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El Imperio de los Lobos
comienza con lo indescifrable, continúa con lo incomprensible, y termina con
lo inenarrable. En 128 minutos se nos cuelan policías, asesinos en serie,
transplantes de cara, drama étnico con rollito social, mutilaciones varias,
tráfico de drogas, cementerios, policías corruptos y mafiosos bañados en
ácido. Me largué justo en el momento en el que empezaban a salir los
créditos, así que creo que me perdí los platillos volantes.
De aquí a unos veinte años me permito sugerir al ilustre
historiador cinematográfico Roman
Gubern la posibilidad de nombrar a
Uwe Boll como el
director más influyente de la primera década de este nuevo siglo. Porque
este film lleva su firma impresa por todas partes. La trama no tiene ningún
sentido así que me abstendré de explicarla, pero a grandes rasgos se bifurca
como la M-30 a la altura de Bustarviejo: por un
lado hay una pareja de polis encarnados por Jean Reno y
Jocelyn Quivrin que buscan a un asesino
en serie que es la hostia de burro (“un obseso del mal”, según un forense) y
por otro una chica llamada Anna (Arly
Jover), que ha perdido la memoria y a la que han
hecho un transplante de jeta. Estas dos tramas
se juntan, se separan y se vuelven a juntar con el telón de fondo de la
inmigración turca. Y esperan que tenga sentido.
Flipanting.
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"Tranquilito chaval, que estoy desayunando y no quiero
romperte la nuca."
El film es una horterada. No se muy bien como será en
Francia, pero no creo que en los cementerios los nichos tengan un tubo de
neon en su parte superior. En esta película los
hay, y a patadas. ¿Cortes rápidos? ¿Cámara tembleque? Bingo. Y mucho más:
tampoco se como será la moda de las perillas, pero Reno bate todos los
récords: no contento con lucir un espléndido
rubio de bote, el notas lleva una increíble conjunto patilla/mostacho. Si a
eso le sumamos el hecho de que es el único actor que lleva bolsas en los
ojos encima de las bolsas de los ojos, el resultado final es realmente
perturbador.
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"Se me ha olvidado todo, pero el tubo este molaaa."
Los melómanos también disfrutarán de lo lindo con la banda
sonora bakalaera total del film. El efecto,
similar a apoyar la cabeza al lado de una taladradora de asfalto durante un
día entero, termina por anular la mente del espectador, que caerá sin duda
en las garras del director, Chris
Nahon y el equipo de guionistas, que incluye a
Christian Clavier
(que para los no iniciados es el actor que daba vida a
Astérix en la hedionda serie de adaptaciones de imagen real) y a
Jean-Christophe Grangé,
el autor de la novela original y que también escribió
Los Ríos de Color Púrpura, que
por obra y gracia de Mathieu
Kassovitz se convirtió en un
thriller la mar de cojonudo.
Total, que no la veáis. Ojo con este 2006, que promete
maravillas.
LO MEJOR:
- Nada. Ni Reno se salva. Y eso es decir mucho.
LO PEOR:
- Véase crítica.
Nota:
2
Rafael Martín.
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