|
Hace
poco vi la de Sky High. Fenomenal, oyes. Divertida, ocurrente y
tierna sin ser un merengazo, el film se las apañaba perfectamente en sus
escasitos 90 minutos con efectos especiales sorprendentes, buen ritmo e
interpretaciones de lo más correcto (en especial las de Kurt Russell y su
chaval en la peli, Michael Angarano, el mítico “¡¿Once años?!” de Casi
Famosos)
dentro de un producto que es perfectamente consciente de sus limitaciones
pero que no confunde “hacer pasar un buen rato” con producto “con el piloto
automático puesto”.
Zathura,
como lo fue Jumanji hace once años, es una chorrada. Hombre, se
agradece que los protagonistas sean niños de verdad y no Robin Williams con
sus pelos asomando por las mangas, pero a diferencia de Sky High, el
film de Jon Favreau (que dirigió la hedionda Elf, de Will Ferrell,
película que permanecerá en mi memoria porque aparecía un enanito con
mostacho y la voz de... Jose María Aznar) ni se molesta. Como la cosa vuelve
a ir de un juego pues nada, a meter pruebas y pruebas y más pruebas (ahora
llueven meteoritos, ahora un robot, ahora nos caemos a un planeta) hasta que
se termine el juego y todos hemos aprendido una valiosa lección: la familia
es lo primero (y la Play 2 es mejor).
.gif)
"Jaaaaaa, paaaapa, dame pa tripis que tengo
el mono y quiero ver las estrellas."
En
esta ocasión, tenemos a dos hermanos compitiendo por ganarse el cariño de su
padre divorciado (que es nada menos que Tim Robbins, el héroe del pueblo,
que aparece brevemente para cobrar e irse al banco). Uno de ellos es un
deportista y futuro abusón universitario y el otro es el “sensible e
imaginativo” hermano pequeño. Centrémonos en este último porque, si bien no
soy defensor del castigo físico a los infantes, he aquí a un chaval que me
ha hecho cambiar de opinión. Ese crío es imbécil y es una gozada verle en
peligro, a pesar de que sabemos que va a sobrevivir, maldita sea, pero sólo
con imaginarle cayendo en llamas hacia una estrella a punto de explotar se
nos dibuja una sonrisa en la boca.
Es
evidente que el casting, en una película infantil, es esencial. Recordemos
todos un minutito a la vomitable niña de Parque Jurásico, El Mundo
Perdido, que extermina a un velocirraptor tras dar dos piruetas de
gimnasia, momento en el que el film, lo dirija Spielberg lo dirija San
Pedro, se va a la mierda por autopista. Aquí sucede lo mismo, pero peor.
Justo en el momento en el que parece que hay un asomo de tensión, aparece el
niño moñas y todo se va a hacer puñetas. A pesar de que la película nos
advierte de su grado de retraso mental (es incapaz de coger una pelota que
le lanza su padre tres veces seguidas) el efecto nos sigue pillando a contrapié.
.gif)
La casa espacial.
Otros
dos actores que aparecen por ahí son la hermana mayor, Kirsten Stewart (la
hija de Jodie Foster en La Habitación del Pánico que, siguiendo los
cánones de Hollywood y sus niñas, va camino de convertirse en un pibón) y el
prácticamente desconocido cómico Dax Shephard (una especie de Zach Braff de
metro noventa), que hace de astronauta perdido... ojo, porque es el único
punto bueno de la peli y no quiero desvelar nada, pero de haberse
desarrollado un poco más, el film hubiera subido muchos puntos porque es una
forma magnífica de meter a un actor secundario.
Oh,
sí, hay ritmo (también lo tenía El Gran Juego de la Oca) y los efectos
especiales son muy buenos. Además, es de esas producciones intrascendentes,
que no molestan y que por lo menos hace que los padres no se arrepientan de
haber llevado a los niños al cine. Lo que sucede es que eso del piloto
automático es una cosa que juzgo según me de el día. En este caso pues a lo
mejor la he acusado con un poquito con crueldad, pero es que acababa de ver
¿Quien Engañó a Roger Rabbit? y resulta que eso sí que era una
película infantil como Dios manda. No vamos a molestarnos más.
Nota:
  5
Rafael Martín. |