|
Sí amigos, porque en
Mexico son muy listos y al igual que durante la dictadura y el nazismo
atrajeron a toda la fuga de talentos, entre ellos del cine, que había en
Europa y especialmente en España (Buñuel es el caso más conocido), ahora
recogen las películas que en nuestro país ignoramos de cara a los Oscar,
como esta magnífica El Laberinto del Fauno. Vale que la dirige un
mexicano, el genial Guillermo del Toro, pero la producción es española en
una gran proporción, está rodada en España, con equipo español y para más
narices, habla sobre nuestra posguerra y sus crueles consecuencias. Que
nadie entienda esto como un acto de patriotismo, que a mí me la trae al
pairo, pero es que no andamos precisamente sobrados de peliculones y aunque
Almodóvar pueda dar de nuevo la campanada, no hubiese estado de más
renovarnos un poco de cara a la galería internacional, bien con nuevos
talentos (Daniel Sánchez Arévalo, por ejemplo) o bien con cineastas
consagrados y cuya carrera reclama un reconocimiento de forma inmediata,
caso de Guillermo del Toro.
Pero bueno, vamos a lo que vamos, que se me va la cabeza y lo importante es
la peli, el resto ya vendrá sólo. Ofelia, una niña de unos 10 años, se
traslada con su madre embarazada a una casa rural donde vive el nuevo marido
de ésta, un capitán del ejército franquista decidido a acabar con las
milicias que se ocultan en el monte cueste lo que cueste. Ofelia es una niña
con una imaginación descomunal y la supuesta reencarnación de una princesa
de cuento, que pronto contactará con un hada que le dirigirá hasta el citado
fauno del título, un ser que la guiará a través de tres pruebas que la
llevarán a recuperar su memoria y su reino perdido.
Así transcurre la película, a mitad de camino entre el mundo real, donde
Ofelia se enfrenta al duro y enfermo embarazo de su madre y a su nuevo y
despiadado padrastro, y el mundo de cuento, donde un error puede suponer que
jamás pueda volver a su reino de fantasía.
Del Toro consigue que ambas historias sean una, la de Ofelia, tal y como
ella vive los acontecimientos, cada vez más dramáticos en ambos lados de su
historia. Una versión oscura de Alicia en el País de las Maravillas
donde en el mundo fantástico cada prueba es más peligrosa y complicada, y en
el real, el Capitán Vidal no muestra miramientos a la hora de ejecutar y
torturar a quien sea necesario para conseguir sus metas: reducir a los
milicianos y tener un hijo varón.
.gif)
Acojona y sólo sostiene dos ampollas de antibióticos.
Se nota que hay un trabajo de guión firme y elaborado con mucho tiempo y
mimo, ya que como dice el director, muchas de las criaturas de la películas
son personajes que ya imaginaba en su infancia. Pero no es el lado de la
fantasía el único que destaca, porque todo lo que transcurre en la realidad
más dura, es genial, empezando sobre todo por unos personajes geniales, como
el Capitán Vidal, la casera Mercedes o el Doctor. Personajes vitales también
en la historia y que en más de una ocasión te ponen el corazón en un puño.
Alguno podrá decir que toda la parte relativa al Capitán Vidal es muy
estereotipada y simplista (y saltará incluso el que hable de revanchismo y
todo eso), por eso de que el malo es muy malo (pero malo, malo) y los buenos
son muy buenos, pero dejando de lado que en aquellos años Vidales como este,
hubo muchos, no debemos olvidar que estamos en medio de un cuento, y en un
cuento los personajes siempre funcionan así, no siempre hay una
justificación para su crueldad extrema, son malos, son sus normas.
Teniendo eso en cuenta es genial el trabajo que ha hecho Guillermo del toro
con los actores. Ivana Baquero, la niña que da vida a Ofelia, hace un papel
estupendo, quizás no sea la nueva superniña prodigio, pero es convincente y
consigue trasladar su mirada a la del espectador. Pero cuando empezamos a
citar los nombres gordos del reparto, estamos ante cosa fina. Sergi Lopez es
un hijo de puta con todas las letras, acojona con su sola presencia, y
teniendo entre manos un malo que podría haber sido el típico "de opereta",
que tanto gusta citar a los críticos, consigue hacer un personaje con muchos
matices y detalles (todos malos, claro está) y en el que aunque a penas se
hable de su pasado sabemos que lleva un duro lastre interior en la figura de
su difunto padre. Maribel Verdú, Mercedes, con un acento de pueblerina
cojonudo, hace un papelón tremendo y su personajes será vital para Ofelia,
al igual que para los acontecimientos que sucedan entre Vidal y los
milicianos. Otro tanto de lo mismo para Alex Angulo, que está sobrio de
narices, metido hasta el tuétano y que tiene un momento tremendo en la
película, donde pone a Vidal en su sitio y te suelta la lagrimilla. Están
impresionantes, y otros como Ariadna Gil, dando vida a la madre, aunque no
tan genial, conseguirá gustar incluso a esos que siempre dicen que no es
buena actriz.
.gif)
Ofelia ante el libro que le guiará por el mundo del Fauno.
Hay muchas referencias en la película, la citada de Alicia es la más
evidente porque son historias casi calcadas en cuanto a la sucesión de
acontecimientos, pero con el añadido de la ambientación en la dictadura. El
fauno es su conejo de la suerte y sus pruebas, una versión un tanto gore
(hay un sapo que suelta una flema que sería la envidia de cualquier abuelo
español) de las de Alicia.
La peli tiene ritmo, te mantiene pegado a la butaca, acojona cuando lo
pretende y emociona del mismo modo. Hay cantidad de detalles y matices en
pantalla que Del Toro maneja como un maestro. La mayor pega que se le puede
sacar puede que sea que en algunos momentos puntuales se podría haber
reducido metraje, no tanto porque resulte larga, sino porque son breves
escenas en las que no hay quizás cosas demasiado importantes para la trama o
ya se han mostrado antes.
Pero es sin duda su mejor peli, la que posiblemente llegue de igual modo a
un público más amplio y desde luego se merece todos los elogios que le echen
encima, ya no porque la peli sea genial, que lo es, sin porque este hombre
lleva años haciendo del género fantástico un género (como muchos otros) que
debería dejar de ser de segunda a la hora de reconocerlos o premiarlos.
Porque en el fondo una peli no es más peli porque contenga realismo a
raudales o se centre en temas serios de narices, sino por cómo cuenta lo que
cuenta y por cómo emociona al que lo ve.
Si el Oscar al final va para México, deberemos sentir envidia sana por ellos
y cierto resquemor por el hecho de que nuestra academia se olvide de varias
buenas pelis, en favor, a veces, de los de siempre, de quienes ya tienen el
prestigio sobrado y sobado, y en definitiva, de quienes no necesitan que
siempre se les de la palmadita en la espalda, porque ya se les han dado
muchas.
Nota:
    8,5
Javier Ruiz de Arcaute. |