|
Dos de los fundadores
del movimiento Dogma se unen años después. Vinterberg, director de films
como Celebración, se hace cargo de la dirección. Lars Von Trier, tras
Dogville, escribe el guión. El resultado: una alegato feroz contra
las armas, presentado por una pandilla de chavales amantes del pacifismo
pero que comparten una pasión mucho más intensa si cabe: las armas.
Llevan armas,
estudian sobre ellas, ven vídeos y se informan hasta la saciedad sobre
ellas. Todo ello bajo la premisa de no utilizarlas jamás contra personas o
mostrarlas nunca en público. Cada uno tiene su propia arma, a la que
bautizará y de la que será su dueño completo. Juntos formarán el club de los
dandis. Ningún dandi utilizará el arma de otro miembro del club.
Con una ambientación
actual pero que recuerda al lejano oeste, Vinterberg nos relata esta
historia sobre la dualidad de los individuos y el peligro de la posesión de
armas de fuego. Sumergidos en una especie de mar de elegancia, distinción y
caballerosidad, los personajes nos irán mostrando su evolución entre ellos y
respecto a sus queridas armas. Como Wendy, por ejemplo.
Una propuesta
innovadora que se engrasa perfectamente con una cuidada estética y una
estupenda banda sonora. Los actores cumplen en su papel, si bien Jamie Bell
está especialmente acertado como líder de los dandis, un pobre trastornado
que desarrolló su pasión por las armas de fuego por casualidad tras quedarse
huérfano.
Especialmente intensa
es la escena final, mostrando el conflicto con la policía de una forma
desproporcionada a lo que puede esperarse de un enfrentamiento entre
gendarmes y un grupillo de chavales que juegan a ser vaqueros. Quizá ahí
esté el auténtico significado de todo el metraje, en esta metáfora de la
desproporción entre lo que empezó siendo un juego y acabó en tragedia. Un
fuerte discurso contra la libre posesión de armas de fuego.
Nota:
   8
Samuel Rodríguez Cimiano (colaborador).
|