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Malas Temporadas
es la historia de Mikel (Javier Cámara), Ana (Nathalie Poza) y Carlos (Eman
Xor Oña), enclavada en el corazón de Madrid, personas que se relacionan
mientras buscan su lugar en el mundo, un lugar que cada vez se aleja más del
idealizado, del que no existe, y la única solución es partir de lo real,
para empezar a construirlo. Gente a la que el destino ha terminado llevando
por caminos inesperados, y ahora comparten la necesidad de replantearse sus
opciones.
Vaya, que Malas
Temporadas es básicamente eso, la historia de distintos personajes que
están atravesando un momento complicado de sus vidas. Una historia coral que
trata diversos problemas: un niño que decide abandonar su mundo y encerrarse
en su cuarto, un inmigrante con problemas de integración que desea marcharse
muy lejos, un joven que acaba de salir de la cárcel, una minusválida que
lucha por romper con su insatisfecha vida...
La película se presentó
en el pasado festival de cine de San Sebastián, y aunque sólo levantó un
premio menor, el de la asociación de gays y lesbianas, se situó como una de
las opciones nacionales más prometedoras, quizás por detrás de la aún no
estrenada Sud Express. Los diferentes argumentos se encuentran
notablemente enlazados mediante la mano invisible de un guión bien trazado,
sin fisuras.
Lo malo es que, como
bien reza el título, termina por convertirse en un drama un tanto exagerado,
no por las historias individuales si no por el saturado conjunto total de
desgracias ajenas. A pesar de todo, el final deja abierto una ventana a la
esperanza, todos somos capaces de solucionar nuestras malas temporadas, y
menos mal, porque si no más de uno pensaría en aplicarse la cicuta nada más
salir de la sala.
Una propuesta digna,
muy digna, con unos buenos actores que encajan y dan la talla en sus
personajes y una sobria dirección.
Nota:
   7
Samuel Rodríguez Cimiano (colaborador).
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