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A menudo se estrenan en
los cines comedias ligeras con buenas intenciones venidas de los USA. Por lo
general la mayoría suelen ser muy mediocres y algunas veces ni eso. No era
raro por tanto que una peli con similares pretensiones como ésta no
estuviese entre mis futuribles a la hora de ir al cine. Pero la he visto y
lo cierto es que no está mal la peli.
Lo que diferencia El Diablo Viste de Prada de esas otras películas a
las que me refería, es precisamente, que a parte de la moraleja principal,
que la tiene y es evidente, es que supone un repaso de arriba a abajo del
día a día de una revista de moda de primera línea. No en vano la película
está basada en un libro inspirado a su vez en la revista Vogue y su
directora, una arpía insoportable y snob capaz de pisotear a todos los que
la rodean con tal de mantener su poder y su superioridad sobre el resto de
los mortales.
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"¿Karl Lagerfeld? Es el del bastón y la coleta, ¿no?"
Queda claro en la película que la moda es una industria que sobrepasa las
pasarelas, que es mucho más que un negocio para las clases altas y el
famoseo, aunque estos sean el principal escaparate. Brillante es el momento
en el que Meryl Streep, dando un repaso a su nueva empleada, Anne Hathaway,
te hace un recorrido de toda la industria desde el diseñador hasta el
consumidor de a pie más humilde y desentendido en el tema. Nada escapa a la
moda y tampoco la protagonista.
Aún así el argumento se centra en el personaje de Hathaway, Andrea, que poco
a poco va mejorando y va adquiriendo tablas desde que saltase a la fama con
esas infames comedias de Princesa por Sorpresa. Ella da vida a una
chica normal, con una feliz relación de pareja y con la ilusión de llegar a
ser periodista en un diario de prestigio. Mandando currículos de un lado a
otro la muchacha consigue el empleo de segunda ayudante de la directora de
la revista Runway, el magazine de moda más influyente del mundo. Su
preparación es nula para el trabajo, nada tiene que ver con el periodismo, y
de hecho consiste en ser la secretaria personal/esclava de esa pedazo de
bruja de hielo que es Miranda Priestley (Streep). Lo que inicialmente se
toma como un trabajo temporal y que le puede abrir puertas termina por
acaparar su vida con las previsibles consecuencias: su vida personal se
resiente, acepta humillaciones como parte de su trabajo, se ve obligada a
convertirse en otra delgada y estilosa maniquí de la empresa y además acaba
por menospreciar su trabajo soñado, aquel por el que había entrado en la
revista.
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"A partir de ahora eres mi perra, arrodíllate ante mí."
Nada nuevo en ese aspecto, pero al menos está bien contado, bien
desarrollado, tiene escenas divertidas y para el público femenino, será un
disfrute total ver a la protagonista lucir los modelos más "cool" del mundo
de la moda. Y es que al final la película se rinde al discurso de su
insoportable antagonista, nada escapa a la moda, y a pesar de criticar la
frivolidad de ese mundo, el zorrerío que se vive en él, las torturas físicas
(no comer, la más obvia) y psicológicas que genera en sus empleados, y de la
premisa de "trabaja para vivir, no vivas para trabajar", la peli es una
pasarela en celuloide y sus modelitos lo más comentado a la salida del cine.
Sin ser excesivamente original, la peli es un genial repaso a la industria
de la moda y además está Meryl Streep, inmensa, como siempre. Sólo por eso
merece la pena.
Nota:
  6
Javier Ruiz de Arcaute. |