto de la armada y te tienes que empollar un manual, NO te marcas en
medio de tu habitación un concierto de rap en calzoncillos rojos. Y no, si
un avión se vuelve loco, lo que NO hace nunca es bajarse TODAS las canciones
de Internet (la razón única y exclusiva es vender la banda sonora del film).
Es precisamente esta manía de Cohen de mezclar conceptos serios con un tono
adolescente tocazambombas lo que hace que la película pierda tantos puntos:
lo más cachondo es que pretende ser una crítica al estamento militar, un
examen de los conflictos en el mundo y una reivindicación del humano sobre
la máquina. Me parece muy bien que lo haga, pero debería tener en cuenta que
la audiencia femenina pasará del tema en cuanto vea los bultitos del torso
de Josh Lucas o la masculina el, de nuevo, espectacular trasero de Jessica
Biel. No cuadra.
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Josh Lucas a punto de hacer un trompo.
Total, que es carne
de videoclub, pero me ha intrigado sobre todo el porqué de su fracaso en
Estados Unidos. Y creo que la razón es precisamente la que os he mencionado
antes. Cohen intenta amplificar todo lo que convirtió a XXX en un
taquillazo pero se lo toma demasiado en serio y al final, la película te
termina abrumando, perdiendo incluso ese tono quinceañero que hacía tan
vergonzosamente encantadores sus anteriores trabajos. Sin embargo todavía
nos queda una última opción: la posibilidad de ver Stealth con la
voluntad de reírse del film a lo largo de las más de dos horas que dura. He
intentado enfocar esta crítica de la manera más seria que he podido. Ahora
bien, si queréis cachondearos de la película (hay material de sobra para
ello) Stealth es, definitivamente, el Aterriza Como Puedas de
2005. Ni Leslie Nielsen, oiga.
LO MEJOR:
- Los efectos
especiales.
LO PEOR:
- Es demasiado seria,
demasiado larga y demasiado tonta como para creerse nada. Y cansa mucho.
Nota:
 4
Rafael Martín. |