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Alguien tenía que hacer la crítica y le ha tocado al pavo que os comentó
Infiltrado, Cazadores de Mentes y Alone In The Dark. Respirad.
El Código Da Vinci no es tan mala... pero por ahí anda.
Comentaba mi amigo Jorge, y otra cosa no será pero buen criterio tiene, que
al fin y al cabo, El Código Da Vinci sólo
es un libro, entretenido, que no pretende ser otra cosa más que un
divertimento pasajero sin ánimo de darse de hostias con El Quijote.
Yo suelo escribir, y el tema de la literatura, merced a todos los libros
que me han obligado a tragar en la facultad de Pidiodismo, me toca un poco
más de cerca. Creo que Brown intentó hacer un estudio serio acerca de la
descendencia de Jesucristo y toda la mitología que rodea a esta idea junto
con un cierto ánimo de polémica enfrentada a las convenciones católicas
convencionales, y a la cuarta editorial que se pegó la patada en el culo
decidió afrontar el tema de una forma digerible para el gran público y que
no le convirtiera en el saco de las risas de la comunidad intelectual
teológica: El thriller de ficción donde tenemos al alter ego del escritor (Robert
Langdon, que no pasa de ser un pedante de cojones), el alter ego del
público, en la forma de Sophie Neveau, que no sabe de que va la vaina, y
como en todo thriller, los malos. Brown, de teorías sabe mucho, pero de
escribir una historia ni idea, por la razón más vieja del mundo: los
personajes nos importan un huevo, porque no existen.
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Misssssssssssssssteriooooooooooooooooooo.
40
millones de copias después, era obvio que alguien tenía que hacer una
película de todo
esto.
Simplemente, el libro es una máquina de hacer pasta de la leche. Una
adaptación cinematográfica del libro debería haber durado menos, haber
desarrollado más a los personajes, incluir alguna nota de humor y sobre
todo, reducir las explicaciones al mínimo: el 90% del film es “alguien
sentando cátedra sobre algo”. Y eso no es nada bueno, amigos, pero viendo
quien lo firma, no es extraño. El único e inimitable Akiva Goldsman,
guionista de Batman & Robin.
Por
supueeeeesto que el film es “interesante”. Lo único que hace es explicarte
cosas. Y más cosas, y más cosas, siguiendo al pie de la letra la estructura
(e, incluso juro, los puñeteros diálogos del libro palabra por palabra).
Pero no es un documental, ¿no? Es una peli, ¿verdad? Es un thriller, ¿ein?.
Entonces...
¿por qué no es emocionante?. ¿Por qué no es sorprendente? ¿Por qué las
persecuciones son tan aburridas? Por la sencilla razón de que es una
adaptación cojonuda de un ensayo, de una novela que nunca pretendió ser una
novela porque era consciente de que si no hubiera metido un par de tiros de
por medio nunca hubiera sobrepasado el nivel de panfleto de Iker Jimenez. No
deja de ser una simple opinión, pero creo que incluso los más acérrimos
seguidores del libro reconocerán que al margen de los cientos de miles de
teorías retorcidas que se exponen, al margen del interés pseudoreligioso que
pueda despertar, El Código Da Vinci no tiene nada más.
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Un monje con el pelo blanco y una pistola. Tiene que ser
malo.
Y he
aquí el “film”. Ron Howard siempre me ha parecido un buen narrador de
historias, cuando las tiene y no son El Grinch. Apolo 13, veáse.
Es un profesional compentente. Pero como Peter Jackson o Robert Zemeckis, no
tiene personalidad ninguna. No deja ningún rastro suyo en la película. Eso
no me importa: el film no es una peli de David Lynch, pero dado que es un
material tan plano, algo podría haber hecho para aligerar los 149 minutos,
que pesan, por cierto, como un piano.
Los
actores podrían haber entrado directamente en la categoría de “¿a quién coño
LE IMPORTA?”, pero vamos a hacer un inciso con Tom Hanks, que ha entrado
definitivamente en el maravilloso mundo de “págame 20 kilos y enseño mi jeta”,
en el terreno de la publicidad cinematográfica en la que las capacidades
interpretativas no importan y donde lo único que cuenta es prestar la jeta a
un personaje en el que sinceramente, fuera quien fuera hubiera dado igual.
Sin embargo, la marca Hanks tiene enjundia, así que es una decisión lógica,
como es la de pillar a Paul Bettany (en su papel ensayo para Joker, en
Batman Begins 2) o a Alfred Molina, o incluso a Ian McKellen (que se
descojona de todos). El auténtico chorracasting es el de Audrey Tautou.
Me gusta Tautou,
pero sólo
hay un director que haya sido capaz de sacarle
partido y ese era Jeunet. Si nadie se molesta en darle
dos líneas que valgan la pena, la chica es una maceta. Demasiado frágil para
imponer o importar algo.
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"Rápido, métetelo en el bolsillo."
El
Código Da Vinci ha recaudado 224 millones de dólares en un fin de semana
en todo el mundo. Era obvio, la opinión de los críticos ni ha sido, ni es,
ni será un aliciente que empuje a ver un film en masa. Sin embargo, creo que
es de rigor que el espectador atento avise a sus colegas de lo que les
espera en la sala: un mastodonte de dos horas y media sin asomo de tensión,
bastante aburrido y que sirve, principalmente, como una especie de
audiolibro de esos que tanto están de moda hoy en día y que, a falta de la
edición de bolsillo del libro, vale perfectamente como píldora comprimida.
Porque es igualito que el libro de Brown. A ser posible, que nadie más vaya
a verla, porque si no el año que viene tendremos la adaptación de Ángeles
y Demonios y creo que se a quien le va a tocar comentarla...
LO
MEJOR:
- Competentemente
realizada.
LO
PEOR:
-
El
guión, los actores, el tedio, la monotozzzZZZZzzz...
Joder. Ni una escena en concreto se me ha quedado
Nota:
 3
Rafael Martín.
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