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Fascista, del Atleti,
racista, machista, mujeriego, putero, analfabeto, seboso, ESPAÑOL. Santiago
Segura, algo una y mil veces dicho, ha resucitado el estereotipo de la
España más cutre, más soez, más rancia y lo ha convertido en un objeto de
culto a través de la parodia. Desde que se estrenó la primera parte de la
saga ESPAÑOLA por excelencia (con el permiso de la familia Leguineche)
muchos afirman que el fresco acercamiento al mito del españolito de a pie ha
sido la clave del éxito de este hijo de Carabanchel.
En parte, eso es cierto.
Sin embargo, hay un factor a tener en cuenta. Incontables cineastas se han
empeñado en vivir del mundo del cine a la hora de intentar hacer
recaudaciones extraordinarias con películas basadas en su visión personal
del mundo. Incontables cineastas, incontables fracasos. Menos el de este
señor. Amigos y amigas de la página, durante mucho tiempo hemos intentado
encontrar un reflejo de Steven Spielberg en el cine español. Pues bien: lo
tenemos. Santiago Segura, al margen de sus habilidades como director y
guionista, ha comprendido la máxima fundamental del cine comercial, algo que
Alex de la Iglesia ha conseguido a medias y que en Fernando León de Aranoa,
tan progre como es él (tres películas, tres, tratando el mismo tema: me
suena al caso de la gallina de los huevos de oro), se ha quedado a medio
camino:
Dar al público lo que
quiere ver.
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Móvil en un avión. Se masca la catástrofe.
Es tan, pero tan
jodidamente fácil sacar pasta de una película en España que ahora mismo me
estoy dando cabezazos contra la pared. Lo primero es no complicar las cosas:
nadie va a darse cuenta de que no hay guión, de que no existen personajes,
de que no hay ninguna idea visual interesante. Da igual. Estoy completamente
seguro de que Santiago Segura sabe hacer cine (este hombre, por encima de
todo, tenía un proverbial sentido del ritmo), pero también he descubierto
que LE DA IGUAL. No es su misión. A él no le importa hacer buen cine o mal
cine. Sencillamente se ha preocupado se sacarse unas perrillas ¿Es eso
criticable? No. Por lo menos, no intenta venderte El Padrino. Lo que
da es lo que hay, honesto y sencillo. Hablamos de un tío que no se ha
quitado la camiseta oficial de la película en tres meses de promoción. Yo no
voy a crucificarle por ello. Nunca ha intentado engañar a nadie.
Sin embargo, Torrente
3: El Protector es, con mucho, la entrega más floja de la saga. Como
todas las anteriores, es realmente vil y moralmente inmunda, pero al final
uno no puede evitar pensar que Segura se ha dirigido al público más que
nunca y nos ha mostrado un espejo en el que reflejarnos. No lo hace con
reflexiones interesantes, sino con ejemplos muy sencillos: cuando Florentino
Fernández entra en un puticlub y ofrece a un joven Torrente hacerse
mutuamente una pajilla en el lavabo, mucha gente se ríe. Y lo que es
pedofilia abyecta en el 99% de los casos, aquí es un tema de risa ligera.
Hay mérito en eso.
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Torrente y Josito a punto de huir.
Sin embargo, hay muchos
problemas en este film: el material está superquemado y la película avanza a
trancas y barrancas debido al hecho de que existen dos tramas que
prácticamente no tienen relación entre sí (aunque claro, ¿eso a quién le
importa?: ¡fijaos que culo tiene la eurodiputada!), y que de entre los
ciento treinta gags que acumula la película, sólo un par tiene verdadera
gracia. Además, pongo en duda el talento cómico de muchos de los que
intervienen en esta película. Nunca esperé que Fabio Testi fuera Marlon
Brando, pero se supone que Carlos Latre vive (y muy bien) de esto. Del señor
de Cruz y Raya no digo nada. Renuncio.
En fin, que es lo que
hay, que Segura no engaña a nadie y que te vende el pescado como nadie lo ha
hecho recientemente. ¿Y como película en sí?. Bueno, hay un dicho que reza
que si no puedes decir nada bueno de algo, no digas nada en absoluto. Y ya
está.
LO MEJOR:
- Que Segura,
afortunadamente, es un tío muy listo.
LO PEOR:
- Que Segura,
lamentablemente, es un tío muy listo.
Nota:
 4
Rafael Martín. |