Magia y fantasía en DVDgo.

 

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HARRY POTTER Y EL CÁLIZ DE FUEGO

Direción: Mike Newell

Guión: Steven Kloves

Reparto: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Alan Rickman, Michael Gambon, Tom Felton, Emma Thompson, Robbie Coltrane, Maggie Smith, Richard Griffiths, Fiona Shaw, Frances de la Tour, Brendan Gleeson, Jason Isaacs, Clemence Poesy, Robert Pattison, Stanislav Yanevski

Productores: David Heyman

Productores ejecutivos: David Barron, Mark Radcliffe

Productora: Warner Bros., 1492 Pictures, Heyday Films

Distribución: Warner Sogefilms

Como lo oís. Yo no pagué por esto: 155 minutos de efectos especiales que dejan de ser especiales por aparecer en cada jodido plano combinados con un culebrón juvenil que, en sus mejores momentos, recuerda a Salvados por la Campana. Pero no me entendáis mal: claro que es entretenida, y espectacular y marchosa y todo lo que uno quiera. Al fin y al cabo no ha recaudado 100 millones en 48 horas por ser un coñazo. Pero Harry Potter y El Cáliz de Fuego logra destruir en sus dos primeros tercios lo que Alfonso Cuarón logra en la sublime tercera entrega de la saga: resulta que ahora, Harry Potter y su maravilloso mundo de magia, fantasía, misterio y terror han dejado de formar parte de nuestras fantasías para descubrir que el chaval sufre por AMOR y, a un nivel un poco más profundo, que Gafitas es una maquina potencial de hacerse gayolas como cualquier adolescente, en una escuela que se ha convertido en un hervidero de hormonas.

“Señor Dumbledore: juro que lo que vio eran inocentes ejercicios de muñeca”.

Y si vas a hacer esa película, esa clase de película, por favor, no te quedes a medio camino. Si quieres hacer Porky’s, haz Porky’s. No digo que haga falta ser un Robert Mulligan para narrar con clase y originalidad el despertar de un adolescente, pero que no me den esta especie de Love Actually con menores por debajo de la edad legal. ¿Se reconciliarán Ron y Harry? A quién coño le importa. ¿Le pedirá Harry a Hermione que le acompañe al baile? A quién coño le importa. ¿Revelará Hermione sus sentimientos por un chaval que no se quita las gafas ni para ir a cagar? A quién coño le importa. La cuarta entrega de la saga se recordará por ser incluido en un futuro próximo como un DVD de regalo en la revista Super Pop. O en la Vale. ¿Otra prueba? La jodida Rita Skeeter (Miranda Richardson, en su tercer papel de perra, tras Juego de Lágrimas y Sleepy Hollow), una Karmele a la que se le da mucha más importancia de la que debería tener, prácticamente desde el momento en el que el guionista Steve Kloves (que, en su cuarto libreto, debe estar hasta los cojones de tanto mago y añorando los días en los que dirigió Los Fabulosos Baker Boys) decidió incorporarla a la trama. O al culebrón. ¿Qué esta trama digna de Los Albóndigas ocupa una pequeña parte de la película? Bueno, quizás en conjunto, pero está por todas partes, culminando en el momento deseado por todas las fans de Mago-lito Gafotas: Harry Potter acosado por un fantasma mientras está desnudo dándose un baño. Y luego me dicen que por qué fumo: EL PITILLO QUE ME FUMÉ EN EL PASILLO ME SUPO A GLORIA. Puedo morir perfectamente sin ver esa secuencia.

Ah. El film es más frío que un cadáver de cinco días enterrado en el Polo Norte. Mike Newell es un competentísimo artesano y sostiene un pulso narrativo firme a lo largo del film, pero no hay nada en la superficie: sólo un puñado de extraordinarios efectos digitales y acción sin freno. Menos mal que estas secuencias son lo mejor de la saga, sobre todo las pruebas que rodean el Torneo de Trimagos (reconozcámoslo: ¿a quién no les gustan los concursos en las que se enfrentan los protas de una peli?): Harry perseguido por un dragón, Harry convertido en pez, Harry en un laberinto... bueno, es pasable, sí, pero en el “debe” del film anotamos otra: el clímax. Lord Voldemort da puta risa. Y no me refiero a un ligero movimiento en la comisura de los labios. Me refiero a que provoca el descojone en la sala. ¿Y este tío es el Señor de las Artes Oscuras? ¿El que-no-debe-ser-nombrado-o-te-vas-a-cagar? Venga ya. Quizás el detalle más original de este personaje (que por cierto es Ralph Fiennes) sea carecer de napia, pero ni siquiera evocando la memoria de Michael Jackson consigue meternos ni la mitad de miedo que los soberbios Dementores de Azkaban. Ni por asomo. Ah, Voldemort, deja de moverte como si estuvieras bailando en Moscú. Ya vi Billy Elliot. No me gustó.

¡Pardiez! ¡Encima se parece a Camilo Sesto!

Actores: bueno... todo sigue igual, pero con un año más: Ron (Rupert Grint) sigue siendo un moñas, Hermione Granger (Emma Watson, la intérprete con más talento del grupo) es literalmente barrida del mapa y Potas sigue contando con el mismo repertorio de muecas del que hizo gala en la primera entrega de la saga. ¿Añade algo el siempre espléndido reparto de secundarios? Pche. Alan Rickman sólo tiene una escena, Maggie Smith está desaparecida en combate y Michael Gambon apenas puede poner algo de carisma a Dumbledore con tanto pelo. Brendan Gleeson, la incorporación más notable en esta entrega bajo la piel de Ojo Loco Moody es posiblemente el único soplo de aire fresco del film, que por otro lado también se encarga de masacrar a Hagrid (Robbie Coltrane), al que reduce a una bizarra historia de amor con otra profesora gigante que hubiera hecho las delicias en unas manos apropiadas como las de Cronenberg (sobre todo cuando la Sabonis se come un piojo de su barba. Yum. Yum). No me preguntaré por qué Gary Oldman sólo aparece por ordenador en una chimenea. Claro desperdicio de talento.

Y así llegamos al final de la película y al comienzo de una nueva cuesta abajo. ¿He sido demasiado duro? ¿Recibiré cartas bomba de fans de Harry Pajas en mi buzón la semana que viene? Si así fuera, espero que la nota adjunta me llegue sin faltas de ortografía y con las vocales intactas, que no es un mensaje SMS, mis adorables quinceañeros. Eso sí: tengo todos los libros de Harry Potter, así que prevenidos estáis porque se de lo que estoy hablando. De lo que estoy hablando es de que algo se ha perdido de camino a Roma: Cuarón nos entregó un cuento mágico, algo acerca de crecer, sentirse perdido, incompleto, vacío, y sólo hasta que uno descubre su lugar en un mundo fascinante; y creedme, no encontraréis ninguno de esos maravillosos detalles cotidianos en el mundo de Harry (¿os acordáis de la tercera entrega, cuando un camarero recogía mágicamente los platos sin dar importancia al asunto?) en este film. Y ni mucho menos secuencias tan memorables como el vuelo de Harry a lomos del Hipogrifo (una secuencia que pertenece ya por derecho propio a la Antología del cine infantil). Ahora, chicos y chicas, lo que tenemos aquí es, llana y simplemente, una historia acerca de cómo “El niño que vivió” aprendió a usar su varita. Y me refiero a su OTRA varita.

LO MEJOR:

- Las secuencias de acción.

LO PEOR:

- El fallo de todos los fallos: intenta ser fiel al libro, pero traiciona su espíritu. Momentos como los del tecnobaile con Harry y Ron apoyados en una mesa, aislados con sus respectivas acompañantes, como un par de solteros borrachos convierte una saga de fantasía en Al Salir de Clase. Y yo digo: que os den.

“Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orillaaaa”.

-  155 minutos. 9300 segundos. En algunos momentos, 1 coñazo.

NOTA: 5.5

PD: Evidentemente no podía faltar en un estreno de estas características el público infantil. Lo malo es que los adorables mocosos que disfrutaban de La Piedra Filosofal ahora tienen 13 años. Terrible edad, sobre todo para el sufrido espectador que debe aguantar frases tan desquiciantes como “Amo a Snape” o “Ron es monísimo” o “Al húngaro le comía de todo”, suspiros varios, cuchicheos y desprecio total por los mensajes de advertencia de espectadores con los oídos infectados y los ojos inyectados en sangre. El espectador, claro, soy yo y las criminales, cinco niñas de edades comprendidas 12 y 13 años y cociente intelectual comprendido entre -34 y 0. Desde Las Horas Perdidas enviamos un mensaje desde el cariño a los futuros novios de semejantes engendros del Averno:

Considera la masturbación.

Nota:  5,5

Rafael Martín.

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