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AMERICAN DREAMZ

Direción: Paul Weitz

Guión: Paul Weitz

Reparto: Hugh Grant, Dennis Quaid, Mandy Moore, Willem Dafoe, Jennifer Coolidge, Sam Golzari, Marcia Gay Harden, Chris Klein

Fotografía: Robert Elswit

Montaje: Myron I. Kerstein

Música: Stephen Trask

Productores: Rodney M. Liber, Andrew Miano, Chris Weitz, Paul Weitz

Productores ejecutivos: Kerry Kohansky

Productora: NBC, Depth of Field

Distribución: UIP

Atentos al argumento: un concurso de televisión tipo Operación Triunfo presentado por un individuo egocéntrico e inaguantable (Hugh Grant, quien si no), prepara su nueva edición con un invitado de excepción como miembro del jurado: el presidente de los Estados Unidos (Dennis Quaid), un hombre QUE NO ES GEORGE BUSH, POR FAVOR pero que cree que Corea del Norte y China son el equivalente político del Dr. Octopus y Magneto, manipulado a sus anchas por su Jefe de Gabinete (Willem Dafoe). Su presencia es el detonante para que se active un plan terrorista llevado a cabo por uno de los participantes del concurso (Sam Golzari) que para ello tendrá que ganar a la nueva novia de América, que en realidad es un putón desorejado (Mandy Moore), que acaba de dejar a su novio bobainas (Chris Klein) para triunfar a toda costa en el mundo del espectáculo estadounidense, que a priori no tiene mucho que ver con el desarrollo de la política internacional pero como el Pisuerga pasa por Valladolid, ¡que demonios!, es la excusa perfecta para demostrar que en el siglo XXI, TODO ESTÁ RELACIONADO.

Paul Weitz es un director tan bueno como el material que le dan. American Pie te puede hacer gracia, pero si te mueve a hacer una reflexión profunda, lo siento: eres imbécil. Por otro lado, en el momento en el que cae en sus manos un libro de Nick Hornby, el tío va y hace Un Niño Grande y le sale un peliculón por los cuatro costados. En este caso, el libreto de American Dreamz está escrito por el propio Weitz, al que hay que agradecerle el saludable sentido del humor que destila la película, que sin embargo está lastrada por un pequeño problemilla: no tiene sentido.

Presidente y presentador.

Premisa A: Operación Triunfo da asco. Premisa B: El  Presidente de los Estados Unidos, es subnormal. ¿Hay alguna forma de relacionar la premisa A con la premisa B? Si la respuesta es sí, felicidades: sois los próximos Premios Nobel de las Ciencias Aplicadas. American Dreamz parecen dos películas distintas que se relacionan al final, de una forma abrupta y, la verdad, bastante incomprensible: el Presidente aparece en el programa porque no ha realizado ninguna aparición pública al estar sumido en una crisis de identidad que tiene lugar en el momento en el que empieza a leer los periódicos. Sin embargo, es realmente imposible creer que la mejor manera de levantar el ánimo (y la popularidad) sea participar en el OT. Y sin embargo, ahí tenemos a Urdaci en el Club de la Comedia, así que puedo acabar comiéndome mis palabras.

Las dos partes, por separado, resultan ser en general, cal y arena.  La parte del concurso está llevada a hombros por Hugh Grant y, atención, la cantante norteamericana Mandy Moore. Grant es Grant haciendo de “la nueva versión de Hugh Grant” adaptada a los nuevos tiempos en los que Cuatro Bodas y Un Funeral es considerada una peli de monjitas. Es el mismo cabronazo que robaba las escenas de Bridget Jones y que se elevaba a las alturas de mito contemporáneo en Un Niño Grande. Da gusto verle moverse por el escenario, despachar a sus subordinados o gritar “¡Quiero frikis!” durante el casting de los concursantes. Mandy Moore es una sorpresa. La cantante/actriz está eligiendo papeles un poco más peliagudos que los de sus compañeras y es de agradecer que afronte su papel con buen sentido del humor y convicción, al margen de la brillante relación que comparte con el personaje de Grant, aunque sea más bien por el guión que por la química que desprenden esta pareja de víboras. Por lo que toca al Presidente, para qué nos vamos a engañar, hay papeles para los que Dennis Quaid (que ha dado el pego como All American Hero toda su vida) no está preparado, y parece más cerca de Leslie Nielsen que de su referente real (QUE INSISTIMOS, NO ES GEORGE BUSH) pero Willem Dafoe salva hasta la tercera entrega de Condemor, y en este caso el maquillaje hace milagros, porque da realmente grima y es uno de los pocos miembros del reparto que realmente sabe equilibrar la parodia y el realismo en su interpretación, porque hay que mencionar que en muchas ocasiones, los actores se comportan como meras caricaturas. Señalo en particular a Chris Klein, que ya no engaña a nadie con esa jeta de colgado y que podría haberse pegado un tiro en el cráneo tras hacer ese revolucionario producto de higiene anal que era el remake de Rollerball.

"¡Quiero ser Chenoa!"

El verdadero puntazo de American Dreamz son los secundarios a los que, en medio de este reparto, se les pilla con el rabillo del ojo y están libres de la doble carga moral del film. Veréis: el otro gran protagonista de la historia es el bueno de Omer Obeidi, el pobre diablo al que sus compañeros terroristas envían a Estados Unidos y que inesperadamente se convierte en el arma letal destinado a acabar con el Presidente. A pesar de que el relativamente desconocido Golzari da lo mejor de si mismo dando vida al terrorista más inútil de la historia y lo hace muy bien, queda barrido del mapa por su primo Iqbal (Tony Yalda). Esto que voy a decir puede sonar retrógrado, facha y realmente asqueroso en los tiempos que corren, pero Iqbal pierde aceite a litro por minuto y cada vez que entra en acción la pantalla se llena de plumas, pero da igual: consigue arrancar las carcajadas de toda la audiencia cada vez que aparece en la escena, porque su personaje no tiene trascendencia en la historia y campa a sus anchas, al igual que el “rabino rapero”, otro de los participantes. Iqbal es realmente gracioso porque en ningún momento la película te fuerza para hacerte creer que es gracioso.

Porque el problema de American Dreamz, aparte de mezclar churras con merinas, es que encima, no se atreve a llegar al final de lo que te propone. Cárgate al Presidente de los Estados Unidos. Cárgate al presentador. Cárgate a los participantes. Pon a un palestino como jefe de Estado de la mayor potencia militar del mundo. Con todo lo que Weitz nos ha ido proponiendo a lo largo de la historia, se agradecería un final apocalíptico y disparatado, pero Weitz termina apostando por lo segurito, y eso es lo que da más rabia. Hasta ese momento, las risas habían sido el perfecto altavoz para levantar una sonora denuncia, pero no hay ningún mensaje provechoso que sacar de una película que no se corta en retratar al presidente de los Status como una marioneta en plan Doña Rogelia, pero que no se atreve a llegar hasta las últimas consecuencias y eso que es una sátira, donde todo vale y donde Kubrick se atrevió a poner a un vaquero encima de una bomba atómica. Sinónimo de los tiempos que corren: grita, salta, baila, provoca y quéjate, pero hazlo del mismo modo en que follan los puercoespines... con mucho, mucho cuidado.

LO MEJOR:

- Más inteligente de lo que parece. La mayoría de los actores, pero sobre todo, los secundarios.

LO PEOR:

- Se queda a medio camino.

- La puesta en escena es de telefilm de la tarde.

Nota:  6,5

Rafael Martín.

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