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Shafiq, Ruhel, Asif y
Monir son cuatro jóvenes británicos de origen paquistaní. Con motivo de la
boda de uno de ellos, todos acuerdan viajar a Paquistán y una vez allí
deciden visitar Afganistán. Esto sucede en octubre de 2001, justo después de
los ataques del 11-S y como ya os estaréis imaginando nuestros mozos serán
apresados y trasladados a Guantánamo como miembros de Al Qaeda.
Tras Código 46,
película tremendamente cultureta que personalmente me gustó mucho pero que
tuvo una muy pobre aceptación, Winterbottom vuelve con Camino a
Guantánamo para relatarnos las penurias de unos pobres chavales tomados
por terroristas a manos de la arrolladora máquina justiciera que es EE.UU.
La película es una
mezcla de documental y drama que se desarrolla a modo de reconstrucción de
los hechos (en plan Sucedió en Madrid, pero mucho más currao), parte
de ello rodado para la película y otra parte sacada de imágenes de archivo.
Esto se intercala con las declaraciones de los tres supervivientes reales de
la historia. El resultado es un relato con pelos y señales desde el momento
en que salen de Tipton (Inglaterra) hasta que son puestos en libertad unos
dos años y medio después.
Empieza a un ritmo
muy acelerado, presentando rápidamente a los personajes de manera un tanto
liosa y mareándonos con las primeras fases del viaje en las que están
continuamente cogiendo distintos medios de transporte (a cual más roñoso) y
cambiando de ciudad cada dos por tres. Una vez en Afganistán, es donde
empiezan a pasarlas verdaderamente putas, y a partir de ahí, la peli se
reduce a una sucesión de maltratos, torturas y vejaciones que se desarrollan
tanto en cárceles similares a la de Abu Ghraib como posteriormente en
Guantánamo.
Camino a
Guantánamo es una película necesaria que da pie a que cada uno opine
sobre el tema político, pero en sí misma no ofrece ninguna opinión crítica
ni se implica de ninguna manera, ya que lo más subjetivo que ofrece son
imágenes de archivo de Bush y de Rumsfeld diciendo sandeces que se critican
por sí solas. Ahora pensaréis, joder, si las declaraciones de los tres
supervivientes no son subjetivas, ¿qué es subjetivo?. Pues bien, es que ni
siquiera ellos critican a EE.UU., a las autoridades británicas, a la guerra
o la madre que los parió (yo me hubiese cagado hasta en sus muelas), lo
máximo que dicen es que ha sido una experiencia dura que les ha servido para
fortalecerse, el resto es un relato al milímetro de lo que les pasó. A mí
este estilo de ofrecer sólo los hechos, aunque podría ser lo más adecuado,
en este caso no me llena porque los hechos en sí no son nada interesantes,
simplemente es un muestrario de torturas, con lo que a la media hora estás
asqueado y aburrido. El problema es que para contar lo que sucede en
Guatánamo, que es lo más interesante, hubiese bastado con cuarto de hora de
película.
Desde otro punto de
vista, sabiendo todo lo que sabemos y teniendo en cuenta que últimamente
proliferan los documentales y películas de carácter fuertemente crítico con
el gobierno estadounidense, puede ser buena idea el no hacer un documental
criticón más y dejar que los hechos y las experiencias reales de estos
chavales, contadas de un modo objetivo hablen por sí solas. Aún así resulta
larga y desagradable, lo que no sé si es un defecto o una virtud, ya que si
Winterbottom lo que quiere es que estemos incómodos y que lo pasemos tan mal
como los pasaron ellos, de esta manera lo logra.
Nota:
  6
Daniel Rayado. |