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Era de esperar que una saga bastante prolífica como ésta con un fiel público
macarril siguiera teniendo continuidad a pesar de que no había ninguna
necesidad de hacer una tercera parte (y tampoco la segunda), aún así debo
admitir que siendo una película con muchos de los odiosos elementos de sus
antecesoras, resulta muy entretenida y bastante mejor que aquellas.
En esta nueva entrega empezamos de cero, no hay ningún personaje repetido
(salvo la sorpresita final) y tampoco la trama está planteada del mismo
modo. Si las anteriores consistían en una pseudotrama policial tratando de
desmantelar el tinglado del algún desgraciado delincuente aficionado a las
carreras, en ésta nos situamos ante una especie de western como dicen sus
creadores.
El protagonista es un chaval de apenas 18 años metido hasta el culo en
problemas, relacionados siempre con los coches y la velocidad. Después de
varias fechorías está a punto de ir a la cárcel y la única alternativa pasa
por irse a vivir con su padre a Tokyo, donde trabaja en una base militar
americana. Así tenemos al típico forajido de buen fondo que llega a un
pueblo nuevo, se enamora de la chica equivocada y acaba enfrentado al
adversario de turno, el rey del lugar, sobrino de un Yakuza (¡Sonny Chiba!),
al que todos respetan más por miedo que por aprecio. A partir de ahí entran
en juego las carreras. Los duelos, en vez de con revólveres, se hacen con
coches en un estilo de carrera que hará chorrear de placer al mundo macarril.
Se trata de una tipo de carreras más centradas en el manejo del coche que en
la velocidad, con curvas hipercerradas donde el coche circula en un derrape
casi constante, una versión a cuatro ruedas del "moonwalker" de Michael
Jackson, el amigo de los niños.
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¡¡Maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!
El ritmo de la película, así como los tiempos de los distintos actos y el
clímax están manejados perfectamente por el director, es una película que es
simplona y muy estúpida en muchos aspectos, pero que no deja respiro y
divierte. Además, la fórmula "carrera + montaje frenético + música zumbona"
se exprime a la perfección.
Pero como digo, hay pecados habituales sin los cuales la saga no sería lo
que es. Entiéndase por pecados esa filosofía barata de chulopollas en plan
"cuando corro no existe presente ni futuro, todo desaparece" y la clásica
distorsión del Carpe Diem que a todos nos han enseñado en la escuela y que
muchos interpretan como "haz lo que te salga de los cojones, las leyes no
están hechas para ti". Las mujeres siguen siendo tratadas como ganado y de
hecho hay una escena de cortejo realmente patética en la que el padrino
japonés de nuestro prota derrapa dando vueltas alrededor del coche de dos
chicas, que al final de la pollada, le dan el número de teléfono. Al
principio de la peli se juegan una chica en una carrera (y no crean que la
tipa ponía pegas, su criterio era "el que más corra, que se me corra").
También hay dos chicas dedicadas a ponerse en modo Bratz y decir
"preparados" y "listos" cuando les señalan con el dedo. Tremendo. Estoy
seguro que una feminista radical moriría de hemorragia interna con esta peli.
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Una para cada extremidad.
Las interpretaciones correctas, no es una peli de actores, es una peli de
coches centrada en ensalzar esa absurda idea de que ser un delincuente a
cuatro ruedas no es algo tan horrible mientras no seas de la mafia. Eso sí,
al final ponen un rótulo diciendo que lo que se hace en la peli no lo
hagamos los demás, que los de la peli son especialistas. Que se lo digan a
Farruquito.
En fin, como declaración de principios la peli asusta, pero al final se
trata de puro marketing, ser un macarra vende y te lo justifican con una
historia donde el malo es más macarra aún. Al margen de eso la película es
un entretenimiento perfecto para las calurosas tardes veraniegas y comentar
la cenutriez de los personajes.
P.D.: El amigo del prota se llama Twinkie y tiene el Hulkoche.
Nota:
  5
Javier Ruiz de Arcaute. |