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El superagente Ethan
Hunt (Tom Cruise) que trabaja para el FMI (y no es el Fondo Monetario
Internacional) está a punto de casarse con su preciosa novia Julia (Michelle
Monaghan), la cual, como Dios manda, no tiene ni la más remota idea de lo
que hace el señor Hunt cuando va a currar por las mañanas. Resulta que
nuestro chico ahora es instructor y enseña a los nuevos agentes a dar
collejas mortales. El problema surge cuando una antigua alumna aventajada es
secuestrada por Owen Davian (Philip Seymour Hoffman), un malvado
megatraficante de armas que no tiene ni una idea buena el jodío. Pues ya
tenemos el pifostio montado porque Ethan Hunt ha decidido volver al equipo
titular.
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El superequipo espía.
Bien, como fiel seguidor
del hombrecillo que gusta de merendar placenta de recién nacido (como diría
Javi) estaba temeroso pero deseoso por ver qué nos iba a ofrecer esta
tercera entrega de Misión: Imposible. Yo rezaba porque se pareciese
mínimamente a la primera parte, con buena calidad cinematográfica y dosis
aceptables de flipada, pero planeaba el fantasma de Misión: Imposible 2
con los palomacos de John Woo y las cabriolas del tito Tom en la moto,
inmerso todo ello en la absurdez narrativa personificada. Pero dentro del
vaivén de directores apareció el hombre “perdido” (socio de nuestra página,
claro) J.J. Abrams para constatar que el Tito Tom tiene mucha potra.
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El desayuno de los campeones.
¿Por qué digo esto? Pues
porque a Tom Cruise hay que saber controlarlo ya que si por el fuera la
película sería un primer plano de su cara sonriendo, pero Abrams ha sabido
dar una de cal y una de arena impregnando toda la peli con su personalidad,
y es que hay momentos que desprenden un olorcillo a Alias que tira
pa´ atras. El guión es algo que ha mejorado notablemente desde la última
vez, es fresco, dinámico y lleno de chascarrillos que demuestran que ésta
película no se toma nada en serio a sí misma, huye de cualquier pretensión
que no sea la de divertir. Yo realmente pienso que Misión: Imposible 3
es una gigantesca parodia de todo el cine de superagentes secretos, es como
un Hot Shots a lo bestia pero rodado de una manera impecable.
En cierto modo no deja
de ser una serie de secuencias a cada cual más espectacular e inverosímil,
pero tiene una trama decente con algún que otro giro sorpresa (no es nada
del otro mundo pero tiene su aquel) que las entrelaza sin que parezca un
documental de deportes de alto riesgo con pistolas. Aun así, cuando la peli
arranca, alcanza un ritmo brutal, no te deja ni un respiro y lo bueno es que
a pesar de todo no llega a marearte, en todo momento sabes donde estás, qué
esta pasando y por qué esta pasando.
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Salva a la chica y dispara a la vez. Todo un
héroe.
En mi opinión el
responsable de que la peli funcione es Abrams, que dirige el cotarro con
mano maestra (como diría Rafita) y que se marca unas escenas de acción
tremendas. Muchas de ellas son una sobrada, por supuesto, pero rebosan
elegancia y tienen cierto punto de credibilidad más que nada por cómo están
planteadas dentro de la película. Y es que se nota que hay cierto aire de
cachondeillo y si no estad atentos, por poner un ejemplo, a la explicación
que da Benji (Simon Pegg), el tío del laboratorio, sobre lo que el cree que
es la “pata de conejo” (si, habéis leído bien, pata de conejo, es como la
caja de Ronin) y sus consecuencias, realmente parece de coña y no
sólo por el nombre. El caso es que hay una sensación como de buen rollito en
el ambiente, es algo parecido a lo que pasa en Arma Letal 4.
El reparto es
espectacular, aparte de Tom Cruise (Ethan Hunt) que está tan profesional
como siempre, correteando de acá para allá y utilizando sus típicos
registros, también podemos ver al oscarizado Philip Seymour Hoffman (Owen
Davian) en plan cabroncete, simplemente genial. Billy Crudup (Musgrave) y
Laurence Fishburne (Bressel) como secundarios de lujo y repitiendo está Ving
Rhames (Luther Stickell), que es el secundario que más peso tiene dentro del
grupo de operaciones ya que los otros dos están bastante olvidados, la
verdad, y eso que uno es Jonathan Rhys Meyers (Declan), al que vimos en la
gran Match Point.
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Placenta, pura energía.
Pues sólo deciros que
yo he disfrutado de todos y cada uno de los 126 minutos que dura la peli,
puro espectáculo y entretenimiento pero siempre bajo control y con la
seguridad que da tener un buen guión, una historia sin cabos sueltos y unas
grandes actuaciones. Eso si, no la toméis muy en serio porque ella misma no
lo hace.
Nota:
   7
Daniel Rayado. |