Petersen en DVDgo.

 

Petersen en DVDgo.

POSEIDÓN

Direción: Wolfgang Petersen

Guión: Mark Protosevich

Reparto: Kurt Russell, Josh Lucas, Richard Dreyfuss, Jacinda Barrett, Emmy Rossum, mIke Vogel, Mia Maestro, Jimmy Bennett, Andre Braugher, Freddy Rodríguez, Kevin Dillon

Fotografía: John Seale

Montaje: Peter Honess

Música: Klaus Badelt

Arte: Mike Mansbridge

Productores: Mike Fleiss, Akiva Goldsman, Duncan Henderson, Wolfgang Petersen

Productores ejecutivos: Sheila Allen, Kevin Burns, Jon J. Jashni, Ben Waisbren

Productora: Warner Bros. Pictures, Radiant Productions, Next Entertainment, Irwin Allen Productions, Synthesis Entertainment, Virtual Studios

Distribución: Warner Sogefilms

Bienvenidos al extraordinario crucero Poseidón. Grande que te cagas y armado hasta los dientes con lo último de lo último en tecnología de ocio y navegación, su fiesta de inauguración reúne a lo más selecto del panorama vip dispuesto a pasar una agradable velada en la que... HOSTIA QUE VIENE UNA OLA!!!!

En Poseidón, la catástrofe comienza a los 13 minutos exactos de película y no para hasta los títulos de crédito, que llegan 80 minutos después, lo que convierte al film de Wolfgang Petersen en un “entretenimiento sin pretensiones” de HORA y MEDIA frente a otros “entretenimientos sin pretensiones” de CASI TRES HORAS. Y no veáis lo que se agradece. Poseidón no es tan mala como su pobre recaudación de taquilla y sus críticas templadas tirando a horrendas llevan a pensar. Simplemente es un espectacular capítulo de televisión dirigido por Wolfgang Petersen, del club de los artesanos, que diría Andrés Montes. Con una característica muy particular: cuando llega la hora de ser violento, este tipo no se arruga... (Petersen, claro. No Montes).

"I'm the hero."

A diferencia de filmes catastróficos anteriores, aquí cunde realmente el pánico y el agobio y si hay que mostrar como una persona besa el santo suelo tras una caída de treinta metros, pues se muestra y punto. Y si hay que poner la cámara delante de un protagonista que muere agonizando mientras sus pulmones se llenan de agua, se pone y ya está. La escena del ataque de la ola es de lo mejorcito visto este verano: espectaculares travellings de cámara mientras vemos a vips y gente famosa corriendo como pollos sin cabeza estampándose desde alturas increíbles contra, uy, una columna; o arrasados por las corrientes, devorados por las llamas o, en un increíble golpe de genio impropio de Hollywood, descuartizados en una descomunal lavadora (que es en lo que se convierte la sala de fiestas cuando el agua entra a saco porque no, genios, el cristal de protección definitivamente no aguanta la presión). Para los que se pregunten las razones por las que una ola de treinta metros sale de la nada, la culpa la tiene la cantante de Black Eyed Peas, que hace un cameo y en el momento en el que empieza a cantar, la ola manda el barco a tomar por culo. La naturaleza es sabia.

Evidentemente hay supervivientes, aunque en esta ocasión más bien podrían ser llamados “víctimas potenciales”. Caminando por espectaculares decorados (el del vestíbulo del crucero, boca abajo, enorme, es verlo para creerlo), los pobres diablos caminan a través de su juego de la oca particular, donde los peligros de aplastamiento, achicharramiento o electrocución están a la orden del día, y aprovechan los momentos de respiro para que esos tipos que leen guiones y luego los sueltan en alto (estooo... actores) intenten dar profundidad a los personajes (y lo de profundidad conste que lo he puesto a posta). Si bien la mayoría de ellos son completamente inanes, destacar el ex alcalde de Nueva York (!) interpretado por Kurt Russell (siempre eficiente), el vividor experto en rescate y supervivencia (!!) que es Josh Lucas (actor que vale para mucho más, pero hay que comer) y como colofón el arquitecto gay interpretado por el  “recuperado” Richard Dreyfuss, que se gana el aprecio incondicional del público cuando mete una patada en la boca a un pobre camarero, que cae ardiendo cincuenta  metros para terminar siendo aplastado por un ascensor. También circula por ahí una experta en cine de catástrofes, Emmy Rossum, felizmente recuperada de la gangrena que casi la manda al otro barrio en El Día de Mañana y Jacinda Barrett, que tras enamorarse de Bridget Jones ha decidido que morir ahogada en un tsunami es, como poco, una experiencia similar.

Barco equipado con lo último en circuitos Spa.

Pero... amigos, es lo que hay y lo que hay no es ninguna afrenta. Para empezar, es un remake superior al original (en el que teníamos a Gene Hackman haciendo de predicador loco, a Shelley Winters buceando cincuenta metros y la mera presencia del asesinable Ernest Borgnine). En segundo lugar, hay momentos en los que hay verdadera sensación de agobio y eso no es fácil. Todo el mundo se esperaba que el guión fuera una mierda (que lo es) pero la planificación de Petersen es a la vez sencilla y eficaz. No recurre al montaje, sino que los trompazos se suceden con planos largos que permiten sacar partido del escenario en toda su extensión y luciendo los 150 millones de dólares del presupuesto a cada minuto. Y tercero, por muy chorra que sea su personaje, Josh Lucas demuestra el carisma suficiente para llevar el ritmo de la acción, salvando los momentos más increíbles con aplomo, en particular el momento en el que se lanza a una piscina de llamas.

El “debe” de la película, poniéndonos serios, sería más largo que mi brazo. El niño merece morir de todas las formas descritas anteriormente, pero a la vez. El capitán del barco se ha dejado la chapa de “soy retrasado y merezco morir” en el camarote. La banda sonora a lo Piratas del Caribe de Klaus Badelt, compositor de, rayos, Piratas del Caribe, es simplemente penosa (afortunadamente no sale mucho) y en lo que se refiere a los diálogos véase ejemplo: “¡No me llaman Larry el Afortunado por nada! ¡Hay que ser afortunado!”

El hecho de que Larry el Afortunado acabe siendo devastado medio segundo después por 1000 kilos de maquinaria nos indica que la primera que se ríe de la película es la propia película. Riámonos con ella y pasemos unos buenos y breves 90 minutos siempre que no estemos de acuerdo con la explicación del capitán acerca de catastrófico evento, mientras intenta calmar a los supervivientes:

“Es una ola solitaria, damas y caballeros. Son raras, son impredecibles... y son letales”.

Rayos.

LO MEJOR:

- La puesta en escena de Petersen.

- Solo 90 minutitos.

LO PEOR:

- Lo de siempre, en una producción de estas características: es tonta como una quinta capa de pintura. Parece escrita por mi perro. Y no tengo perro.

Nota:  5,5

Rafael Martín.

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