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La nueva propuesta
del creador de series míticas como la irrepetible
Sherlock Holmes (a estas
alturas a nadie le importa que Londres estuviera habitada por cientos de
perros bípedos parlantes) está como siempre, espléndidamente presentada,
imaginada y dibujada. En un país mágico a medio camino entre los Alpes
Suizos e Inglaterra vive Sofía, una joven de profesión sombrerera, quien
tras un hechizo de una bruja es convertida en una vieja un poco decrépita en
lo físico y de carácter tozudo. Despavorida, huye de su casa hacia las
montañas donde con ayuda de un espantapájaros encuentra el castillo
ambulante donde se autocontrata como criada, a las órdenes del enigmático
mago Howl y su aprendiz infantil Marco (nombres éstos para las versiones
occidentales del film).
Tras la espléndida
El Viaje de Chihiro se esperaba con emoción este nuevo largometraje, que
en apariencia era menos críptico y simbólico que el primero, pero que
finalmente lo sobrepasa. A los cinco minutos del comienzo ha pasado de un
costumbrismo a lo “Mujercitas” a explotar en un ejercicio de fantasía
tremendamente efectivo que engancha poderosamente en su primera mitad. Sin
embargo, conforme el film avanza, y siempre desde a una posición muy
receptiva en la que aceptamos que todo vale, la película que hasta entonces
se había mantenido en unos límites de razonable lógica comienza a hacerse
cada vez más confusa y enrevesada en detalles concretos del guión que uno
termina por olvidar gracias al magnetismo de los personajes y a que el
metraje se divide en capítulos conectados ente sí, pero que buscan despertar
emociones independientes en el espectador: la amistad, la compasión, la
aceptación, la tolerancia, la envidia, el poder, la guerra. En realidad,
todo un rosario de emociones positivas o negativas sin medias tintas que
paradójicamente están en manos de personajes muy del estilo de Miyazaki,
ambiguos, con reacciones opuestas, ira y contradicción interna que les
dan una vida acongojante.
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El castillo aparcado en zona verde (máximo
una hora).
Entonces es cuando
poco a poco empiezan a aparecer las irremediables comparaciones con su
anterior película, y uno descubre que las gracietas del perro mudo (por
cierto, clavadito a Pulgoso, el perro de Pierre Nodoyuna) son idénticas a
las del hamster y el mosquito de Chihiro, y que el personaje
protagonista de ésta, Haku, tiene la misma voz, los mismos poderes, la misma
frialdad y el mismo corte de pelo que el mago Howl. En ambas películas hay
personajes malos que realmente no lo son tanto, otros que son maniqueos,
débiles y codiciosos, y otros que sin abrir la boca, aportan más
expresividad de la que cabría esperar de un dibujo animado. Las recurrencias
a seres extraños y terroríficos de base gelatinosa, las transformaciones en
aves y la vejez físicamente desgarbada también son recursos que no
desmerecen en absoluto esta nueva película, pero que desde luego le restan
un poco de originalidad visual teniendo el precedente tan cercano de su
anterior film.
Por otro lado, hay
altas dosis de amargura y crueldad y como en Chihiro o La Princesa
Mononoke, los personajes asumen las desgracias que el inevitable destino
les prepara a fuerza de adaptación, frustraciones y mucho corazón para
superarlas. Son los cambios de humor de los personajes, sus anhelos y su
espíritu existencialista lo que hace de El Castillo Ambulante una
gran película, aún en sus perdonables defectos.
Si Chihiro
comenzaba con el revés angustioso de los padres de la niña convertidos en
cerdos, éste parte de igual forma con la repentina transformación de Sofía.
Pero Chihiro era un film que partía de una gran dispersión de temas y
contenidos para poco a poco definir su camino e ir ubicando al espectador en
una línea de progresión temática concreta. El Castillo Ambulante hace
lo contrario, parte de una línea argumental muy sólida para ir poco a poco
introduciendo caminos sin salida, visiones de guerra, de infancia y una
oscuridad que no terminan de cuajar y que concluyen apresuradamente en un
final anodino y pasado de azúcar.
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Versión animada de Carmen de Mairena.
Los valores del filme
son muchos y notables, pero se descubre que lo que nos emociona de la
película son todos los elementos que ya vimos en El Viaje de Chihiro,
su banda sonora idéntica, sus personajes ambiguos, su colorido y su fantasía
desbordante, ahora al servicio de una historia diferente y poderosa aunque
algo dispersa.
LO MEJOR:
- Los personajes,
algunos incómodos, pero aportando humanidad a raudales. El espantapájaros es
imprescindible.
LO PEOR:
- Sin ser
especialmente grave: la ultima parte del film, con su visión apocalíptica de
la guerra, motivos poco explicados, y su final almíbar en dos minutos.
Nota:
   7,5
Jesús Manuel Rubio (colaborador).
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