|
Después de todo el bombo que se le ha dado, de una excelente campaña por
Internet y del rotundo éxito de taquilla, crítica y público que ha tenido en
USA, debo admitir que tenía muchas ganas de ver esta peli. Me esperaba algo
original y muy divertido y en cierto modo es así. Pero también es verdad que
a mi entender la crítica se ha corrido en exceso con una película que si la
hubiesen firmado gente como los hermanos Farrelly o Santiago Segura hubiese
recibido palos por todos lados.
Con ello no quiero decir que Borat no sea divertida, desde luego que hace
gracia, al menos a mí me la hace, que tengo una sensibilidad considerable al
humor de sal gorda y se hace en condiciones y en este caso es así. ¿Por qué?
Porque el simple hecho de hacer la peli a modo de falso documental permite
que los gags sean mucho más espontáneos, frescos y divertidos ya que el
guión no va mucho más allá de la gamberrada inicial, a partir de ahí tanto
la reacción de la gente que sale en la peli (salvo unos pocos actores) como
las conversaciones en que derivan esas estupideces son totalmente
improvisadas.
Se nota que hay realidad (y que miedo me da) en esa reunión de forofos
exaltados de cristo que corren y chillan por un centro de convenciones, lo
mismo con los tres tarugos universitarios de la autocaravana o con la
familia que invita a cenar a nuestro prota a su casa. En cambio, los
actores, aunque pocos, también se nota que lo son, pero son necesarios para
crear al propio personaje y dar viabilidad a alguna de las chorradas del
mismo.
Hay algunos momentos que realmente dan fe del ciertos aspectos de la
sociedad americana que dan bastante canguelo, como la citada reunión de
fanáticos religiosos, los universitarios machistas, la charla con el
abuelete vaquero ultrafacha, el cómo nadie se niega a venderle un coche o un
arma con todas las sandeces que suelta hasta que insolvente, o la
condescendencia e ignorancia con la que la familia que le invita a cenar le
trata al principio en plan "pobre hombre tercermundista" (hasta que se pasa
de la raya).
.gif)
Borat en Kazajstán.
Pero eso sólo es una parte de la película, muchas otras simplemente son
actos de provocación pura y dura, a ver hasta donde aguanta la gente y cómo
ésta reacciona a la imagen, totalmente exagerada y extrema que este tipo da
de la gente de kazajstán. Que una cosa es que en ese país las cosas estén de
culo y otra que no sepan diferenciar un váter de un lavabo, que se pongan a
cagar en un jardín o que un violador campe a sus anchas por su pueblo como
uno más. Son cosas que evidentemente tampoco hay que tomárselas a la
tremenda, pero se entiende perfectamente que no todo el mundo se parta de
risa con ellas. A mí, estas partes me hacen gracia según en qué casos, son
como ver una de las primeras pelis de los Farrelly pero a lo bestia, cuando
funcionan genial (la historia del puño de goma y la comprensión de su
significado) y cuando se repiten o son cosas ya vistas, pues no tanta (la
torpeza en el anticuario al más puro estilo Pepe Viyuela o lo de la gallina
en el metro). Aunque de esta parte también sale el mejor momento de la peli,
que es cuando se produce la impagable pelea entre Borat y su productor por
el "mal uso" de una revista a lo largo de un hotel. Lo más zafio y grotesco
que he visto en un cine (aún no he visto alguna de esas escenas de Pasolini
con un eunuco zampando truños, y sinceramente paso), pero sólo por eso
merece la pena ver la peli.
.gif)
Borat recorre los EEUIA con su productor.
Es una película que creo que se ha sobrevalorado de una forma tremenda,
seguramente por el formato elegido para hacerla, que hace que la provocación
y los gags sean mucho más eficaces al ser sus víctimas gente de la calle que
no se espera por dónde le va a salir el personaje. Y además ese halo
"alternativo" del falso documental provoca erecciones a muchos culturetas.
Pero tampoco se le puede quitar el mérito de lograr lo que pretende y de no
abusar en su duración. Hora y media escasa donde uno se ríe casi de forma
continua.
Nota:
  6
Javier Ruiz de Arcaute. |