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El mundo se rige por una serie de reglas que escapan a uno mismo. En ese
mundo Yuri Orlov encuentra su lugar como traficante de armas hasta que se
convierte en el más importante del mundo, con todo lo que eso implica.
Andrew Niccol dirige esta película visualmente potente y que narra en
primera persona las vivencias de este traficante interpretado por Nicolas
Cage. Es curiosa la trayectoria de este director, plenamente establecido en
Hollywood y que cuenta historias con un aparentemente gran potencial
comercial desde un punto de vista tremendamente humano. Esta película no es
la excepción a las dos anteriores, Gattaca y S1m0ne.
Precisamente el gran acierto de la película es que desde el primer instante
no sólo empatizamos con el protagonista, sino que incluso nos cae bien, y es
que si no fuera por su "profesión" sería una persona con la que fácilmente
podríamos entablar amistad. Un tipo hasta cierto punto soñador, que quiere
ser alguien en la vida pero que aún así valora su familia y su entorno.
Claro que las circunstancias y su ambición van poniendo cada cosa en su
sitio y condicionando su vida más de lo que él pretendía.
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Y yo que pensaba que los anillacos y las cadenorras eran
insuperables.
Es curioso que sea precisamente la inhumanidad con la que Orlov ve su oficio
lo que nos haga acercarnos a él. No se trata de un tipo despiadado, cruel o
malintencionado. Simplemente hace algo que si no lo hiciese él lo haría otra
persona, ha encontrado un hueco que alguien tenía que llenar incluso para
mantener el mundo tal y como lo conocemos. La frialdad con la que vende
armas a gobiernos corruptos o traficantes de droga es la misma con la que
cualquiera de nosotros vemos eso en las noticias, no nos gusta que suceda,
pero damos por hecho que es inevitable, que hay un ente superior (llamémoslo
gobierno, mercado o sociedad) que domina todo más allá de nuestras propias
acciones.
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"Si en el fondo es como vender rotuladores."
Esa idea se hace más palpable según avanza la película, pero también es
cierto que es ese conformismo y esa tolerancia lo que hará que la vida de
Orlov termine por desmoronarse.
Y es que si una conclusión se puede sacar de la película, es que a pesar de
que haya cosas que individualmente no podemos controlar, hay cosas que si
podemos hacer para que al menos todo mejor un poquito, algo que se ve
perfectamente en el último negocio que cierra Orlov en la película.
También es cierto que todo esto Niccol lo cuenta con un excepcional pulso,
con un montaje atractivo y en definitiva, con una vidilla y un buen hacer
que ayudan a que todo esto nos lo traguemos gustosos. Una película mucho más
sustancial de lo que su puesta en escena podría sugerir. Eso es hacer buen
cine y por eso nos lo comemos con patatas.
P.D.: Punto negro para el cartel español de la película. Teniendo uno tan
original y notable como el americano optar por el mil veces visto "prota con
explosión al fondo" y vender algo que la película no es, toca los webs.
Nota:
   8
Javier Ruiz de Arcaute. |