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Hace ya un tiempecito (tres años concretamente) que Emilio Martínez Lázaro
dio en la diana con El Otro Lado de la Cama, una peli que también
tenía el claro sello de David Serrano, el guionista de moda en nuestro país
(que después se lo montaría sólo y también con éxito con Días de Fútbol).
La película, a pesar de sus detractores, tenía todo lo que se le puede pedir
a una comedia: buenos gags, buenos diálogos, actores en su salsa dando lo
mejor de si mismos y de paso un surtido de canciones de los 80 y los 90
conocidas por todo cristo que aseguraban, en plena época de revival gracias
al mugriento OT, un gancho muy considerable en la taquilla. Y eso, señores,
en nuestro país son palabras mayores, ya que de unas 120 pelis producidas,
en torno a 110 pierden pasta (y no me lo invento). Que en nuestro cine
coincidan las palabras "bueno" y "taquillero" es un milagro y éste es uno de
los pocos conocidos de 2002.
Así que repetir la fórmula, siempre que se mantuviese el reparto original y
con otro buen guión entre manos, era éxito casi seguro. ¿El resultado? A
ello vamos.
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Ya estamos de nuevo a golpes.
Realmente hay poco de novedoso en esta secuela, esto es cierto. Al margen de
que los protagonistas se encuentran con nuevas parejas (Paz Vega y Natalia
Verbeke dan paso a Lucía Jiménez y Verónica Sánchez) realmente el resto es
muy similar solo que yendo un poco más allá que la anterior. Es decir, las
parejas no es que estén bien, sino que están encaminadas al matrimonio, y
donde antes había cuernos, ahora los hay, pero dentro del mismo sexo. El
resto es igual.
Con eso no quito méritos a la película. Ésta funciona como un reloj, no hay
tiempos muertos, el trío masculino protagonista sigue provocando carcajadas
tremendas, sobre todo Alberto San Juan. El peso cómico cae claramente en los
actores masculinos, haciendo que las partes protagonizadas sólo por las
mujeres sean simplemente de trasfondo sentimental y dejando por tanto los
personajes femeninos como mera excusa para las penurias de Alterio, Toledo y
San Juan. Está claro que David Serrano ha escrito con la mentalidad lógica
en su caso, la de un hombre, y por tanto son los personajes masculinos los
que se llevan el gato al agua. Entre los femeninos, las novedades de Lucía
Jiménez y sobre todo Pilar Castro, resultan bastante notables, no en cambio
Verónica Sánchez que me sigue pareciendo que discute con Fran Perea en
Los Serrano.
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Aunque lo parezca, el zorro no está vivo.
También existen fallos o problemas iguales a los de la anterior película. La
parte musical no da pena, pero desde luego no es como ver a Gene Kelly (ni
se pretende, es cierto), es evidente que no todos saben cantar, salvo Lucía
Jiménez que tiene un considerable bagaje en el tema. Al margen del atractivo
que puedan suponer esos numeritos musicales la verdad es que siguen sin
encajar en la película y no hacen más que romper el ritmo de la misma.
Digamos que su gancho es su lastre y que quizás si se hubiesen ahorrado los
numeritos salvo uno para el principio y otro para el final todos lo
hubiésemos agradecido.
Lo que si que no se puede perdonar en la película es que la imagen y la voz
estén desincronizados, incluso en algunos diálogos, no sólo en las canciones
(donde canta mucho). Queda muy cutre ver una película donde el sonido llega
antes que la imagen y estoy seguro de que no es tan complicado coordinar
eso, al menos en las partes habladas.
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¿Cómo acabarán estos cuatro?
En definitiva, novedades pocas, pero a los que les gustase la primera parte
les va a gustar esta, como a mí, a pesar de tanta canción metida con
calzador.
Nota:
   7
Javier Ruiz de Arcaute. |