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Tras la muy divertida pero rara (rara de cojones) Napoleon Dynamite
era muy esperada la siguiente película de Jared Hess, director de aquella.
Ha llegado el momento de ver si las impresiones de entonces quedan
confirmadas.
Teniendo en cuenta que su primera película era muy característica y que
hacía gala de un frikismo extremo (y en esa película el adjetivo es
obligatorio), para lo bueno y para lo malo, en esta segunda aventura como
director, Hess ha decidido seguir el mismo camino pero rebajando en buena
medida las rarezas de la primera, empezando por meter de protagonista al ya
conocidísimo Jack Black.
Black da vida a Nacho, monje y cocinero en un orfanato religioso de un
pueblo perdido de México. Es un tipo que desde niño ha fantaseado con la
lucha libre, espectáculo que en México es bastante popular desde hace muchos
años. Por otro lado cada día ve como a sus chavales no puede prepararles una
mísera comida en condiciones. La llegada al convento de una monja,
Encarnación, servirá de detonante para que Nacho decida llevar a cabo sus
ilusiones y matar dos o tres pájaros de un tiro. En el pueblo se celebra un
torneo de lucha libre en el que podrá alcanzar su sueño de ser un héroe del
ring, con el dinero que gane podrá dar de comer bien a sus chavales, y de
paso, a lo mejor consigue impresionar a la monja y hacer que deje los
hábitos.
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Nacho y Esqueleto listos para el combate.
Así de surrealista es el planteamiento y todo para el lucimiento de Black
que hace repertorio de muecas e incluso se permite el lujo de canturrear un
poco y recordarnos que también se dedica a la música (Tenacious D, buen
grupo y próxima peli). El único que en algún momento se permite robarle
cierto protagonismo es su sidekick en el ring, Esqueleto, al que da vida
Héctor Jiménez, una especie de versión mexicana de Mowgli que chilla como
una perra cada vez que le tiran del pelo.
Durante la película veremos peleas de todo tipo: con mujeres, con enanos,
con tipos con bigote ridículo y finalmente con el gran hombre a batir,
Ramses, estrella del ring que sin embargo resulta ser un mamón de tomo y
lomo. Así tenemos la clásica estructura de película con torneo de por medio
y héroe que se redime, pero rellena de toda clase de paridas.
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Uno de los enanos a punto de abatir a Nacho en una llave
propia de ¡¡REY MISTERIO!!.
Sin embargo, y aunque la película resulta divertida y amena en todo momento,
tampoco son tantos los momentos de descojone total como cabría esperar. Hay
gags, generalmente eficaces, pero quizás la película dé demasiado
protagonismo a un Jack Black, que a pesar de la caracterización, sigue
siendo Jack Black haciendo de Jack Black. En Napoleon Dynamite el
protagonista era un tipo raro de cojones y lo gracioso era verlo ejecutar
sus tonterías en situaciones totalmente absurdas. Aquí el planteamiento es
muy parecido, sólo que en vez de tener a un monje peculiar como
protagonista, tenemos a Jack Black haciendo de monje peculiar. Lo que mola
en una peli así es el contraste, y el trabajo de Black hace que la gracia se
centre en él mismo, no en su personaje.
De haber tenido otro protagonista más centrado en el papel que en sus
chorradas (que ojo, también tienen gracia), la película habría ganado mucho.
Quizás la culpa sea del propio Hess por haberle dado manga ancha, o quizás
es que Black es productor y el ha marcado esas reglas. Quién sabe. Aún así
es muy superior a la media de comedias chorras que nos llegan de USA, sobre
todo en temporada de verano. Así que si queréis echaros unas risas que
aligeren la vuelta al trabajo, ya sabéis.
Nota:
  6
Javier Ruiz de Arcaute. |