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Adaptada con bastante
libertad de la novela homónima escrita por Christopher Priest, escrita en
1995, The Prestige es simple y llanamente, otra exhibición más de
Christopher Nolan. No descubrimos Roma si decimos que este tipo es un crack,
pero el caso es que lleva ya cuatro películas seguidas fiel a un estilo
personal que ha ido puliendo cada vez más y que llega a puntos álgidos con
esta película, que se deja de truquitos vacíos con giro sorpresa final para
contarnos una historia de primer orden, compleja, que mete una cantidad
enorme de temas (quizá demasiados y con calzador) y que está interpretada a
la perfección por Christian Bale y, sobre todo, por un sensacional Hugh
Jackman, que por fin consigue el papel que lleva años pidiendo.
Resumiendo la trama:
The Prestige es la historia de la rivalidad entre dos magos en la
Inglaterra de
finales del XIX, cuando
la Revolución
Industrial
permite acercar la electricidad a todos los hogares, y una era en la que la
ciencia aplicada está a punto de insertarse definitivamente en la vida
cotidiana. Son los últimos años de la magia y la ilusión y,
paradójicamente, su canto del cisne, en el momento en el que los adelantos
científicos se emplean para mejorar las ilusiones con resultados asombrosos.
Nada más empezar el film, el ilusionista Alfred Borden (Christian Bale) está
siendo juzgado por el asesinato de su rival, archienemigo y antiguo colega
Rupert Angier (Hugh Jackman), ahogado durante la representación de la
ilusión que les ha llevado a ambos a extremos de obsesión sin límites: El
Hombre Teletransportado. A partir de ahí, los 120 minutos restantes se
componen de escenas sin ningún tipo de continuidad temporal, saltando de
forma aparentemente arbitraria de un punto a otro de la historia, pero
encajando de tal manera antes de los créditos finales que a) nos hemos
enterado perfectamente de lo que ha sucedido y b) este efecto se emplea para
resaltar puntos esenciales de la trama, a diferencia de Iñárritu, que ha
convertido esta forma de narrar en su “marca de fábrica” y que sólo consigue
aturdir al espectador.
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"¿Que te crees mejor que yo?"
No se si organizar
las historias de esta manera es algo que a Nolan (y a su hermano Jonathan,
coautor de la adaptación) les sale de forma natural. Incluso en Insomnio,
que es su film que más “tira pa’ alante”, un aspecto clave como es el de la
inocencia el personaje de Pacino es explicado con pequeños planos insertados
en mitad de la película, cambiando nuestra opinión sobre Will Dormer a lo
largo del film. Aquí sucede lo mismo, pero siempre con una cosa en mente: el
espectador ata los cabos, pero tiene que saber por dónde empezar. En The
Prestige, en el momento en el que un personaje clave como Nikola Tesla
(David Bowie, sorprendentemente contenido) aparece en pantalla, contamos con
pequeñas informaciones sobre quién es y a qué se dedica, pero son
extremadamente útiles de cara a una escena que tendrá lugar media hora
después. La verdad sea dicha, es cuestión de organización: establecer un
guión normal y corriente y luego decidir cuál será el orden más efectivo
para colocar las escenas. Sin contenido, el truco se desvanece, y eso es en
lo que The Prestige se diferencia de otras películas con pretensiones
de juego mental. Hay chicha.
La hay porque la
rivalidad entre los dos ilusionistas tiene múltiples niveles: no es solo una
cuestión personal. Es una rivalidad de clases, entre la educación ilustrada
de Angier y la sabiduría callejera de Borden; es además una rivalidad entre
el concepto de éxito que tiene cada uno, en la forma de comprender la magia,
en conseguir el aprecio del público o en conseguir el aprecio de uno mismo y
en el sufrimiento que se alcanza para conseguir el éxito en la profesión: lo
que realmente hace falta para ser el mejor.
No se destripará
ningún punto aquí, pero el concepto de dualidad es esencial. El último acto
del film es el más complicado de todos, y es el más directo, pero también
puede parecer el más absurdo. Angier y Borden compiten cada uno a su manera
con un truco que es reflejo de sus experiencias personales: El Hombre
Transportado presenta a ambos desplazándose, sin explicación alguna de un
punto a otro de una habitación casi al mismo tiempo. Si El Ilusionista
(una película cojonuda, pero mucho menos ambiciosa) presenta una magia
digamos, artística, The Prestige ofrece trucos mucho más físicos. La
ciencia ocupa una parte fundamental en este film y durante su media hora
final, es una protagonista más de la película y con El Hombre Transportado,
casi entra en la ciencia ficción y es por eso por lo que el film nos
sorprende, porque va mucho más allá de la ilusión y entra en el terreno de
lo prácticamente imposible.
El reparto masculino
es perfecto. Christian Bale se siente muy cómodo con Nolan, y su personaje
es prácticamente una repetición de su Bruce Wayne: confiado, bullanguero,
atrevido y consciente del talento natural que tiene en este oficio. Es
complicado profundizar mucho en un personaje así: no hay mucho más por
debajo, por eso es Jackman el verdadero fuera de serie, como “el segundón”.
Es el que de verdad realiza el viaje emocional en el film, desde sereno y
educado aprendiz de mago, hasta chiflado obsesivo torturado en busca del
número 1. No es que sea una transformación radical, es el mismo Jackman de
siempre, pero con un traje cortado a su medida cada gesto, movimiento, y
forma de hablar cobran nueva fuerza. Michael Caine, en lo que parece una
colaboración más que otra cosa, se limita a ejercer de equilibrio moral en
la historia. Scarlett Johansson interpreta a la ayudante de Angier y agente
infiltrada en las filas de Borden y sufre porque simplemente está ahí para
ponérsela pinocho a los personajes (mucho mejor es verla en Una Canción
del Pasado, por ejemplo, donde se dedica a interpretar más que a
lucir…esas pedazo de tetazas que el Señor le ha dado, ya lo he dicho). Mucho
mejor está Rebeca Hall (una recién llegada al cine, pero con experiencia
teatral, que se nota y mucho) como la esposa de Borden. También anda por ahí
Andy Serkis, y Ricky Jay (mago profesional e intérprete de algunos films de
Mamet).
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¡David Bowie!
Total: que es muy
buena. Que es otro golpe en la mesa de Nolan, que aspira a convertirse en el
mejor realizador de su generación. Queda siempre el problema de que su guión
es tan preciso, tan cronometrado, que muchas escenas no parecen naturales y
solo parecen engranajes para insertar dentro de la trama, pero no importa
mucho. The Prestige no va a daros gato por liebre ni va a hacer trampas,
sólo va a mostraros lo que hay, pero hay mucho que ver, y dejad de hacer
manitas con la novia, porque tendréis que estar muy atentos.
LO
MEJOR:
- Guión. Montaje.
Jackman.
LO PEOR:
- Algunas escenas son
muy funcionales. Están para rellenar agujeros (que otros, dicho sea de paso,
ni se molestarían en tapar).
Nota:    8
Rafael Martín. |