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Tras hacer innumerables versiones de la misma historia con La Maldición,
Takashi Shimizu nos trae Seres Extraños. Por suerte y al margen de
tratarse de una peli de terror, la historia no tiene nada que ver con la
anterior, ni siquiera tira por la vía del fantasma vengativo ni nada por el
estilo. Ahora bien, que eso tampoco os conmueva demasiado, porque si esa
clase de películas pecaban de repetitivas y previsibles esta también tiene
sus pegas, y no son pocas.
Seres Extraños nos presenta a un tipo solitario, de vida austera que
se pasa el día grabando chorradas en su cámara en busca del miedo más
profundo. Tras grabar un día como un tipo se apuñalaba su propio ojo,
nuestro protagonista decide embarcarse en la búsqueda de lo que provocó
semejante acto, el miedo que llevó a ese tipo a taladrarse su globo ocular.
En su búsqueda encuentra a una joven en pelotas que bebe sangre humana y a
la que adoptará en su casa a modo de mascota.
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La bicha en bolas.
Si La Maldición y sus secuelas/remakes pecaban de simplonas y de ser
una sucesión de muertes sin demasiadas conexiones a manos de un fantasma con
las ya clásicas facciones de la mujer siniestra con pelos raros, Seres
Extraños resulta ser una paranoia mental del protagonista (y supongo que
del director) que va de profunda y misteriosa, pero que está más vacía que
la cabeza de Uwe Boll un día de resaca. Takashi Shimizu ha pasado de lo
simple a la flipación artística (con alguna que otra perversión de por
medio) en sólo un paso. Es como si hago un muñeco de palos y acto seguido un
videoarte sobre las reflexiones de mi huevo izquierdo. ¡¡¡Ande vas, Takashi,
ande vas!!!
Se trata de una película cuyo mayor logro es el conseguir de principio a fin
una atmósfera de los más enfermiza, pero que al final no vale para nada, con
una de esas moralejas raritas orientales que se ve venir desde mitad de la
historia y que a mí desde luego no me dice nada. Estoy seguro de que la
película tendrá defensores, pero me sucede con ella como con la famosa
película Arrebato de Iván Zulueta (incluido el rollo del vampirismo más o menos
metafórico), que me suena a paja mental de director raro o seriamente
perjudicado por a saber qué sustancias. Ambas pelis enganchan, pero son (o
más bien parecen) una cosa muy densa y trascendental, que al final aburre a
las piedras y que cuando concluye no nos ha llevado a ningún lado.
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El tío raro.
También existe la posibilidad de que yo tenga una tara mental y no sepa ver
más allá de la historia. Pero después de ver hora y media de imágenes de un
tío soso grabando con su cámara, diciendo paridas en voz en off y que no
habla más que con un par de tipos/seres misteriosos (no más de dos o tres
frases, por si nos perdemos en los diálogos), sinceramente, me la trae al
pairo si hay un significado oculto en todo ello. Al prota le daría una
colleja y sus movidas aburren.
En fin, si os van las cosas muy raritas y misteriosas y todo eso de buscar
el miedo más profundo en el interior de uno mismo (con cámara de video y
reflexiones trasnochadas), la película puede que os resulte interesante. Si
no, seguro que os acojona más un episodio de los Teletubbies.
Nota:
 3
Javier Ruiz de Arcaute. |