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Los primeros carteles
promocionales de la película y el trailer definían este nuevo filme de M.
Night Shyamalan como un cuento para ir a dormir. Y así parece ser, si
hacemos caso de las palabras del director hindú, como nació esta película,
gracias a un cuento que se inventó para sus hijas. Tanto le gustó la
historia (a él mismo, desconocemos la reacción de sus hijas) que decidió
trasladar la historia a la gran pantalla. O a la pantalla pequeña, en caso
de preferir esperar a verla en casita, lo cual, ya digo de entrada, sería un
craso error.
La trama inicial de la
película vendría a ser, a grandes rasgos, la siguiente: “Un encargado de un
edificio de apartamentos, Cleveland Heep (Paul Giamatti), descubre a una
joven chica (Bryce Dallas Howard) bañándose en la piscina del complejo. La
supuesta intrusa no es lo que parece ser y el señor Heep tomará la decisión
de ayudar a la chica a volver a casa interpretando la historia que se relata
en un antiguo cuento asiático”. ¿Os parece una chorrada? Eso es lo que han
pensado la mayoría de críticos estadounidenses, que han destrozado la cinta
de Shyamalan. Servidor, que poco sabe de cine y menos de la vida, no es de
la misma opinión. Yo disfruté como un enano. Y así es como la disfrutaremos,
dejando de lado prejuicios y entrando en la sala como si fueramos unos niños
(pero con la educación de lo que ha de ser un adulto. Insisto. Lo que ha de
ser, no lo que se suele encontrar en las salas de los multicines).
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La misteriosa joven ante Cleveland.
Desde el gran éxito que
supuso El Sexto Sentido, y que supuso la revelación de M. Night
Shyamalan, se ha esperado siempre de este director una historia terrorífica
con un final sorpresa acojonante. Terroríficas, lo que son terroríficas, sus
siguientes películas no lo fueron demasiado (algunos pasajes de Señales
y otros tantos de El Bosque) pero todas ellas mantenían la
característica de que en un momento determinado se nos revelaría alguna
información que cambiaría la dirección de la película. En La Joven del
Agua tal cosa no pasa. Al menos no al mismo nivel. La película en si es
una continua sorpresa tras otra. Shyamalan ambienta la historia en un mero
edificio de apartamentos, y lo convierte poco a poco en el escenario de una
historia fantástica. El espectador ha de poner de su parte para dejarse
llevar, al igual que los personajes de la película (increíblemente crédulos,
todo se ha de decir) por la historia, romper la barrera que parece haber
entre los espacios ordinarios de la vida y la fantasía. No se ha de ir a
la Tierra Media o a Dagobah, la fantasía se nos presenta entre apartamentos de finas
paredes, piscinas y cuartos de calderas. Shyamalan firma un guión redondo,
con una estructura clásica de cuento, donde todas las piezas encajan y, cómo
es habitual en sus historias, está lleno de simbolismos que nos hablan de la
función de una persona en la vida, de su sitio en ella. Equilibra de forma
perfecta los momentos de tensión, con brillantes toques de comedia y
momentos de pura fantasía. En opinión del que humildemente esto redacta, es
su mejor guión desde El Protegido.
Los actores también
aportan su granito de arena a la hora de conformar esta gran película.
Encabezando el excelente plantel se halla Paul Giamatti, bordando, otra vez,
su papel (estoy intentando recordar alguna película donde lo haga mal…
bueno, El Planeta de los Simios... dudo que se pudiera hacer mejor
aquello). Combina, dominando ambos registros, momentos de profunda tristeza
(recordando un pasado que es mejor no desvelar) con otros donde demuestra
sobradamente sus dotes de cómico (la escena donde intenta caer bien a la
asiática que conoce el cuento es magistral). Bryce Dallas Howard aporta la
fragilidad e inocencia necesarias para hacer creíble a un personaje tan
complicado como el suyo (es, obviamente, la de mayor talento de la familia)
y sube otro escalón más hacia el estrellato tras afrontar con éxito un papel
tan duro como el de Manderlay. El resto de personajes son
secundarios, pero están tratados con mimo, tanto por la mano del guionista
como por los actores que hacen que encontrar a tales elementos en semejante
situación nos resulte casi cotidiano. A destacar un par de personajes: el
crítico de cine, retratado como un amargado incapaz de ver la vertiente
positiva en nada, que tiene algunos de los momentos más desternillantes del
filme (en especial su exposición sobre el destino vital de un personaje
secundario en una película de terror), y que parece haber gustado a los
críticos “de verdad” tanto como gustan los críticos a Shyamalan; y un
personaje vital en la trama, interpretado por el propio director (que, por
decirlo de forma suave, no logra equiparar su trabajo como actor al de
director o guionista, ni por asomo).
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El crítico de cine. El amargo futuro de quienes hacen esta
web: gafas y alcohol.
Y finalmente querría
hacer hincapié en uno de los pilares de la película: su música. M. Night
Shyamalan ha de sentirse afortunado por haber conocido a James Newton Howard.
Éste, al contrario que los personajes de la película, no ha de preguntarse
cual es su función en la vida, ya la sabe: hacer que las películas del hindú
sean, cuando circunstancias aparte, tales como el guión y esas cosas las
dejen, redondas. Sin la preciosa partitura de James Newton Howard esta
película no seria lo mismo. No sólo la complementa de forma perfecta (no es
altisonante, acompaña sin molestar, sin ser evidente), también hace que
ciertos momentos sean redondos, alcancen el lirismo y misticismo que la
historia exige sin resultar en modo alguno pretenciosa.
Entre tanto remake y
secuela que habita en el mundo del estreno veraniego es reconfortante
encontrarse con un film como éste, donde lo único que ofrece al espectador
es un buen puñado de imaginación. Será cuestión del público ver si quiere
entrar en el juego y olvidarse durante casi dos horas de lo cerca que está
el final de las vacaciones.
LO MEJOR:
- El guión, los actores,
la música. La imaginación que inunda la pantalla.
LO PEOR:
- Es, en cierta manera,
exigente con el espectador. Le pide que sea totalmente crédulo para poder
entrar en la historia y disfrutarla.
Nota:
    9
David Nasarre Rabadán (Colaborador).
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