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A+ es una película que cuenta tres
historias totalmente distintas que se enmarcan en un festival de música que
da nombre al título. Estas historias son Terminal, Sidecar y
Luna.
La primera de ellas nos cuenta como Ace y Mar
(Eloy Azorín y Elvira Herrería) se meten en un lío de drogas al endeudarse
con Leo (José Coronado) para realizar un negocio, todo se tuerce y acabarán
yendo al festival a intentar colocar los dos kilos de cocaína que han
comprado y así intentar salvarse.
Sidecar nos cuenta como dos amigos,
Pau (Eloi Yebra) y Gus (Fernando Ramallo), quedan con un tipo al que casi no
conocen, Ton (Carlos Fuentes), para ir los tres al festival de música. Pero
cuando llega Ton, con el vehículo que había prometido, resulta ser un
sidecar. El viaje que deberán realizar hasta llegar al festival está lleno
de anécdotas y situaciones absurdas pero a la vez muy corrientes.
Por último Luna, cuenta la historia
de... eso, de Luna (Misia) una chica más rara que un perro verde a la que le
gusta que la dejen en paz y cuyo único confidente es su cámara de video
digital donde graba todos sus pensamientos (si se les puede llamar así). Su
padre (Ricardo Moya) la llevará a un festival de música para intentar
intimar más con ella.
La idea de la película es atrevida, contar
tres historias, en formato digital, casi como en un documental o una
grabación casera, sin que tengan nada que ver, y enmarcarlas en un mismo
entorno, el festival A+. El problema de una película como esta, en la que se
arriesga mucho en el estilo y en la que no hay un único argumento, es que
puede resultar demasiado rara o experimental. No es como en Pulp Fiction,
donde lo que hay son personajes que se entrecruzan pero siempre con
argumentos similares, aquí no acabas de conectar con ninguna de las
tres historias, y es que generalmente, un espectador, cuando va al cine
quiere ver un tipo de historia determinada, según su ánimo o lo que sea. Hay
días en los que quieres una de acción, otros quieres una comedia y otros
quieres un drama, pero no las tres cosas por separado pero empaquetadas en
una misma película, y más aún cuando no están concebidas de un modo
corriente sino que es una especie de ficción-documental-experimental. Al
final todo es un popurrí de difícil digestión.
Analizando cada historia por separado,
Sidecar es la que más puede agradar al espectador por su tono de
comedia. Terminal es una mezcla entre thriller y romance que se
sostiene pero que ya empieza a tener un punto atípico. Luna es
totalmente absurda, rara y sin sentido (o al menos yo no se lo veo),
empezando por el personaje central.
La película se aguanta sobre todo por el buen
hacer de todos los actores, a pesar de que tienen muy poco diálogo y muchas
veces solo vemos imágenes y música. Destaca Elvira Herrería, una actriz
primeriza que sin embargo demuestra que vale para esto. Misia, que también
es nueva en el cine, tiene un personaje tan raro que uno no sabe que pensar,
sobre todo porque casi todos sus textos son en off, una narración de sus
pensamientos, o más bien locuras, y es como si no estuviera porque está en
su mundo.
La música también juega un papel importante,
no deja de sonar durante toda la película y puede llegar a resultar algo
pesada, pero esa era la intención del director, no hacer una banda sonora al
uso, sino crear uno de esos ambientes en los que tienes la música pegada a
la oreja ya sea por el walkman del tío de al lado, por el hilo musical de un
ascensor o por el coche macarra que pasa por tu calle atronando al
vecindario. Al menos en la peli la selección es buena.
El resultado final es una rareza que o te
gusta y convence desde el comienzo o puede resultar muy muy pesada. Uno no
sabe muy bien si se pretende contar algo o si todas estas historias son una
base para poder experimentar con la cámara y el montaje.
Nota:

3
Javier Ruiz de Arcaute. |