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Doce años después de
Pesadilla Antes de Navidad Tim Burton regresa al cine de animación
infantil con La Novia Cadáver, se mire por donde se mire candidata
indiscutible al Oscar a la mejor película animada y muy superior, en mi
opinión, a la otra gran rival de este año: Wallace y Gromit, por
oficio, talento e inspiración.
Sin embargo, y a pesar
de que las comparaciones son odiosas, poco vamos a encontrar de Pesadilla...
en este film, más cortito y más directo, que reduce el número de canciones y
se centra más en una sencilla historia de malentendidos de ultratumba. Como
muchos de vosotros sabéis, La Novia Cadáver resurge de entre los
muertos cuando el enfermizo Victor Van Dort se atreve a ensayar sus votos
para su futura boda con Victoria Everglot, momento a partir del cual suceden
toda clase de problemas, generados particularmente en el choque entre el
aburrido mundo de los vivos y el plano de los muertos, que es una fiesta
perpetua. Caroline Thompson, Pamela Pettier y John August conciben un guión
muy sencillo y austero, mucho más accesible que el anterior film animado de
Burton, pero lo que hace destacable a la peli que aquí nos ocupa es que no
hay bajones de ritmo, ni tiempos muertos, ni secuencias forzadas, sino
brillantes diálogos llenos de chispa. Todo sucede con una fluidez admirable
y Burton se encuentra tan a gusto como hacía mucho que no se le veía,
volviendo a explotar las obsesiones que ha mostrado en sus películas pero de
una forma mucho más relajada y sutil. El factor miedo, que tan presente
estaba en Pesadilla Antes de Navidad, desaparece por completo en esta
película, a pesar de que la muerte es el tema omnipresente.
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Sí, la de atrás tiene un peinado en forma de culo.
Lejos está La Novia
Cadáver de presentar personajes estrafalarios que se han convertido en
iconos de nuestro tiempo (seguro que todos hemos visto bolsos con la cara de
Jack Skellington), pero tanto mayor es el mérito del film por mostrarnos a
personajes relativamente humanos tan perfectamente distinguibles y
graciosos, en particular el mostacho andante de mayordomo de la familia
Everglot y por supuesto, la propia Novia (que en fin... rayos, está muy
buena). Burton es uno de los poquísimos directores actuales que no cuenta
historias, sino que narra cuentos. Cuando le sacan de su mundo, se pierde
(véase El Planeta de los Simios). Pero cuando los personajes que lo
habitan sirven para contar una historia con moraleja, Burton florece. La
historia de amor es, como era de esperar en el realizador, precisa, al grano
y nada empalagosa, con una protagonista digna de mención, empeñada en hacer
cierta la frase de que el amor puede realmente vencer a la muerte. El film
trata temas serios y particularmente graves (aquí nadie se disfraza de Papá
Noel, eso es seguro) pero el pulso firme del realizador lo convierte en una
comedia ligera de enredo al más puro estilo clásico con mano maestra hasta
permitirse el lujo de terminarlo en plan peli de acción, en un cambio de
registro muy agradecido.
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Dame un besito muchachote.
Y finalmente,
técnicamente La Novia Cadáver no conoce par. La animación es mucho
más fluida, las expresiones de los personajes son mucho más precisas y
realistas, y la cámara se mueve con completa libertad en un verdadero festín
visual (la secuencia de Victor al piano, por ejemplo) cortesía del
codirector del film, Mike Johnson. Lo realmente sorprendente es que momentos
más brillantes del film en este sentido no tienen lugar durante los números
musicales (deliberadamente rebajados en todos los aspectos: más breves,
menos explosivos) sino en las secuencias que dan forma a una de las
historias mejor contadas que he visto en mucho tiempo, con protagonistas
brillantes, espléndidos secundarios y un brillante sentido del ritmo que
vuelven a demostrar que Burton se mantiene en una espléndida forma, sea el
formato que sea.
LO MEJOR:
- Es un perfecto
mecanismo de precisión suiza y no le sobra nada.
LO PEOR:
-
Nada.
Nota:
    8,5
Rafael Martín. |