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¿Os habéis encontrado
alguna vez con una película que, a pesar de estar competentemente realizada,
medianamente bien interpretada y con cierto asomo de profesionalidad en sus
demás aspectos os deja una sensación, no de “puaf, lo de siempre” sino que,
tras meditarlo durante los tres segundos que permanecerá en vuestra memoria
decís...” ¡joder, podría ser... puede ser... es... mala!”. Pues para los que
no, es la hora del desvirgamiento...
Bienvenidos a
Maleficio, el elogio de la mediocridad que pone el clavo final en el
ataúd de la cartelera de verano y en la que he estado a punto de poner un
interrogante en lugar de un número en la nota porque es una encrucijada y
una rara avis en sí misma: su factura supera a la de un telefilm, pero lo
que hay debajo de ella parece por momentos un film de Uwe Boll. Uno de esos
extraños misterios que hacen del cine un medio tan trepidante.
Vaya por delante que
dirigiendo el cotarro se encuentra un completo inepto, Courtney Salomon, el
hombre que nos envió ese truño con lacito rosa llamado Dragones y
Mazmorras y que de manejar terror y suspense no tiene ni pajolera idea,
mandando al cuerno en cinco minutos una premisa interesante: el primer caso
de posesión documentado en la historia de EE.UU., allá por el siglo XIX y
que tiene como protagonistas a la desdichada familia Bell: padre (Donald
Sutherland), madre (Sissy Spacek ) y, sobre todo, a la victimizada niña (Rachel
Hurd-Wood). Los fantasmas no poseen a tíos porque somos muy machos, o porque
somos muy lerdos, o porque son unos salidos.
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O está poseída o vive en el barrio de Salamanca y vigila si
su chacha no se lleva la plata.
Sissy Spacek y Donald
Sutherland son dos nombres a tener en cuenta. Actores vil y
despreciablemente infravalorados, poseen un talento que les permite encajar
en cualquier tipo de historias, en particular el papá de Kiefer (aunque de
Spacek nos quedan dos de las interpretaciones más memorables de la última
década: En la Habitación y Una Historia Verdadera). Además, el legendario y tristemente
fallecido director de fotografía Adrian Biddle (Aliens, Thelma y
Louise) realiza una labor excepcional con las sombras y la niebla, y
sacando partido al escenario de una forma igual, si no superior, a lo que
hizo Shyamalan en una película con contexto muy similar, como era El
Bosque. Entonces, ¿alguien me puede explicar por qué Maleficio
alcanza cotas de disparate?.
La razón es simple: el
culpable es el director, que resalta los aspectos más inanes del film y
pasa, como quien flota sobre la mierda, de los más interesantes. Solomon se
agarra con uñas y dientes a los tópicos más mascados del género y encima,
reniega de la historia de la familia Bell, que cuenta enmarcándola como un
gigantesco flashback, que comienza cuando una afligida madre de nuestros
días descubre una carta en su casa donde se explica la historia. Minutos
antes, Solomon nos ha regalado una escena que brilla por su extraordinaria
originalidad y fantasía: una joven adolescente, encerrándose en su
habitación con un cuchillo en la mano, descubre la presencia de una niña
fantasma. Véanse las 10.000 películas anteriores (sin contar, por supuesto,
los gruñidos, ventanas que se abren, velas que se apagan, cristales que se
rompen etc, etc, etc...).
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Sutherland buscando cartones en la puerta del Mercadona.
A partir de ahí, es como
ver jugar un Partido contra
la Droga: 22
superestrellas en el campo deseando que el partido acabe lo antes posible
para irse a su puta casa. Por eso Spacek parece un clon de Doña Rogelia. Por
eso Sutherland mira a la cámara con lo que parece una resaca del copón.
Solomon no tiene más interés que copiar de principio a fin a Sleepy
Hollow, de Tim Burton, en el momento en el que se describe el modo de
vida de la comunidad, porque todos sabemos que la única referencia sobre ese
tipo de vida en esos lugares y en esa época no se encuentra en los libros,
sino que la inventó Burton, y por eso Solomon lo copia salvajemente, baile
incluido; o a David Fincher con la cámara que atraviesa paredes; o a William
Friedkin cuando a la niña le da el patatús; o a cualquier director cutre de
CSI cuando llega el momento de atar los cabos y explicar el por qué del
fantasmita (cosa que Solomon hace, chantatachan... en otro flashback, en
blanco y negro y con flashes separando las escenas. Brillante.).
Maleficio es un
increíble despliegue de falta de talento. Y es uno de sus peores exponentes:
Tony Scott puede ser de un tiempo a esta parte un psicópata visual, pero los
actores tienen conciencia de sus personajes y hay una especie de “tono
general” del film, más o menos definido. Aquí, la labor de Solomon es tan
negligente que arrastra a todos consigo, a Sutherland, a Spacek, a Biddle, a
la script y hasta el fantasma, todos juntitos, cogidos de la mano, al
séptimo nivel del infierno, donde descansa Jeremy Irons, por haber
interpretado al malo de Dragones y Mazmorras, y se encuentra jugando
a los dados con Marlon Wayans.
Courtney Solomon:
persona non grata.
LO MEJOR:
-
Técnicamente decente
(entiéndase como que no aparece el micrófono por ahí colgando)
Interpretaciones correctillas. Gran fotografía.
LO PEOR:
-
Es el primer film de
terror soso. No da miedo, no da mal rollo, no da risa. Es como contar
ovejas.
Nota:
 3
Rafael Martín. |