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Otro remake en nuestra cartelera. Pero al menos, a diferencia de muchos
otros se trata de una película desconocida para el gran público, una de las
primeras obras del afamado Wes Craven, que también tuvo en su día una
secuela.
Una familia está de viaje vacacional con el remolque a cuestas y tratando
llegar a California y de paso atravesando el desierto de Nuevo México, un
lugar en el que en su día se realizaron cantidad de pruebas nucleares y
donde vivían algunos mineros. Lo que no saben es que en ese lugar aún hay
habitantes, los descendientes mutantes de aquellos mineros, que se alimentan
de incautos viajeros, como nuestra familia.
Premisa sencilla y efectiva que Alexandre Aja, director francés famoso por
su debut Alta Tensión, ha sabido explotar perfectamente. Teniendo en
cuenta que esta clase de historias no dan para mucho, es muy meritorio que
el resultado sea una película intensa en todo momento, visualmente potente
sin cargar las tintas en efectitos de montaje y que tiene unas
interpretaciones más que decentes para una película cuyo principal potencial
no es desde luego el trabajo de los actores, sino la casquería, los sustos y
el ambiente sucio y viciado que se respira en todo momento.
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"Jaaaaaa chiiico, dame pa un bocata mortadela."
La película se asemeja en buena medida el estilo suciomuñonero de recientes
producciones como el remake de La Matanza de Texas, Los Renegados
del Diablo y similares producciones en las que el olor a putrefacción,
sudor y chotamen no nos llega porque en el cine no hay olor (bueno, depende
del compañero de butaca). Lo bueno que tiene es que tampoco se ceba en
intentar dar un susto gordo en cada instante, sino más bien en crear tensión
y mal rollo, que es mucho más efectivo a la hora de mantener la película.
También se agradece el que los protagonistas no sean simple carnaza para los
deformes atacantes, una vez pasado el shock inicial se pondrán manos a la
obra para salir vivos como sea, como
ponerse en modo Terminator si es necesario.
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De secuaz de Magneto a bateador de mutantes.
Como he dicho el trabajo de los actores es más que decente. A pesar de no
ser la trama principal somos perfectamente conscientes de los roles que
juegan cada uno de ellos dentro de la familia, de las tensiones o afectos
que hay entre ellos, etc. Todo parte también de un excelente casting de
rostros conocidos pero no especialmente famosos donde la actriz que más
suena es Emilie de Ravin por su participación en Perdidos. Junto a ella un
desconocido Aaron Stanford, que daba vida a Pyro en X-Men 2 y 3, y que es
sin duda el que se lleva la palma en la peli. El joven Dan Byrd también
destaca en un papel que no es el del típico adolescente tocapelotas. Vinessa
Shaw y dos veteranos de peso como Ted Levine y Kathleen Quinlan terminan de
dar forma al excelente plantel familiar.
No es una película que vaya a renovar el género ni va a pasar a la historia,
pero desde luego es una muy digna producción de género, realizada con muy
buen pulso y que merece la pena ver.
Nota:
   7
Javier Ruiz de Arcaute. |