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No se
por qué, cada vez que alguien anuncia una adaptación de videojuego, esté
firmada o no por Uwe Boll, el magnífico, mi carne se pone de gallina. Y
motivos tengo, empezando por Super Mario Bros. (que vi en el cine),
siguiendo con Tetas Raider y terminando con (madre mía, cuando se
estrene en España...) Alone In The Dark. La última de estas máquinas
de hacer dinero es Doom, está dirigida por Andrzej Bartkowiak (A.B.
de ahora en adelante), y está protagonizada por el gigantesco The Rock.
Bueno, más o menos. En cualquier caso, me gustan las pelis que se limitan a
explicarte la historia en 15 minutos y luego se lían a tiros. Dejadme en
paz: soy un hombre, soy simple. Este diciembre hace mucho frío y prefiero
esperar a que Match Point salga en video.
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Karl Urban
dando hostias. Mooola.
Total,
que nos vamos a Marte. Planeta rojo florido y hermoso donde unos zombies han
masacrado a la población científica del recinto. Ahí van unos marines
comandados por el Sr. Mastuerzo en busca de supervivientes cumpliendo a
rajatabla todos los clichés del género (hay un gracioso, un religioso, un
salido y un colgao; y les falta la cabra porque se pasaban de presupuesto)
excepto un soldado relativamente interesante que aparece por ahí y que es el
único intérprete masculino de la película que merece ser calificado como
actor. Enseguida llegamos a ese punto...
Mientras tanto, concentrémonos en los primeros 20 minutos de película donde
A.B. tiene una sola idea en mente: repetir Aliens, de James Cameron.
La idea es buena, pero el problema es que ese film es una jodida obra
maestra. Y me refiero a OBRA MAESTRA DEL SEPTIMO ARTE así, con mayúsculas,
que se distingue de entre todas las demás masacres monstruosas “marines vs.
bichos” por el hecho de que el Sr. Cameron nos mantiene con el ojete cerrado
y con las uñas en la boca aunque no esté sucediendo nada importante en
pantalla. A eso se le llama crear tensión y es una palabra que A. B.
desconoce. Todo aquel que haya jugado a Doom (o mejor aún, se haya
pasado todas sus entregas y versiones, Quake IV incluido, como he
hecho yo) tendrá que afrontar la verdad tarde o temprano: al principio mola
un huevo y te cagas de miedo pero al décimo corredor oscuro que atraviesas
se convierte en un jodido coñazo. De ahí los famosos “noclip” o “godmode on”.
Pues lo mismo durante la primera parte del film. Exactamente igual:
alimentado por una cámara en mano que intenta dar al film un aspecto
documental (que no tiene) y por una iluminación que, por
Dios,
sólo
falta que se vean los focos en pantalla. Parece que, líbranos Cristo, nos
encontramos con un producto “directo a la papelera”. Salvo por un detalle:
A.B. guarda un as en la manga. Y se llama Karl Urban.
Urban
(y también Rosamund Pike, que además de estar como un cañón es una actriz
bastante decente y tiene bastante química con Urban) merece que se le
empiece a hacer un huequecito porque darle forma y fondo a un personaje tan
plano merece un premio intergaláctico de la Academia. Es el único del
reparto que añade a su papel cierta tridimensionalidad y conforme avanza su
importancia en la trama cada vez nos vamos poniendo más y más de su lado. El
pavo no es que sea nada del otro jueves, de momento, pero es un tío que en
El Mito de Bourne rivalizó con Matt Damon en la competición “Madre
mía como mola este notas” y salió airoso. Frente a Jason Bourne, nada menos,
señores, JASON BOURNE, mi paradigma masculino junto con John McClane. O sea,
que el tío vale. Eso es un hecho.
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¿Pero que
hace una chica tan guapa como tú en un planeta como éste?
Pues
eso, que una vez han concluido los treinta minutos de presentación entre
cloacas, pasillos oscuros y tuberías de vapor, y justo cuando los
espectadores comienzan a echar de menos la luz del día, el film arranca de
verdad con la aparición de bichos por doquier (bastante mejor hechos por
ordenador que con maquillaje, increíble) que, en un increíble giro de guión,
comienzan a acabar con los soldaditos uno por uno, no de forma creativa,
pero sí violentilla. Hay que agradecer al film cierto toque gore que hace
que la acción sea más llevadera, porque, si os digo la verdad, todo suena
tanto a “ya visto” que es difícil singularizar una escena en concreto...
hasta los últimos veinte minutos.
Por si
lleváis viviendo los últimos diez años en una roca de Plutón, hay que decir
que Doom es un juego en primera persona en el que tomas la
perspectiva del protagonista. Y aquí pasa lo mismo. Lo que resulta realmente
curioso es que funciona. Funciona porque, en primer lugar, está muy bien
hecho, y en segundo lugar mantiene la misma tensión que presidía el juego:
nunca sabes por donde te van a salir los bichos, cosa que en “modo normal
cinematográfico / tercera persona” ves venir a la legua: cloaca = hay
bichos. Frase “¿Quien anda ahí?” = hay bichos. Silencio prolongado = hay
bichos. Es OBVIO.
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Florentino
Pérez, dispuesto a hacer limpieza en el Madrid.
Otro
factor distintivo de Doom (y ya termino, que este film no es
Ciudadano Kane, precisamente) es la increíblemente retorcida explicación
de “por qué hay zombis”, un batiburrillo pseudoreligioso-genético que te
asalta a mitad de película y te corta el rollo cuando empiezas a disfrutar y
comentado por la Dra. Grimm (la susodicha Rosamund Pike) que lo explica todo
con aplomo y convicción, y estoy completamente convencido de que nos
enteraríamos más del percal si se abrochara el segundo botón de la blusa.
Terminamos el capítulo de “cosas varias” con The Rock, en un claro paso
atrás en su carrera, en un papel que no le deja dar rienda suelta a sus
“habilidades” (y, por favor, tomaos las comillas como algo muy, muy
subjetivo). Justo en el momento en el que suelta la frase “A ver si
encontramos el cuerpo al que pertenece este brazo” sabes que el pobre
chaval, el único que puede reemplazar a Chuache como icono del cine mazas
gracias a su sentido del humor (que nadie me mencione a Vin “El Canguro
Superduro” Diesel) está hasta la rodilla en mierda.
Y fin.
Dejo los últimos cinco minutos (la mega pelea final) a vuestra discreción,
pero eso sí, Doom es interesante, se deja ver y está hecha para
entretener. Cuando coge ritmo, qué coño, coge ritmo. Está bastante bien
hecha, salvo algunos aspectos, y hasta tiene un par de puntos con gracia. El
perjudicado directo de todo este asunto es Paul W.S. Anderson, al que todos
le teníamos en alta estima con Resident Evil, porque me he dado
cuenta de que no es tan difícil sacar partido de un videojuego siempre que
no estés intentando hacer El Padrino. Sólo
hace falta un poco de sentido del humor y aligerar las cosas todo lo posible
para sacar adelante un producto que cumpla los estándares mínimos de calidad
para una producción de estas características, como hace el film que aquí
comentamos. Esto implica que a lo mejor el Sr. Anderson tiene una flor en el
culo (exactamente, ¿como acabó Milla Jovovich entre tus sábanas?), porque
luego nos cascó Alien Vs. Predator. Lo de la Jovovich pase...
pero por esa peli ya te pillaré algún día por la calle, chaval. Ya te
pillaré.
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The Rock y
la megapistola, hechos el uno para el otro.
LO
MEJOR:
-
Pues
que no molesta.
LO
PEOR:
-
Pues
que no molesta. Ah, y ojo con el chistecito sobre la BFG (con mi cariño y
amor a los fans del juego, como un servidor).
Nota:
  5
Rafael Martín. |