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En
1856, Venecia es la ciudad-Estado más
importante del Siglo XVI.
En
ella, Antonio
(Jeremy
Irons) es un burgués mercantil cristiano muy respetado.
Su
amigo y amor platónico Bassanio (Joseph Fiennes) le pedirá dinero para poder
conquistar a la bella Portia
(Lynn
Collins).
Bassanio
le pedirá 3000 ducados a su amigo para realizar el viaje que lo lleve a
conocer a Portia y poder casarse con ella.
Antonio,
al no disponer de este dinero, pedirá un préstamo al usurero judío Shylock
(Al Pacino), el cual accede a dicho préstamo con la condición de que,
si
en tres meses no han sido devueltos los 3000 ducados, Shylock podrá cortar
un cuarto de libra de carne de Antonio.
El
mercader de Venecia es una de las piezas teatrales más célebres del
dramaturgo inglés William Shakespeare. En la obra, se puede encontrar una
sutil evocación de atmósferas. En ella aparecen retratadas las cualidades
renacentistas de la amistad viril y el amor platónico que se oponen a la
amarga falta de humanidad de Shylock, cuyas desdichas terminan despertando
la comprensión y la simpatía del espectador.
Esta
película refleja perfectamente el espíritu de la obra, tanto en sus
complicados diálogos como en su belleza artística, ya que al verla parece
como si estuviéramos sentados en las butacas de un teatro. Realizar una
traslación de una obra teatral a la gran pantalla, es muy complicado y más
si es una obra de W. Shakespeare. Michael Radford ha conseguido realizar un
fantástica película, que presenta una gran armonía y belleza visual, ayudado
por una excelente banda sonora, mostrando la ciudad de Venecia de 1856 como
un sitio frío y oscuro.
El
único problema que encontramos que en ciertos momento decae la acción del
film, sobre todo cuando Bassanio esta con Portia en la casa de esta; pero en
el tramo final de la película recupera el interés del espectador al
encontrar a Shylock frente a Antonio reclamando el pago de su deuda.
Al
Pacino esta sobresaliente en el papel de Shylock,
recordándonos en el monólogo hacia los cristianos, al Michael Corleone de
El
Padrino.
El juicio
contra Antonio es un recital de interpretación fantástico por parte de
Pacino.
Jeremy
Irons aporta serenidad en la película,
pero su interpretación recuerda mucho a la realizada en El
Reino
de los Cielos,
sin el
toque de ambigüedad que corresponde al papel de Antonio. Joseph Fiennes hace
el personaje típico en las obras de Shakespeare, el joven apasionado y
aventurero que busca el amor
(y
la fortuna) de una bella dama. Fiennes se defiende bien en su papel,
teniendo algunos de los diálogos más
enrevesados de la película. Lynn Collins representa perfectamente el ideal
de belleza del Siglo XVI,
la
tez blanca,
cabellos rubios y ojos azules. Su interpretación es buena, pero al final de
la película mejora su registro. La banda sonora de Jocelyn Pook funciona
magistralmente como hilo conductor del film; encontrándonos una música suave
con tintes melancólicos y alegres.
Cabe
destacar la interpretación de Al Pacino por encima de todo ya que el actor,
en estos tiempos que corren, ha encontrado un papel que le haga justicia;
sin tener que recurrir a bazofias como Simone.
Una
película de autor dirigida a un publico muy minoritario y que hará las
delicias de aquellos que añoramos el cine de calidad y de grandes
interpretaciones, el cual escasea en estos días.
LO MEJOR:
- Al
Pacino, que da una clase magistral de interpretación, la música y la genial
dirección que nos hace sentirnos que estamos en el patio de butacas del
teatro.
LO PEOR:
- Los
momentos en que decae la acción, y algunos diálogos demasiados densos de
digerir.
Nota:
   7,5
Fernando Benítez Rodríguez (colaborador).
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