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Desde
mi punto de vista, cada vez es más difícil explicar las películas sin
destriparlas cuando su guión, su interpretación y su puesta en escena se
dirigen hacia un único punto: el final. Sí, amigos, del archivo “películas
con final sorpresa” llega Tránsito, traducida del original Stay,
quédate, en
la que Marc Forster (Monster's Ball), director y David Benioff (La
Última
Noche,
Troya), guionista, nos preparan otro cocido psicológico de cuidado.
En
esta ocasión el niño traumatizado es Henry Letham (Ryan Gosling, hasta las
cejas de Prozac), un chaval que anuncia a su psicólogo, Sam Foster (Ewan
McGregor, aportando su habitual profesionalidad a otro personaje
completamente vacío) que se va a suicidar en tres días. Como resulta que la
novia de Foster (Naomi Watts: qué aporta exactamente no lo sé) intentó
quitarse la vida años antes, ya tenemos el motor que mueve a Sam a intentar
salvar la vida del pobre Henry, metiéndose en situaciones cada vez más
bizarras que se explican al FINAL. Más o menos.
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La hijalagranputa.
Muchos
de vosotros empezaréis a adivinar por donde van los tiros, y muchas veces
creo que es necesario descartar cierta lógica (sobre todo en un film de
estas características) para provocar cierta incertidumbre o sensación de
desasosiego. Tránsito ofrece estas virtudes en parte, principalmente porque Forster (el director) realiza un despliegue sin parangón de efectos visuales
realmente imaginativos (Sam entrando en una habitación inundada o EL FINAL,
sin más), pero el problema es que el mensaje se pierde en alguna parte entre
tanta intriga. Por mensaje me refiero a una idea clara que intente
transmitir la película (y aquí empiezan las referencias en una especie de
semidestripe que aumenta según leáis): El Sexto Sentido ofrece una actitud
ante la muerte sujeta a corregir las acciones que no pudimos hacer en vida,
Abre Los Ojos examina las consecuencias de enfrentarse a un mundo hecho a
nuestra medida. Tránsito no ofrece nada de
esto a pesar de que la idea
inicial es muy interesante: un personaje extraído de la imaginación de otra
persona, ¿podría albergar sus propias ideas sobre la realidad?. Pajas
aparte, el film no va de personajes, sino que es un misterio sin resolver,
lo que perjudica mucho a la peli, que termina siendo un completo caos
conforme el mundo de Foster (o sea, McGregor), se va disolviendo ante sus
ojos.
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Sí, es el joven Hércules.
No es
que sea una película mala. Es que sigue unos derroteros muy vistos
últimamente y confía que el final sea lo suficientemente satisfactorio para
explicar las situaciones extrañas que se nos plantean a lo largo del
metraje. Para mí no lo es, porque si bien Forster maneja la intriga con
corrección, una vez descubriendo el truco muchos se sentirán estafados
porque, sencillamente y en el más puro estilo de Sospechosos Habituales,
todo lo que hemos visto antes, como diría Anthony Blake ha sido producto de
nuestra imaginación.
PD: Y
por si hace falta rematar esta crítica, me doy cuenta de que sólo he escrito
cuatro párrafos. O sea, que mejor en vídeo.
LO
MEJOR: No es especialmente horrenda, pero dadas las posibilidades, creo que
se podría haber sacado mucha más chicha, especialmente con semejante
reparto.
LO
PEOR: Aplíquese aquí la frase anterior.
Nota:
  5
Rafael Martín.
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