|
En 1999,
cuando estrenó El Dilema, Michael Mann parecía que iba a ser algo
más. Que iba a abandonar el cine de género que le había catapultado a la
fama y que iba a desviar su talento hacia historias más cotidianas,
propulsadas por su estilo visual y sus ambiciones. Esta teoría encajó con
Alí, pero comenzó a resbalar con Collateral y culmina su
derrumbamiento con Corrupción en Miami: un policiaco al uso, tan
espléndidamente rodado como cabía esperar por Mann, con momentos realmente
brillantes,
los momentos en los que Gong Li aparece en pantalla, pero lastrado por los
recortes finales de la sala de montaje, por una sensación de “ya visto” que
no nos abandona nunca y por Colin Farrell. Básicamente, tenemos a nuestros
amigos Crockett y Tubbs desmantelando una operación de narcotráfico, que
comienza a correr peligro de forma absurda en el momento en el que el
primero se enamora porque sí de la amante (Li) y mano derecha del capo di
tutti capi: Arcángel de Jesús Montoya (Luis Tosar).
Para
empezar, es una película de Michael Mann por lo que todo es serio DE
COJONES. Todos tienen una cara de mala hostia que echa para atrás y mucho
cuidado con tirarles la copa en un garito porque son capaces de sacar una
pistola y volarte la cabeza antes de que puedas empezar a decir “Te pago
un...”. Bum. En segundo lugar, todo el film es una exhibición de
procedimientos policiales y descomposición del mundo del narcotráfico. Mann
ha trabajado con los mejores profesionales y la sensación que se da es de
“estar ahí”, en mitad de una operación de contrabando ilegal, hasta el punto
de ser capaces de montar nuestro propio equipo antinarcóticos (o nuestro
propio cártel, si nuestras preferencias van por otro lado). Sin embargo,
esto no es un documental: hay concesiones a la galería, mucho más limitadas
que en Collateral, donde un taxista se carga a un superasesino, por
empezar por algún lado. Hay, de todas formas, mucha violencia de Hollywood,
muchas frasecitas, muchos saltos, mucha cámara lenta... y mucha sangre.
.gif)
"Como me molo, Manolo."
Siguiendo
la estela de Spielberg, la violencia en el film es una mezcla de cámara en
mano que, curiosamente, prepara siempre el mejor plano para que veamos en
todo su esplendor la cabeza reventada del difunto matón. Lástima que el gran
momento en este aspecto llegue al principio de la película, cuando tres
pobrecillos en el coche descompuestos, literalmente (ojo a ese brazo que
salta) a tiros por un rifle mataelefantes. Por lo demás, hay dos o tres
tiroteos más, todos rodados con el mismo estilo, y con el mismo talento.
Mann es un crack en este tipo de escenas, eso casi ni hace falta decirlo.
Pero
desarrollo de personajes: cero. Nulo. Mi mayor miedo antes de ver el film
era que Mann dejara que su estilo fuera más importante que el contenido (a
pesar de que el director saca un penoso partido de Miami, a la que urbaniza
como si fuera un Los Ángeles cualquiera), pero el problema es el contenido.
Que no hay. La química entre Crockett y Tubbs brilla por su ausencia: ni
parecen colegas, ni compañeros, ni socios. Parecen más bien dos policías que
se acaban de conocer y excepto por un “me fío de tí” nada hace pensar que
estos tíos se hayan salvado la vida más de una vez. En segundo lugar,
hablamos de un film que ha sido recortado media hora y cuyo ritmo se ve
interrumpido de cuajo por la dichosa historia de amor entre Crockett y la
amante de Montoya para luego volver a terreno policiaco con la esperanza de
que una vez visto eso, nos comprometamos con los personajes. Es difícil
comprometerse con Foxx, que parece ser el ancla moral de la pareja pero que
no deja de ser un vulgar secundario con cara de piedra, comprimido por el
papel (y no como en Collateral: me refiero a vulgar, de verdad) y,
sobre todo es imposible comprometerse con Farrell.
.gif)
Si se da la vuelta nos fulmina.
Porque
Crockett y Tubbs son mejores que tú, mas guapos que tú, más chulos que tú,
sus novias son más guapas que la tuya, y tienen un trabajo más interesante
que el tuyo.
Son perfectos, son policías modelos, tipos duros vestidos de Gucci que
conducen Lamborghinis que escupen fuego por el tubo de escape. Es muy
difícil sobreponerse a semejante nivel de chulopollismo cool (en el caso de
Foxx) y vulgar macarrería (en el caso de Farrell). Fijaos que hay un momento
en el que Foxx se acuesta con su novia (y compañera policía, porque todo
queda en casa) y finge una eyaculación precoz. Seguid conmigo que no me he
vuelto loco. Bien: Foxx, al final, está
de coña y termina a lo campeón, pero si en realidad al tío se le hubiera ido
la manguera, con esa escena se hubiera ganado al público (masculino, por lo
menos, por aquello de la empatía), al presentarle como un ser humano, con
sus fallitos, y medianamente entrañable. Pero no, el tío es Rocco Siffredi
en negro, y no olvidemos a Farrell, que provoca tales orgasmos de placer con
un solo golpe de su mostacho que la “agraciada” no puede evitar sino llorar
de gusto. Rematando la labor de los actores (y dejo a Gong Li para el final
de la crítica), tenemos como mención especial patriótica a super Luis Tosar,
que sigue la maravillosa estela de Jordi Mollá (descacharrante en Dos
Policías Rebeldes II) como “malou latinou” pero esta vez, serio como una
estatua y con una contención aplastante. Puede que no sea un papel muy
esforzado, pero ser el más villano de los villanos en el mundo de Mann
requiere de presencia y fuerza. Tosar la tiene.
Así que
poca “corrupción”, porque se supone que sí que hay un topo en la operación
del que la peli pasa completamente, y poco “Miami”, porque es un film mucho
más grande que la serie, más internacional y a mayor escala. El espíritu
original ha desaparecido junto con personajes tan impresionantes como el
teniente Castillo, junto con el neón, la música de Peter Gabriel (aunque hay
en esta versión unas cuantas de Audioslave que no suenan nada mal), los
conflictos internos, todo. Hemos estado allí antes, tres temporadas, pero no
sabía que Miami hubiera envejecido, a pesar de los tiros, de las tetas y de
los Lamboghinis, tan atrozmente mal. Igualito que Marbella.
.gif)
La reina de la peli.
LO MEJOR:
- Las
escenas de acción y la puesta en escena de Mann, tan impresionante y medida
como siempre. Lo currado que está el rollo policial. Muchos diálogos son
realmente brillantes. Y señores...
- Gong Li.
Simplemente, la actriz está en otra película. La Zidane china coge un melón
de papel y lo convierte en un ser humano tridimensional y espectacular.
Tiende a atraer la atención del espectador en cada plano que sale, lo que la
convierte en un agujero negro que mastica y escupe a Farrell como quien come
pipas. Esa mirada debería ser estudiada por ingenieros genéticos. Hablamos
de la mejor actriz china de los últimos 20 años, musa de Zhang Yimou. Cada
frase que dice tiene un doble sentido. Cada mirada dice lo contrario que su
voz. Y para que esto no se convierta en un poema, decir simplemente que
¿porque coño no la han fichado antes?.
LO PEOR:
- Colin
Farrell. En un segundo. Simplemente, no hace nada. El bigote de perro es el
menor de los problemas. Lo peor es que ni siquiera parece esforzarse lo más
mínimo.
- Actorazos
como Ciaran Hinds o Naomie Harris pasan completamente desapercibidos, por
los recortes del film. Es como si hubiera miedo a volver a ver una nueva
Heat, películas que se toman su tiempo para contarte la historia.
Nota:
  6
Rafael Martín. |