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Leo en el foro que
X-Men: La
Decisión Final,
se ha convertido en la segunda película que más dinero ha recaudado en su
“opening day”, que llaman los americanos. O lo que es lo mismo, su día de
estreno, para los que hablan manchego.
No me extraña. La
película cumple. Puede que sea más de lo mismo, pero concentrado (una hora y
tres cuartos, aproximadamente), pero las constantes de la saga permanecen.
Léase: Mutantes buenos se enfrentan contra mutantes malos bajo la sombra de
la marginación. La idea de que los mutantes son un grupo socialmente
repudiado es la mejor que ha tenido esta serie de películas de superhéroes y
esta tercera entrega la explota a la perfección. En este caso, se trata de
una cura capaz de revertir las habilidades de los mutantes y volver a
convertirlos en personas “normales”. ¿Es justo? ¿Sería una medida
obligatoria? ¿Supone una solución al rechazo social o es una medida de
exterminio?
Afortunadamente,
quien tiene la respuesta correcta es Brett Ratner. Y la solución es: ME
LA SOPLA.
X-Men 3
(reducido, por amor a mis dedos) es un fostiazo de 100 minutos de duración
donde no hay que preocuparse mucho por estos temas. Y Ratner es el director
correcto: no sólo no tiene estilo ni personalidad propias, sino que mimetiza
descaradamente la técnica del director que le precede, ya sea Ridley Scott o
Jonathan Demme en El Dragón Rojo o Bryan Singer, en el film que nos
ocupa. Lo que sí sabe hacer Ratner es dirigir secuencias de acción, y la
película en este caso, va sobrada.
Esto levanta, en mi
opinión, muchas cuestiones acerca de la labor precedente de Singer. Las dos
primeras entregas de la saga tenían, por así decirlo, una especie de “clase”
que aquí no se ve por ningún lado. Pero aun así, salvo por el hecho de que
la tercera entrega mutante contiene algunas de las frases más espeluznantes
que jamás se escucharán en el cine (“Nunca subestimes la furia de una mujer
despechada”. Hostias), a mí no me pareció tan importante que las cuestiones
personales de los personajes quedaran reducidas al mínimo, cuando estaba
viendo el Golden Gate de San Francisco volar, literalmente, por los aires.
X-Men
se ha caracterizado por tener, junto con Batman Begins, un casting de
excepción, así que no es realmente necesario profundizar mucho en papeles
cuando los interpretan con empaque y aplomo Halle Berry, Hugh Jackman,
Patrick Stewart, Ian McKellen o un sorprendente Kelsey Grammer. Por
supuesto, hay auténticos pardillos en juego (lease Ben Foster como Angel o
Vinnie Jones como Juggernaut, en particular este último, parece que están de
coña), pero la gracia del asunto reside precisamente en que ocurren tantas
cosas que nadie disfruta, salvando Berry, Jackman, y una espléndida y
aterradora Famke Janssen, de más de un par de minutos en escena.
Y eso. X-Men 3
es una peli de acción y va sobrada: el rescate de Mística a manos de
Magneto, la pelea en casa de Jean Grey (donde su malvado y superpoderoso
alter ego comienza a revelar su poder) y la batalla final en Alcatraz son
puro deleite visual y sonoro. ¿De verdad hacían falta los 135 minutos de
película de la segunda parte para convencernos de que cada vez que sale una
peli de X-Men, aparece una razón magnífica para comprarse un cubo de
palomitas?.
PD: La película es
bastante impactante en algunos momentos (de la serie, es la que mayor
cantidad de víctimas acumula por minuto, la mayoría de ellas a cuenta de
Lobezno, completamente enfarlopado, y Fénix), pero no puedo dejar escapar a
cierto mutante conocido como Arco Voltaico. Como nuestros miedos más
profundos, siempre está ahí, en la esquinita de cada plano, detrás de
Magneto, o de Pyro, siempre en el fondo, esperando, clavando su mirada en
nosotros y provocándonos erecciones en el vello. Sólo al final, como
Juego de Lágrimas, se revela su secreto. Es una chica. Ahí va la foto.
PELIGRO: IMAGEN NO
RECOMENDADA A MENORES O A CUALQUIERA QUE TENGA UN MÍNIMO DE DECENCIA.
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Chan-Chan-Chaaaaaaaaan.
LO
MEJOR:
-
Entretenida,
espectacular, corta y narración comprimida al límite: es imposible que pasen
más cosas en menos tiempo.
LO PEOR:
-
Como film normal y
corriente, no mucho. Dentro de la saga, le faltan los toques de grandeza de
Singer (que, por otro lado, tampoco es que fueran imprescindibles).
Nota:
   6,5
Rafael Martín.
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