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Salvador Puig Antich.
Hace falta respirar muy hondo al acabar de ver este film sobre la historia
del último joven condenado a muerte en el franquismo, (en 1974, antesdeayer
como quien dice), pues además de ser una producción inesperada, brillante y
cuidada es un peliculón y un manifiesto humano muy duro que deja el corazón
en un puño.
Con permiso de cierto
cine patrio de capa y espada, se presenta aquí una historia que narra un
momento crucial de una España en decadencia a través de los ojos de un
protagonista de espíritu libre interpretado por un actor extranjero con
conocimientos de castellano (hasta aquí todo igual, pero sin sombreros). Sin
embargo, en esta ocasión el retrato es certero y extremadamente rico para
una producción que aprovecha muy bien todos los recursos, situados por
encima de la media española, pero sin pasarse. El que trabaja en cine sabe
la dificultad de ambientar en una época reciente como son los 70 cuando aun
existe memoria viva de aquellos años, a diferencia de, tomemos por caso, la
España imperial de la que nadie puede acordarse. Siguiendo con estos
paralelismos, en Salvador también encontraremos batallas, literalmente
llenas de gentes enfrentadas, fuego, armas, mucho humo y caballos: sí, sí,
literalmente. Y persecuciones, y violencia y acción tremendamente solvente y
veraz, sólo que en este caso, podemos asistir atónitos ante el despliegue y
estar orgullosos de la dirección, el montaje y la foto. Cuando hay película,
da gusto hablar del apartado técnico.
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Brhül da vida a Puig Antich, el último condenado a garrote
vil.
Y fuera ya de
comparaciones necesarias, resulta que el polifacético Manuel Huerga, después
de larga trayectoria en el mundo audiovisual y del espectáculo nos ha
regalado un film del que poco se ha había hablado pero que sin duda es ya
uno de los mejores de este año, por lo menos, seamos sensatos, dentro de
nuestras fronteras. El film tiene una estructura un tanto extraña, pues
siendo muy larga su duración, presenta a los personajes de una forma un
tanto atípica, lo que durante los primeros cuarenta minutos pueda causar
algo de confusión al no evolucionar la acción en una dirección concreta. Las
dudas se despejan si se aclara que salvo los personajes de Daniel Brühl
(Salvador), Tristán Ulloa (Oriol) y en menor medida Leonardo Sbaraglia
(funcionario), el resto son secundarios que aparecen y desaparecen de la
vida del protagonista para darle profundidad y humanizarlo. Se echa de menos
un mayor relieve de los personajes interpretados por Leonor Watling e Ingrid
Rubio y sobre todo algunos motivos para que desaparezcan de la pantalla
cuando, por ejemplo la primera, sostiene el punto de vista del film en
algunas secuencias con su propia voz en off.
El ritmo de la
película es tremendo, algo inédito en nuestro cine, sobre todo por lo bien
resultas que están las escenas de los tiroteos y las cargas policiales, el
dinero que se ve invertido en cada disparo errado, cada cristal roto y en el
uso de video de alta definición para algunos planos. El diseño de producción
es sencillamente perfecto y en algún pasaje referido al grupo armado puede
recordar a la reciente Munich en su fotografía de luces y contraluces
blanquecinas y su estética setentera con toque francés. Son destacables la
secuencia "collage" con grafías panfletarias y de cómic, así como todas las
apoyadas en la genial banda sonora internacional con el momento cumbre del "Suzanne"
de Leonard Cohen.
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Los porrazos, a la orden del día hace no tanto tiempo.
El tono del film es
débil al comienzo y faltan obstáculos en el desarrollo de la trama, pero una
vez hemos arrancado y nos zambullimos en la historia, ésta se vuelve más
calida con los retratos de los personajes que van desfilando, siendo
paradójico que cada vez que se pone la atención en uno de ellos, se hace
durante menos tiempo y con menos texto, hasta la pincelada del excelente
Celso Bulgallo que sin apenas frase lo dice todo por el rabillo de un ojo.
Los actores están todos en muy buen nivel, sobre todo el cuarteto de
hermanas del protagonista. Quizás a la voz en off de Brühl le falta la
fuerza de su personaje (pronuncia perfectamente y no susurra, última
puñalada) y el grupo de la Brigada Político Social con Dechent al frente
está un pelín sobreactuado. Son éstos pequeños detalles que se
olvidan conforme la intensidad y dolor del film se hacen patentes y
comenzamos a tragar saliva ante un final conocido, pero no menos difícil de
ver y asimilar.
En este sentido la
realización es sabia y sabe llegar al climax mostrando lo que el espectador
necesita ver y nada más. Es cierto que otros filmes han tratado los últimos
minutos antes de la ejecución de una pena de muerte, pero ésta, que está tan
cercana en el tiempo y el espacio, y viene precedida de un alegato tan bien
trazado por la tolerancia y la libertad, consigue emocionar y hacer sentir
una empatía tal por el protagonista, que consiguió arrancar lagrimas muy
bien invertidas.
Ojalá opte al Óscar,
Almodovar ya estuvo y... no hay más opciones.
LO MEJOR:
-
El diseño de la
producción, los actores, su intención de refrescar la
memoria y agitar conciencias.
LO PEOR:
-
¿Qué pasó con Leonor
Watling?
Nota:
   8
Jesús Manuel Rubio (colaborador).
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