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El rollo del terror asiático casi siempre radica en un alma en busca de
venganza, a partir de esa premisa la mayoría de películas de terror vistas
en los últimos años son casi idénticas y muy pocas merecen realmente la
pena.
Silent Hill, aunque nace de un videojuego, tiene un argumento a
priori parecido, sólo que en vez de un fantasma vengativo, aquí lo que
acojona es un pueblo entero (el que da nombre a la peli), un lugar maldito
desde un antiguo suceso que se desvelará a lo largo de la película.
Todo empieza por causa de una niña adoptada que padece un extraño
sonambulismo y que realiza dibujos más que inquietantes. Su madre, a pesar
de la oposición del padre, decidirá investigar el origen de esos problemas
en Silent Hill, lugar del que procede la niña. Por el camino sufren un
accidente y al despertar la niña ya no está y será la madre quien deba
buscarla por un lugar inmerso en una extraña neblina de ceniza y donde
cuando anochece salen criaturas realmente macabras a hacer lo que las
criaturas realmente macabras hacen, cosas realmente macabras.
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Y todavía no ha visto todo.
Así entramos en un juego del ratón y el gato entre la madre, la niña, que
aparece correteando de un lado a otro, y bichardos la mar de desagradables
que lo mismo te sueltan un chorro ácido que te arrancan la piel de cuajo
(momento realmente brillante de la peli de la mano del señor del casco
piramidal y el cuchillo Ginshu gigante).
El problema, como cabía esperar para quienes conozcan el juego, es que el
universo que se establece en la historia es demasiado complejo, con esos
rollos filosófico-vitales-fantasmales que obligan a una verborrea final que
nos aclare (más o menos) la historia. Vamos, que pasamos de no saber qué
sucede ni a qué juego nos están llevando el director y el guionista, a tener
la información de sopetón en los últimos 10 minutos y de la manera más
simplona: personaje explicando en versión para tontos.
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El señor cabeza de pirámide haciendo de las suyas.
Sinceramente tenía más esperanzas en esta peli que las que luego se han
cumplido. Roger Avary y Christophe Gans son tipos con talento y cierto
estilo personal. Conocía el juego un poco y me habían contado todo el rollo
que éste se traía, con lo que más o menos sabía como acaba el percal, pero
cierto es que a quien vaya de nuevas le puede sonar todo a timo y a trampa,
con razón.
La película consigue sus mejores momentos cuando se torna en una simple
pesadilla, algo muy conseguido, oscuro y que realmente acojona, pero el
resto me parece muy mediocre, y el final bastante visto y poco elaborado.
Igual que el juego por lo poco que lo he tratado. Los fans acérrimos puede
que disfruten de ella porque es fiel al original, y artística y técnicamente
es muy buena, pero también su fidelidad le ha hecho pecar en los mismos
aspectos. Diálogos bastante cutres en algunos momentos, reacciones absurdas
de algunos personajes y actuaciones que aunque correctas no consiguen
arreglar algunos personajes muy simples y llenos de tópicos (la locatis del
pueblo que dice cosas misteriosas, la niña inquietante, la poli implacable
que sospecha de un coche con una madre y una hija ¿?).
Me recuerda en cierta medida a La Celda, película tremendamente
imaginativa en lo visual, un hayazgo en ese aspecto, pero que se queda en
mediocre por una historia y una resolución bastante simplonas.
Dicho queda.
Nota:
 4
Javier Ruiz de Arcaute. |