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Un actor es
contratado para hacerse pasar por el jefe de una empresa de informática
danesa. Pondrá rostro así, a una figura inexistente desde su creación, tras
la cual se oculta el verdadero director a la hora de tomar medidas
impopulares. Ahora, hay que negociar la venta de la empresa a un grupo
islandés, y sólo trataran directamente con El Jefe de Todo Esto.
Pero no hay que
engañarse, porque el verdadero jefe de todo esto es Lars Von Trier, en esta
comedia sobre las relaciones laborales y la figura del actor. Lars no sólo
no se oculta como su personaje, sino que en un acto narcisista, se mete en
la película a través de la voz en off en tres ocasiones. Al principio de la
peli, donde nos avisa de que vamos a ver una comedia ligera y cuyo único
propósito es hacernos pasar un buen rato, hacia la mitad, con la
presentación de un nuevo personaje y dando su visión sobre la estructura de
la comedia clásica, y al final, despidiéndose de nosotros.
Planteada en un
inicio para ser rodada dentro de la doctrina Dogma, Lars finalmente descartó
esta opción, ya que cada vez le cansa más utilizar la cámara al hombro. En
cambio, ha utilizado lo que él denomina técnica de Framing, que consiste en
colocar la cámara fija en un punto de la escena, sin que haya nadie detrás
del objetivo, por lo que en muchos momentos los actores quedan partidos por
la mitad, y algunos elementos no quedan encuadrados. No utiliza el fuera de
campo con sentido narrativo, sino básicamente estético, para mí,
antiestético.
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Comedia estilo Dogma.
Técnicas a parte,
para ser su primera incursión en la comedia, el resultado es notable. Tiene
momentos realmente divertidos. Los empleados conocerán por primera vez a su
jefe, con el cual se han ido comunicando a través de mail. A cada uno le ha
dicho cosas totalmente diferentes, así que el pobre actor tendrá que
construir un personaje incoherente, que le actor Jens Albinus resuelve con
eficacia.
Trier se cachondea de
los actores... El prota quiere hacer de cada momento una gran
interpretación, ser el centro de atención. Por ejemplo, en uno de momentos
hace unas pausas dramáticas en una de las frases, poniéndolo todo, y que
tiene en frente se lo hace repetir porque no ha entendido nada… seguro que
alguno que haya trabajado con él se ve reflejado en la pantalla ¿será una
pequeña venganza por la mala fama que le han otorgado actores que han
trabajado con él?.
También se cachondea
y mucho de las relaciones en el curro, de los jefes coleguillas que luego
hacen putadillas, y de las actividades para unir a los empleados. Ninguno de
los empleados está cuerdo del todo. Incluso se cachondea de los daneses, a
los que los personajes islandeses dedican cariñosos calificativos, y se
permite el lujo de hacer referencia en un momento de los diálogos al
movimiento Dogma, para mí un producto de marketing que les ha funcionado
realmente bien, y que parece estar en las últimas.
The Boss of It All
acabará siendo una película menor dentro de su filmografía, pero consigue
entretener, algo que cada vez es más complicado de conseguir, y demuestra
que puede sumergirse en el género de la comedia. Y aunque no sea santo de mi
devoción y vea en él cierto egocentrismo, ha salido bastante airoso en esta
propuesta.
Atención al nuevo
proyecto de Trier, un película de terror titulada El Anticristo, que
rodará en inglés... ¡qué miedo! Después cerrará su trilogía sobre América
(tierra de oportunidades) con Washington.
Nota:
   7
Mireia Juárez
(Colaboradora desde el Festival de Cine de San Sebastián).
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